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MIGUEL CUADRADO

Boxeo ‘Cum laude’

El púgil vallisoletano compagina su primer año concentrado con la selección en la Joaquín Blume con sus estudios en Ingeniería Mecánica / Es el único universitario del equipo nacional

GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
20/12/2017

 

El boxeo tiene tanto de arte como de ciencia. Un poco de física, un poco de química, una pizca de matemáticas y mucha biología son los ingredientes de la fórmula de éxito, una ecuación a la que ha dado respuesta el vallisoletano Miguel Cuadrado, nuevo inquilino de la Blume y único púgil universitario del equipo nacional.

‘Miguelón’ como es conocido dentro del mundo de la 16 cuerdas, comenzó a andar su camino hace ocho años. La ilusión es lo único que se mantiene de ese niño de 15 años que decidió probar en el boxeo (después de pasar por el baloncesto, la natación o el patinaje) ante el susto de su madre (un denominador común en la expresión de toda madre de boxeador). Hoy la metamorfosis se ha completado y de la crisálida ha salido un púgil con mayúsculas al que los nervios le comieron, literalmente, el estómago en su debut en el cuadrilátero. Hoy tiene a sus espaldas 74 combates, 23 de los cuales ganados por KO.

Los pasos dados por el vallisoletano han sido firmes.; tanto, que ha logrado poner sus dos pies en la selección nacional. Menos de un año ha necesitado Miguel Cuadrado para pasar de ser externo a un inquilino en el Centro de Alto Rendimiento, junto a los mejores boxeadores del país. «Es algo que llevaba buscando desde hace tiempo, porque sabía que era lo que necesitaba para proyectar mi carrera. Es el siguiente nivel, sin desmerecer a Domingo, que ha sido el que me ha formado -subraya-. En mi gimnasio éramos 3 ó 4 los boxeadores serios, casi no tenía sparrings... Aquí todos vamos al mismo objetivo y te hacen exprimirte al máximo. Para mí es un sueño hecho realidad, aunque hay días que no puedo ni con mi vida», bromea.

El día a día de Miguelón es una lucha constante, primero con los libros y luego en el cuadrilátero. El despertador del luchador pucelano toca diana al filo de las ocho de la mañana, turno para desayunar y estudiar un par de horas antes de ponerse el mono de trabajo y enfrentarse a una jornada de cuatro horas de entrenamiento. Tomar el camino sencillo no es un reto para Cuadrado, que ha preferido no dejar aparcados en el garaje sus estudios de Ingeniería Mecánica, una carrera universitaria que ahora realiza a distancia. «Considero que estudiar es algo que hay que hacer. Hay que hacerlo para ser persona, hay que formarse al nivel que sea. No hay que limitarse, hay que abrirse al mundo. No puedo encerrarme sólo en el boxeo», entiende.

Miguel Cuadrado ayuda a quitar los clavos a los estigmas que acompañan al boxeo, un deporte que le llena el depósito de gasolina y su primera marcha a la hora de arrancar cada mañana. «Da la casualidad de que me gusta esta carrera. Voy pasito a pasito, porque estoy viviendo mi sueño, pero el poco tiempo que tengo lo invierto en esto para seguir desarrollando mi cabeza», admite, al tiempo que asegura que el deporte es, a día de hoy, su prioridad: «Muchos deportistas te dicen que todo esto tiene un fin, pero la experiencia es un peine que te dan cuando ya estás calvo y todos los que nos dedicamos al deporte tenemos la mentalidad de que podemos vivir de esto. Yo quiero vivir del boxeo y me veo capaz de ello», reconoce.

Atrás quedaron ese primer año en el que compaginar las clases con los entrenamientos era como hacer encaje de bolillos con los ojos tapados. Ahora el ritmo lo marca él y, entre apunte y apunte aparece realzado entre la figura del skyline de Tokio; un destino marcado con rotulador rojo en sus sueños: «Tokio 2020 es el 95% de mis pensamientos... y me refiero a todos los ámbitos de mi vida. No veo vida más allá del 2020, en ser olímpico e ir a por ello. El sueño de mi vida está a tres años», afirma.

Los primeros cartuchos ya han dado en el blanco. En su currículum lucen ya dos medallas internacionales (una plata en el Boxam y otra presea plateada en el Golden Velt de Rumanía) y la sensación de ser uno más entre ‘Carmonas’, ‘Orozcos’, ‘Camachos’ y ‘Sissokhos’: «Mentalmente estoy convencido de que puedo seguir. Si te falla el coco el cuerpo no tira. Para mí, estos cuatro meses han sido una prueba de que puedo entrenar a este nivel e incluso a más», concluye el internacional español.

 

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