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ESPEJOS PARA LA BASE / MIGUEL VELASCO 'MIGUELÓN'

Un quesero entre leones

Como jugador ayudó a escribir las primeras líneas de la historia del VRAC, club con el que conquistó dos Copas del Rey y una Liga / Trabaja con la selección española sub 20 y absoluta

GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
13/06/2018

 

La historia necesita héroes que moldeen hazañas y escribas que las conviertan en eternas. En ambos casos, se encargan desde su posición de escribir magníficas epopeyas. La tinta que sale de la sangre de Miguel Velasco ‘Miguelón’ es de color azul y ha servido para encadenar momentos como para redactar un monólogo que dentro de unos años estudiará en los pupitres del oval.

La biografía de Miguelón se podría condensar en una sola palabra: fidelidad. Así fue desde el encabezado del primer capítulo, un epígrafe que comenzó a escribirse cuando tenía diez años. «Estudiaba en el Lourdes, empecé con Calle -que seguimos siendo amigos- y soy sobrino de Fonfo Lasheras - en Sardón eso de jugar el rugby iba en la sangre-», explica. La fórmula fue perfecta para hacer que el niño se hiciera hombre a la sombra de los tres palos.

Las fincas del Lourdes fueron un vergel del que floreció una generación que decidió ser fiel a su colegio y hacer un club de cantera cuando el viento llevaba los cantos de sirena del CDU. «Todo el mundo se fue, menos 7 u 8 sénior. Recuerdo hacer una votación con los amigos y decidimos quedarnos para intentar crecer como club en el colegio. Veías cómo el otro era un equipo muy bueno, pero nos educaron bien y nos hicieron un poco fanáticos», bromea Miguelón. Esa generación meció al VRAC con un equipo de jugadores con DO hasta la División de Honor, donde empezó a tejerse un historial de victorias, muchas de ellas inolvidables. La primera, en casa de la Santboiana.

El camino de las victorias llevó hasta las orillas del primer título de la historia del Quesos. 1998 y 36-16 fueron los números de una final de laCopa celebrada en Pepe Rojo con el Canoe como víctima invitada. «Fue una pasada. Había un ambientazo impresionante. Nuestra filosofía había calado y mucha gente se sentía reflejada en nosotros. Recuerdo una foto antes de la final en la que estamos todos los amigos abrazados, con unas caras de tensión tremendas, sabiendo que si ganábamos, hacíamos grande al VRAC», recuerda.

Con dos ligas más en su currículum, Miguelón decidió cambiar su rol sobre el césped con la única espina clavada de no ganar la Copa Ibérica. Del terreno de juego a la zona técnica, donde cogió las riendas del VRAC durante ocho años. «Empecé a entrenar chavales con 16 años. Cuando me pongo en serio, el Canas lo deja y me dicen que si quiero entrenar. Yo soy hombre de club y si me tocaba entrenar... entrenaba. Además me sentía ya lento en el campo», reconoce el jugador que se despidió como MVP de la última final de Copa que jugó: «retirarse de esa forma es un gusto». Con él en el timón quesero llegó una nueva Copa del Rey (ante La Vila) y el primer título (la Supercopa) ante el eterno rival. «Cuando eres entrenador la quieres ganar por todos los chicos. Como jugador era una felicidad más libre y como entrenador una liberación», por la presión.

La directiva decide no seguir confiando en Miguelón para el banquillo y él decide probar suerte en Palencia, un breve affaire de un año antes de volver en 2011 a su hogar como director técnico del VRAC, donde los títulos no dejaron de caer como las manzanas maduras de un árbol.

Fue entonces cuando recibió la llamada de la selección española, un campo que había pisado de puntillas como jugador: «Yo era internacional cuando los buenos no iban. Había una ‘B’ en la que entrenaba. Creo que he sido un buen jugador de club, pero no me considero internacional», admite, a pesar de que con la selección Seven jugó dos giras por Sudamérica. Tal vez por ese motivo la llamada de España le hizo «más ilusión como entrenador que como jugador». Subcampeón de Europa con la sub 18 en Polonia y subcampeón del Thropy en el Mundial de Zimbabue después de perder la final en la prórroga ante Samoa con la sub 20, con la que ha llegado a las dos últimas finales europeas, son sólo algunas de los territorios conquistados por el histórico quesero. Y es que los éxitos son más rápidos que Miguelón y siempre le acaban alcanzando.

Mientras trabajaba con los cachorros el vallisoletano dio el salto al XV del León como mano derecha de Santi Santos, formando la sala de máquinas de una selección que se quedó a un polémico y agrio paso de hacer historia y meterse en el Mundial. «Para mí ha sido una experiencia impresionante por representar a mi país y por lo que he aprendido. «Mi sueño era ir a un Mundial y me he quedado sin él hace un mes. He tenido semanas sin ver rugby, pero como dice Valdano el rugby es la cosa más importante de las menos importantes... y yo no pierdo la esperanza de poder ir», reconoce el técnico, que ve a España con mimbres para poder hacer historia en el terreno continental y mundial... como él ya la hizo en Pepe Rojo.

 

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