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BALONMANO

La nueva vida de Fernando

Sin perder la esperanza de volver a jugar, la leyenda vallisoletana de 45 años se ha lanzado a forjarse como entrenador en tres áreas muy diferentes: el equipo de la cárcel, la selección autonómica juvenil femenina y dos equipos benjamines

GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
07/11/2018

 

Los viejos rockeros nunca mueren, de Miguel Ríos, y el Rock de la cárcel, de Elvis podrían servir en bandeja la banda sonora de la nueva vida de Fernando Hernández. La lesión sufrida en abril del pasado año contra el Teucro se ha convertido en un manto de espinas por el que pisa cada día el histórico jugador, que no da por perdida la esperanza de volver a las pistas. Su retorno se viste con interrogantes (con una operación en el horizonte y 45 años en el DNI) y ante este escenario, el jugador ha querido coger el guión para reescribirlo y que no quede ninguna página en blanco. El punto muerto no existe en el motor del campeón del Mundo, que ha tenido que buscar alternativas compatibles con su lesión que le permitan seguir ligado al mundo del balonmano, su mundo.

«La verdad es que mi idea era seguir jugando. Me encontraba bien físicamente, pero la lesión coincidió con el cierre de la empresa familiar en la que trabajaba. Al estar parado y en recuperación, me ofrecieron la posibilidad de entrenar para seguir vinculado al balonmano y no me lo pensé», confiesa Fernando Hernández. Así, a la vida de Fernando Hernández le crecieron tres nuevas ramas: el centro penitenciario de Villanubla, la selección juvenil femenina de Castilla y León y los equipos de base del Club Deportivo La Victoria, tres cimientos para edificar su nueva vida como entrenador.

Mientras que miles de personas sueñan diariamente con dejar atrás los muros de la cárcel, Fernando Hernández cruza todos los días la puerta de entrada con una sonrisa en la cara. Cuando pasa los controles y la puerta se cierra, él es el jefe; el hombre al que todos escuchan y atienden. Su leyenda no es desconocida para el equipo de balonmano del Centro Penitenciario de Villanubla, donde el entrenador se ha encontrado un atractivo reto en su camino. «Al principio no sabía qué me iba a encontrar, te da un poco de respeto. Cuando jugaba, subí al centro penitenciario a jugar un par de veces, a dar charlas y a intentar llevar allí el balonmano y conocía el trabajo que se hacía», reconoce.

El jugador se ha metido entre rejas para coger la herencia de un proyecto que nació hace años y que ha recaído en la acción social del Atlético Valladolid. Lo hace con la ilusión de permitir a los reos evadirse mentalmente de su día a día en prisión, como Cane, Stallone y Pelé en Evasión o victoria. Los valores del deporte pueden trazar una ruta hacia la reinserción y esa es una victoria sin marcador que tiene Fernando Hernández en sus manos: «Es una actividad que trata que estas personas se reinserten en la sociedad. Cada uno ha tenido sus circunstancias, pero el balonmano da unos medios de conducta con los que todos ganan», entiende.

El entrenador del equipo de balonmano de Villanubla no pone etiquetas a sus jugadores, a los que trata igual que a sus chicas de la selección o a sus benjamines de la Victoria: «No hay ninguna diferencia con entrenar, por ejemplo, a juveniles. No miramos las condenas. No las he preguntado y tampoco me interesa. Hay un respeto mutuo», asegura. Lo que Fernando Hernández se ha encontrado dentro de los muros del centro penitenciario ha superado sus expectativas; el medallista olímpico pensaba que sus jugadores se sumaban a la actividad que dirige como una mera válvula de escape, sin embargo se ha encontrado con una implicación digna de un equipo Asobal: «Yo pensaba que irían por ser una forma de salir y desconectar, pero vienen concentrados a cada entrenamiento (que se celebra dos días por semana)», asegura.

Las longitud de las condenas pueden hacen que el equipo tenga las puertas del vestuario continuamente abiertas, una peculiaridad que se ha encontrado Fernando Hernández en esta aventura con un equipo que siempre juega de local en la categoría provincial. El patio del centro penitenciario tiene cada semana una cita con el balonmano y cada vez son más los compañeros que se acercan al terreno de juego esperando ver la primera victoria del equipo del presidio. La evolución en un grupo formado por jugadores de diferentes niveles es cada día más palpable. Los internos han encontrado un plus de motivación en la presencia del jugador vallisoletano en el banquillo.

Tener como ‘jefe’ a un hombre que ha ganado todo lo ganable es un soplo de aire fresco para los presos: «Para ellos, que un jugador con mi trayectoria esté ayudándoles les hace ir a jugar con mucha ilusión», confiesa. A todos ellos les marca con «el sello Valladolid. Luchar, no dar un balón por perdido, tratar de divertirse, estar activos... que es como siempre me ha gustado a mí jugar». Un estilo aprendido de los mejores entrenadores que Fernando Hernández ha moldeado hasta hacerlo propio en su faceta de entrenador.
El ‘modelo Fernando’ también se ha importado a la selección juvenil femenina de la Federación de Castilla y León. Entrenar a chicas era un desafío que se escribía con letras mayúsculas para el jugador: «El reto es grande. No conocía el balonmano femenino en la base y suponía cambiar el chip. Cuando Iñaki Malumbres me propuso la posibilidad, la verdad es que me lo pensé un poco, pero es un reto interesante y no podía dejar pasar la oportunidad», confiesa.

Fernando Hernández se ha encontrado en el combinado autonómico un aula de alumnas aplicadas. «Me ha sorprendido que no ponen ni una mala cara cuando se les pide algo. Van a tope. Está siendo muy fácil. Todos los conceptos los asimilan más rápido que los chicos, que son más individualistas. Tienen esa sensación de conjunto», relata.

Para el entrenador, la rama de la selección de Castilla y León significa dar una pincelada competitiva a su nueva vida, algo que no se exige ni en Villanubla ni con los equipos de base de la Victoria. En el horizonte, el Campeonato de España de Selecciones Autonómicas con el que se descorchará en Valladolid el año 2019.
El exinternacional admite que entrenar es una baza que siempre ha guardado en su mano (hace tres años sacó el título de entrenador nacional): «Era una opción más para intentar devolver a este deporte un poco de todo lo que me ha dado». Un retorno que también recibe el futuro de su deporte. El Club Deportivo La Victoria ha puesto sobre los planos la construcción de una cantera de jugadores en el barrio al que da nombre, un proyecto de obra en el que Fernando Hernández no dudado en ser arquitecto.

Con la experiencia con la base ganada durante su etapa en Badajoz como tarjeta de presentación, el jugador abre la puerta del 40x20 a La Victoria. Lo hace enrolado en los equipos benjamines del Íñigo de Toro y del San Francisco de Asís, donde el club presidido por Óscar Herrero ha puesto sus primeras picas en el balonmano. Los alumnos de estos colegios tienen al salir de clase una cita con otro maestro, que tiene un bonito reto entre las manos: «Son sus inicios, sus primeros pasos en el balonmano. Acaban de empezar y enseñarles las reglas, formarles como jugadores y ver su evolución también tiene su gracia», asegura el entrenador que afronta la aventura de intentar conseguir que el deporte que le vio convertirse en medallista olímpico corra por el barrio como él sobre el parqué.

 

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