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ESPEJOS PARA LA BASE / SAMUEL PUENTE

La navaja suiza del aro

Uno de los históricos que más temporadas ha vestido la camiseta del CB Valladolid dedicó 35 años al club de sus amores como jugador, entrenador, presidente y director de la cantera

GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
20/06/2018

 

Samuel Puente debió ser en otra vida una navaja suiza, una herramienta indispensable capaz de hacerse útil en cualquier situación y siempre lista para trabajar duro si la ocasión lo requiere. Un camaleón en el hábitat del CB baloncesto que fue capaz de escribir historia sobre el parqué, compartir conocimientos en los banquillos, ocupar si se necesitaba el sillón presidencial o guiar los pasos de la cantera.

Uno de los jugadores que más temporadas ha vestido la casaca morada del CB Valladolid en el primer equipo quedó atrapado en las arenas movedizas del baloncesto después de ser empujado por sus amigos del barrio en su Madrid natal. A pesar de empezar tarde (14 años) su altura (1,88) le convertía en un caramelo para el Canoe, que le llamó a filas. Dos años después hacía historia al colgarse en Italia la primera medalla de plata de España en un torneo internacional, el Europeo júnior, tras perder en la final contra la Unión Soviética de Tkachenko.

Apenas llevaba tres años jugando al baloncesto y el Real Madrid ya llamó a su puerta. Tras figurar como júnior de manera casi testimonial en la Copa y la Liga conseguidas por los blancos en 1975 recalaba en Valladolid con 17 años. Un viaje de ida y vuelta que sirvió para encontrar un hogar: «Aquí encontré un club que me trató muy bien y una ciudad que me gustó por la cercanía de la gente», recuerda. Sin embargo, el talento de Samuel Puente no pasaba desapercibido en la nave nodriza, que le volvió a llamar a filas. Entró en las rotaciones madridistas hasta que una lesión de rodilla se convirtió en una dolorosa bendición. «El Real Madrid quería que saliera cedido. Tenía ofertas de equipos grandes, pero querían que jugara en ACB en un equipo filial que tenían. Yo les dije que para jugar a ese nivel prefería ir a Valladolid».

Con dos Copas Intercontinentales y una Euroliga bajo el brazo, la corriente le devolvió a orillas del Pisuerga, donde dejó su firma durante 14 temporadas. Un largo viaje que llegó hasta la Primera División (actual ACB) en el año de su retorno. El alero se convirtió en una de las estrellas del baloncesto español, llegando a proclamarse mejor anotador nacional. En su baúl, una marea de buenos recuerdos: «Por suerte no hay un solo momento. Me quedo con los tres últimos años de Huerta del Rey. Fueron lo más bonito, conseguimos la mejor clasificación de la historia del club: una cuarta plaza con Mario Pesquera de entrenador y con Walter Jordan, que para mí es el mejor extranjero que ha tenido el club después de Sabonis. Huerta del Rey se llenaba, era una fiesta continua», recuerda.

Toda fiesta tiene su canción lenta que avisa de que la música se va a apagar. La de Puente estuvo en León, donde colgó las botas como se cortan la coleta los buenos toreros: cortando dos orejas y un rabo, consiguiendo un ascenso histórico con León. Un affaire de un año antes de volver a ser fiel al morado, un color por el que ha apostado durante 35 años, a pesar de los cantos de sirena. «Uno no está 14 años aquí si no hay algo más que deporte. Yo he tenido ofertas de más del doble de lo que cobraba, pero eso no era lo único. Aquí yo era feliz», explica. Se despidió de la cancha con una única asignatura pendiente: no haber formado parte de la selección española absoluta, en la que estuvo preseleccionado en dos ocasiones.

Antes, se puso el traje de entrenador. Unas ‘prácticas’ en las Jesuitinas acabaron con un jugador de ACB de 21 años dirigiendo al CDU femenino cuando el colegio se convirtió en filial del club universitario. «Lo que más me gustaba de entrenar era transmitir conocimientos a gente a la que quieres». Con Nieves Lobón a la cabeza esa generación consiguió dos campeonatos de España juvenil en los ocho años que Samuel Puente ocupó el banco. Su siguiente reto le llegó en el club de sus amores, el CB Valladolid, de la manera menos deseable: con la destitución de Javier Casero. Lo que se intuye como un sueño para muchos se convirtió en una pequeña pesadilla para el exjugador: «Lo que menos me ha gustado del baloncesto ha sido entrenar en ACB. Si las cosas salen bien es una obligación y si salen mal eres el responsable. No hay más caminos. Tal vez me llegó la oportunidad demasiado pronto», admite. Así, después de salvar al equipo el primer año fue destituido en el segundo. No volvió a coger las riendas de un equipo hasta que lo hizo acompañando a su hija con un infantil del Lourdes hace poco tiempo. Una experiencia mucho más agradable que la del banquillo de Pisuerga.

Puente dejó el banquillo, pero no el club. Ocupó de manera circunstancial el sillón presidencial en la 2002-2003, fue vicepresidente de la Fundación CB Valladolid durante muchos años y dirigió al equipo EBA. Sin embargo, de todos los palos de la baraja que ha tocado Samuel Puente, su baza favorita era la de director de la cantera. Con él en el cargo, el CB Valladolid consiguió proclamarse campeón de España Júnior con Roberto González tras la tablilla y Fernando San Emeterio brillando en la pista. Desde que dejara el club en 2010 su relación con el balón naranja no va más allá de ser embajador de la Copa Colegial. Sin embargo, no descarta otro desembarco bajo la canasta: «Volveré. No sé cuándo ni a que niveles. Lo importante es sentirte útil y apreciado», concluye.

 

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