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Sí, no, lo veremos

ANTONIO PIEDRA ANTONIO PIEDRA
04/11/2019

 

¡MADRE MÍA! Mi psicólogo me llamó ayer para decirme que no duerme y que necesita ir al psicólogo ya. Le supera el acoso mental de los políticos que manejan el cotarro de la España en pactos. Los llama avispones de Monipodio. ¡Quésagerao! Piensa poner en la puerta del despacho el eslogan de Pedro Sánchez con un estrambote: ahora sí, mañana no, pasado veremos. ¿Y eso? Para señalar lo peligrosas que son las confusiones intencionadas en las enfermedades mentales, me respondió.

Gran respuesta. Yo no sé si serán avispones de Monipodio –el ladrón más fino y tramposo que ideó Cervantes para su Rinconete y Cortadillo–, o qué. Pero finos son un rato. De entrada quieren que los votantes seamos tan inocentes como decía Cortado antes de ser Cortadillo: «Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente». Demasiada teología. Ni que fuéramos rectores de Cataluña que ven a sus alumnos huelguistas con una «entrañable» simpatía.

Lo que tenemos ante el domingo es una autopista para locos que va, como describe Cervantes, de la Venta del Molinillo en Alcudia (Ciudad Real) al patio de Monipodio en Sevilla. Un largo trayecto por el que se desliza la cofradía de Monipodio: un Presidente tramposo, según la Junta Electoral Central; una plurinacionalidad en bragas que nos examina a los españoles, como Monipodio, sobre «el ejercicio, la patria, y padres» sin pasar por el noviciado; y mucho, mucho diálogo. Tanto que un loco no se pone al teléfono cuando le llama otro mucho más loco. En fin, como para estar cuerdos.

Mientras vamos en patinete con el pañizuelo al aire, la enfermedad más contagiosa del mundo, que es la confusión en el juicio, avanza en tropel como decía la Vieja ladrona del Rinconete y Cortadillo: «Fiados en la entereza de mi conciencia». Así la casta independentista se perpetúa. Así Pedro Sánchez también se eterniza con sus proyectos de moderación como si estrenara la Trampa para pájaros del maestro Alonso de Santos. Dé una vueltecica por Barcelona, o agarre el mando de la TV, y verá gratis esta esquizofrenia en batería.

Razón tiene mi psicólogo cuando dice que aquí no hay quien duerma porque estas elecciones no son normales. Para Cortadillo puede que lo sean, pues para un chico monipodio tiene «más letras un no que un sí». Qué cara dura. Pero no, no es lo mismo votar realidades que ensoñaciones, planes de futuro que desenterramientos del pasado, y proyectos para un país unido que ensayos para desunirlo.

En resumen, que poner la realidad al alcance del tramposo Monipodio –«cese toda cuestión, mis señores, que esta es la bolsa», dijo Rinconete–, es como poco un atrevimiento, pues nos la birlará en menos que canta un gallo. Y digo como poco pues, si escribo lo que realmente pienso, quizás ponga en un brete al Director de mi periódico y tenga que llamarme la atención por salirme del tiesto. Y no, prefiero echar abono dentro del cacharro por lo que decía el propio Monipodio: «¡Alto, no es menester más! Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza».

A la hora de votar el domingo, y a pesar de que me ocurra como a la Cariharta del Rinconete y Cortadillo –que «tengo mil cosas que escribirle» a usted sobre este respecto–, se me ocurren tan sólo tres de ellas: que busquemos dentro de nosotros el poco sentido común que nos quede, que pensemos que estamos eligiendo a alguien para que dirija un psiquiátrico y no una nación, y que no parece lo más acertado votar a ningún loco ni a ningún tramposo de la escuela sevillana del XVI. Si no acertamos con la ranura de la urna, tranqui. Monipodio lo hará por nosotros, pues «esas son flores de cantueso viejas, y tan usadas, que no hay principiante que no las sepa».

Allá usted mismo con su libertad omnímoda. Por primera vez en la historia de la democracia española el Presidente en funciones ha sido denunciado por la Junta Electoral Central como traposo. Si no le parece importante que el Presidente carezca de ética y decoro democrático, pues consuélese. ¿Por qué hemos de tenerlo los demás? ¿Es que nos ha enseñado acaso, como decía Monipodio, «una bolsilla de ámbar?». Qué sé yo.

Nos ha enseñado, sobre todo, el trasero de la realidad que siempre vuela en falcon de forma variable: hoy sí, mañana no, pasado lo veremos. Un medio no muy recomendable para los que, como yo, padecemos el síndrome vestibular periférico puro. Es decir, vértigo. Hasta Podemos le acusa de manipulador electoral. Cuando un lobo acusa a otro lobo de morder, su opinión es importante porque de mordeduras entienden más que nadie.

Por todo esto dice mi psicólogo que esta vez no piensa votar. Sabiendo lo cabezota que es, seguro que el lunes 11 se presenta en el colegio electoral para armar un zipizape.

Así que ojo, vote usted el domingo 10 en el lugar señalado y con la papeleta correcta. Se lo agradecerá desde su tumba la Vieja de Monipodio, que empinaba el codo, cuando le decía a su amiga de correrías ante «dos arrobas de vino»: «Mucho echaste, hija Escalanta, pero Dios dará fuerzas para todo». ¡Qué fuerte!

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