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Canastas entre pupitres y trincheras

La competición sénior provincial, que comenzó con 30 licencias hace ocho décadas, sopla 80 velas con la disputa este fin de semana de la fase final / En los años 30 emergió gracias a la labor de colegios, instituciones y ejército

GUILLERMOSANZ VALLADOLID
15/05/2019

 

Cada canasta anotada es una palabra para escribir la historia del baloncesto. Da igual si se celebra en el patio de un colegio o sobre la bocina en el más grandes de los pabellones, todos los que ponen su firma son parte de la biografía de un deporte que hace más de 80 años comenzó a convertir un desierto en un vergel del aro, en el que la canasta se ha convertido en uno de los deportes favoritos. Tanto en la élite, donde el Fórum dejó sonrisas y lágrimas en su epitafio, como en el deporte de base y aficionado, donde este fin de semana se celebra el 80 cumpleaños de la competición sénior provincial.

Para encontrar las raíces del baloncesto en Valladolid hay que excavar en el tiempo hasta los años previos a la Guerra Civil. Mientras España se preparaba para su episodio más triste, una institución como el colegio Lourdes difundió entre sus alumnos la práctica deportiva; una oferta en la que se encontraba el baloncesto, como recogen las memorias de la época. Profesores como Ángel Silvelo o Manuel Ordax promovieron el deporte de la canasta durante las propias clases de educación física. Uno de los alumnos del colegio entre 1925 y 1936, Raimundo Arribas, recuerda cómo el patio del colegio contaba con una veintena de campos de baloncesto. Allí el ‘basket ball’ compartía protagonismo con pelota, zancos, comba y fútbol, los reyes del patio.

Con la cultura del deporte grabada a fuego no es de extrañar que el Lourdes se proclamara campeón de España de 1950 a 1953 de los Juegos Escolares Nacionales, un testigo que cogió años después otro de los colegios que mejor supo espolear al baloncesto: el San José, que se proclamó campeón nacional en 1956 y 1960.

Mientras elLourdes ponía su firma en la historia del baloncesto desde las aulas, el Régimen lo hacía desde las trincheras.En plena Guerra Civil se citaba, como rezaba un anuncio en los periódicos de la época, a «todas las camaradas que han dado sus nombres para practicar el ‘tennis’ y el ‘basket ball’» a presentarse en las desaparecidas piscinas Samoa donde el 10 de octubre tuvo lugar un festival deportivo benéfico organizado por la SecciónFemenina.

La instauración del Franquismo contribuyó a través de instituciones políticas como el Frente de Juventudes o la Sección Femenina o sociales, comoEducación y Descanso, a que en Valladolid hubiera competiciones de baloncesto desde 1939. Un año antes, un equipo de Valladolid de la OJE asistió a la Concentración de la España Liberada celebrada en Sevilla, donde consiguió el subcampeonato tras perder la final contra Badajoz.

El baloncesto vivió su primera juventud en la década de los 30; años en los que el equipo del Regimiento de San Quintín se proclamó subcampeón nacional militar o en los que el SEU vallisoletano femenino también dejaba a las pioneras de la canasta. En plena ebullición aparición la federación vallisoletano. Benito Sanz de la Rica, Vicente Arribas y Gerardo Montequi fundaron la Delegación provincial de Valladolid de la Federación Centro el 30 de septiembre de 1940.

Pocos años después, en enero de 1940, un grupo de universitarios se reunían en la sede de los Luises Kostkas para debatir sobre la cultura en general y sobre la divulgación del deporte de la canasta en la Universidad. El 3 de mayo del mismo año se enfrentaban la Organización Juvenil de Madrid y los Luises, con victoria madrileña por un apretado 19-18. A finales de año ya jugaban competiciones federadas.

Con la década de los 40 llamando a las puertas el baloncesto levantó el pie del acelerador en Valladolid. Una desaceleración marcada por la inexistencia de clubes, de recintos deportivos, de técnicos cualificados, además de por el acusado intervencionismo estatal o la escasez de recursos económicos. Sin embargo, las ganas de aprender sirvieron sobre el mantel de la historia las primeras ligas provinciales, descorchando un palmarés en el que comenzaron a escribir sus nombres el SEU, Real Valladolid, FJ Valladolid, Águilas FJ, Huracán o San Pedro Luises Kostkas.

Los problemas económicos empujaron, no obstante, a varios equipos a retirarse una vez empezada la competición. A pesar de ello, el baloncesto vallisoletano comenzó a asomar en las primeras ediciones de los Campeonatos de España-Copa del Generalísimo, en donde el papel era casi testimonial. Pasar rondas como hicieron el FJ Valladolid en la 43-44 o las Águilas un año después eran ya un hito a aplaudir en la prehistoria del baloncesto pucelano, una prometedora semilla que no encontraba demasiado campo para plantar. El Vivero del Paseo de Las Moreras, el Cuartel Onésimo Redondo, los patios de los colegios Lourdes y San José, la Fábrica de Armas, la Unidad de Ferrocarriles, el Cuartel de Intendencia y el Estadio Municipal José Zorrilla eran los únicos puntos de fuga por los que podía expandirse un deporte que vivió un crecimiento lento. De los 30 jugadores federados que había en Valladolid en la 39-40 se pasó a los 70 dos temporadas después. El próximo fin de semana, con motivo de las finales a 4 de las ligas sénior provincial femenina y masculina en el pabellón Infanta Juana de Zaratán la competición provincial celebra su 80 aniversario.

El Régimen y la Universidad se convertían en aquellos años en dos manos que alimentaban al deporte de la canasta en Valladolid. La ciudad fue, por ejemplo, sede de la VII Región Militar y, fruto de la preocupación castrense por la educación física y los deportes, llevó a cabo una serie de campeonatos deportivos, entre ellos de baloncesto. El Regimiento de Infantería nº 5 San Quintín, la Academia de Caballería, el Regimiento de Artillería nº 26 y el nº 27 de Medina del Campo abanderaron el baloncesto provincial. El desarrollo del basket habló acento foráneo en el campo militar gracias a que muchos de los soldados que realizaban el servicio militar procedían de regiones como Cataluña o Valencia, donde el baloncesto estaba mucho más desarrollado.

La Universidad de Valladolid también escribió su propio capítulo en los primeros pasos de la historia del baloncesto a orillas del Pisuerga. Desde los orígenes de los Juegos Universitarios Nacionales, la UVa estuvo presente tanto con sus equipos masculinos como femeninos. Los chicos del Sindicato Español Universitario de Valladolid jugaron incluso la final de la primera edición, celebrada en Madrid el 26 de abril de 1942.

 

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