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Haz que pase…¡el lobo!

ANTONIO PIEDRA ANTONIO PIEDRA
08/04/2019

 

Al vivir de la palabra –como profesor que he sido y escritor de medio pelo que soy–, no tengo más remedio que hablar de palabras, aunque sea desde Castilla y León que es el último reducto en consideración política y en administración territorial. Me refiero al eslogan del doctor Sánchez cum laude –«haz que pase»– que, definitivamente, encierra al logos en la caverna de Platón para que nunca más refleje la realidad, y que nos recuerda a Cicerón cuando decía algo básico en política: que al mentiroso nadie le cree aunque diga la verdad, mendaci neque cum vera dicit non créditur.

Contradiciendo a cierto político mendaz, la semántica sí importa. Más en época de elecciones, pues por sus palabras les conoceremos. Esta campaña copia el dicho castellano que el lobo viene y carne espera. Todos dicen lo mismo: votadme a mí porque si no llegará el lobo. Como debería ser en unas elecciones normales, pocos hablan de moralidad política, de educación, o de economía. Sólo de acojone: que viene el lobo y que yo me meto fraile.

¿Quién es el lobo? Lo tienen claro: son los otros. A partir de aquí se desata todo un marketing de expertos electorales para ver qué semántica empareja al feroz lobo con la infeliz oveja. Todo hacia un convencimiento: los otros son el lobo y yo quien evita los mordiscos. Esta semántica pretende olvidar los hechos, las verdades, y llegar hasta el disimulo. Por ejemplo, si uno tiene al lobo viviendo en su casa, ha de hacerse el distraído: como si no le hubiera visto por el pasillo.

Pero como ése no es el lobo auténtico, el sanchismo de Torra y de Otegui, ajusta mucho más los prismáticos. El lobolobo malomalo y de verdadverdad es el de la extremaextremaextrema derecha. Si no lo son, no importa: parece que lo son, lo que a efectos electorales viene a ser lo mismo. Muerden. Y aquí estamos todos presos de esta confusión entre la palabra y los hechos, la verdad y la mentira, la justicia y la injusticia que muchos llaman política.

Y de aquí derechitos al eslogan de la campaña electoral del PSOE –«haz que pase»– como manual de psicología sobre la manipulación de masas. Lo primero de todo: emplear un imperativo categórico, contundente, y definitivo, porque el jefe del partido es el que manda y los ciudadanos, por decreto ley, son sólo unos vasallos. Ese primer imperativo está en la palabra ¡haz!, que suena a exprópiese, a chavismo venezolano, a soterrada amenaza, a que viene el viene el lobo y te comerá sin remedio.

Las otras dos palabras no explican algo concreto que pueda discutir un ciudadano libre, sino únicamente las órdenes del jefe: «que pase». ¿Que pase qué? ¿Que pase cuándo, cómo y por qué? ¿La única razón es la orden del jefe imperial que sabe lo que es bueno y malo para ti? Desolador. Esto sólo se le ocurre al que asó la manteca. Alegar que, además, resulta estético porque proviene de una frase relamida de la película Titanic, es una gilipollez, una amenaza, una pesadilla nocturna en la que vemos al barco hundiéndose y al capitán Sánchez gritando: ¡pónganse los salvavidas, coño!

Pero el capitán del barco sigue a lo suyo: votadme todos que viene el lobo de la extremaextremaextrema derecha, ignorando al iceberg que empujan contra el barco los separatistas, terroristas, golpistas, comunistas, y demás compañeros de viaje. Como la colisión parece inevitable, dado el sistema electoral español y los canales de marketing y de agitación del gobierno socialista, he vuelto a mi psicólogo. Tengo vértigo y en encima, si hace frío, se me agarrotan los músculos y no puedo nadar.

Prácticamente me ha mandado al garete: que haga acopio de tranquilizantes, si es que aún quedan en las farmacias del régimen, y que compre flotadores aunque sean de piscina para niños. Sospecho que ha llegado a la misma conclusión que yo: que este país tiene difícil arreglo, y que aquí todo se parece a la película de La vida de Brian en la que cada uno te mete su rollo con un descaro alucinante. La gente está tan acostumbrada a oír mentiras que le parece lo más normal del vocabulario.

¿Es que estamos ciegos? ¿No vemos cada día las votaciones del Congreso y de la Permanente? ¿No sabemos aún quién es el lobo? Aunque se vista de seda con las enaguas de la abuelita, en lobolobolobo se queda. ¿Es que no vemos el juicio en el Supremo contra el último lobo de verdad? ¿Con quién votó el lobo, a quién ha hecho Presidente del Gobierno el lobo? ¿Quién tiene pactado el futuro con el lobo? No creo que haya una sola persona en España que ignore esto, por mucho que se haga el tonto y mire para otro lado.

Ahora sabemos muy bien lo que quiere decir «haz que pase». Quiere decir, sencillamente, haz que pase el lobo para que yo pueda seguir siendo Presidente. Lo demás no importa. El lobo son ellos –Sánchez Otegui, Sánchez Torra, Sánchez PNV, Sánchez Puigdemont, Sánchez Iglesias, Sánchez Rufián, y Sánchez compañeros de redil–, aunque se disfracen con piel de cordero. «Haz que pase» pudo decirlo perfectamente Hitler en su Mein Kampf cual manual de resistencia. Se les ve el plumero y ya ni lo ocultan.

 

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