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Traviata con coleta

ANTONIO PIEDRA ANTONIO PIEDRA
22/07/2019

 

A LA GENTE –lo que antes llamaban personas– nos encanta el folletín. Innumerables novelas, óperas y películas hablan de la mujer antigua contando sus desventuras frente al hombre. De la actual no digo ni mu: un desliz lingüístico y me la cargo. Yo aún me derrito oyendo a Violeta diciéndole al tarambana de Alfredo al empezar la Traviata de Verdi: «Así con vos divídanse/ mis horas de alborozo./ Todo lo que no es gozo/ no es más que insensatez». En este plan sí que me atrevo a hablar de traviatas, o mujeres atrevidas, frente a políticos convencionales de ahora mismo.

Salvando la metáfora desde la que escribo, los protagonistas de la célebre ópera –Violeta y Alfredo– tienen el mismo problema que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Coinciden hasta en las partes: en la primera todo es amor de Dios y chocolate, en la segunda se cuelan un montón de dudas y en la tercera se produce la tragedia. Lo único que diferencia una historia de otra es que ahora la amante tiene coleta. Y de aquí el lío mayúsculo del folletín: el galán no se atreve a legalizar sus amoríos palpables con el Coletas –«tal es mi hado fatal»– porque ya han hecho de todo para llegar a la presidencia del Gobierno.

Ya. Pero el Coletas quiere legalizar su unión por la Iglesia. Quiere ser la consorte o el consorte –da igual cómo se diga en el BOE– sin tapujos. Quiere cama porque sus amores reales son y pide ministerios como prenda. Y claro, Pedro Sánchez, que es tan recatado como Alfredo en la ópera, dice que ni de broma: que sería una locura de tres pares, según los asesores monclovitas.

Sabe muy bien Sánchez que en los folletines de verdad el protagonista que oficializa un amor libidinoso está perdido, porque es expulsado de la sociedad. Iglesias ha hecho todo lo que ha podido y más. Hasta ha cambiado el logo de Podemos –que antes era un círculo vicioso, o sea de vicio– por un corazón que pregunta lo que Violeta: «¿No sabéis que ya está herida/ de dolencia atroz mi vida?». Ya, contesta Sánchez: también yo puse otro corazoncito en el logo del PSOE.

Así es. De hecho, el coro español, como en la ópera de Verdi, canta con regodeo: «¡Gocemos!, que entre cantigas/ la voz del tedio calle». Son los dos únicos partidos que tienen por logo un corazón, dejando clarito que son muymuymuy amorosos. Y de aquí este dialogo de amatistas. Unidas podemos dice: ¡al altar! Y el PSOE responde con espolones: ni hablar, sólo a la cama. O sea, como todos los amantes a la hora del follefollefolletín.

Y aquí estamos todo el país pendiente del final de esta Traviata posmoderna. Pedro Sánchez y los suyos quieren que esta versión acabe como la antigua: muriéndose la chica de tuberculosis. Pero la amante moderna, desdeñada y burlona, no quiere. Y claro, como la penicilina funciona a tope, ya nadie muere tuberculoso. Desesperado, Pedro ha puesto al Coletas al borde del precipicio: Mira, cariño, por el bien del país tírate por el Viaducto. Y el Coletas le ha contestado: ni de coña, hazlo tú primero con Carmen Calvo, Tezanos, y la Celaa.

España entera sigue el folletín las 24 horas del día por la Sexta. Y el narrador de folletines, que es Ferreras, pregunta a cada segundo que si se casarán o no se casarán, y que la culpa de todo la tiene el PP. ¿El PP? ¡Pero si no ha sido invitado a la boda y está más perdido que un zapato en una jaula! Cómo andará el paso en Génova, que acaban de nombrar a Maroto, el de la moto, senador cunero por Segovia para señalizar las barandillas del Viaducto, o las del Acueducto, como aptas para suicidas.

Y mientras, Pablo Iglesias llora que te llora como Violeta: «Y si aún con vida me has encontrado,/ penas y angustias no matan, no». Mira a comunidades autónomas como Castilla y León y se pregunta: si se casan otras, ¿por qué no me puedo casar yo? Y es verdad. Aquí están Igea y Mañueco felizmente casados, y el mismo Alcalde de Valladolid con una legislatura perfectamente resuelta sin el dramón de la Traviata. Normal. ¡Que se casen, por Dios!

Ante tanta sinceridad, el votante vive del aire. La Traviata moderna tiene argumento. Y sobre todo incertidumbres como pasa en todos los folletines. ¿Se separará Iglesias de un amante bandido como Sánchez para irse con otro u otra más amorosa y prudente? ¿O se casaran al fin, y serán felices y comerán perdices y a nosotros nos darán con los huesos en las narices? ¿O se pondrán requetemodernos y harán una cama redonda y meterán en ella a Torra, Puigdemont, Otegi, y Junqueras? Aitor Esteban y Rufián dicen que se aclare todo esto ya: que hay que habilitar la oportuna partida en los presupuestos generales para comprar el traje de boda.

En fin, que una buena amante estorba cantidad y, si tiene coleta y una casa bonita, ni le cuento. La única solución que tiene Sánchez es que Violeta se muera de alguna forma y que se deje de romanticismos: que cumpla con su papel de folletín. Yo estoy con Violeta tras su muerte: «Yo lloraré por ti./ Ángel, vuelve a los ángeles; ya Dios te llama a sí». Pero la decisión final la tomará Tezanos, y colorín colorado esta Traviata se ha acabado.

 

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