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Corazón herido

ANTONIO PIEDRA ANTONIO PIEDRA
16/09/2019

 

LO JURO. Para mí la vida es una telenovela, y en este caso concreto, al ser un producto venezolano y de emociones fuertes –me refiero al affaire Iglesias y Sánchez–, estoy hecho polvo. Las principales guerras, revoluciones, y hecatombes de la historia nacen por problemas del corazón. Y es que, como bien titula Camilo Sesto que en paz descanse, ‘Vivir así es morir de amor’. Se sufre mucho cuando amas tanto y encima ni te hacen caso. Mi vecina, una castellana castiza, me enternece muchas mañanas cuando oigo que canta pegada al tabique: «A San Antonio he pedido / sardinas en abundancia, / y un novio marinerito, / porque me hace mucha falta». Vaya, me digo, le pasa igualito que a mí.

A estas alturas del cante, el socorrido lector pensará que este columnista chiflado se ha pasado de la política cruel a los programas amables del corazón. Eso parece. Como soy tan mayor y desinhibido, pues he descubierto que sí: que la política y los programas del corazón son la misma cosa. Que se lo pregunten a Pablo Iglesias, que es a lo que hoy vamos.

Juzguen. Al parecer, los vecinos de Galapagar andan asustadicos porque a altas horas de la madrugada se oye a toda pastilla, desde el enrejado barroco de Villatinaja, la canción melancólica de Camilo Sesto con un alarido estremecedor: «Siempre me voy a enamorar / de quien de mí no se enamora; / y es por eso que mi alma llora, / y ya no puedo más, ya no puedo más». Dicen, y esto es lo peor, que, en medio de la canción, se escuchan profundos sollozos como de corazón herido por los tajos.

El asunto va a traer cola, porque –según mentideros bien informados– ya se discute en el comité ejecutivo de Unidas Podemos una propuesta en consonancia con esta locura de amor: añadir al corazón-logo una flecha sangrante que lo atraviese de lado a lado. Irene Montero, ha dicho que nada de acabar en coplas. En cambio Errejón está encantado: por fin todo el mundo sabrá que Iglesias está más para allá que las islas Filipinas, y que es cierto el inicio de la canción de Camilo Sesto: «Siempre me traiciona la razón».
Insisten en el politburó que explique las causas de tanto desamor y sinrazón, y Pablo les contesta entre pucheros que así de cruel es su historia: que Pedro no se le pone al teléfono, que ya no puede más, que esto es un sinvivir, y que, al igual que en la canción de Camilo, «Soy mendigo de sus besos, / soy su amigo / y quiero ser algo más que eso». Aunque le hablen de la gota fría, que tantos estragos ha ocasionado en el Levante, no reacciona. Él está en plena gota caliente.

He consultado este asunto traumático con mi psicólogo y me ha dicho que tiene muy mala solución. Como él también es fan de Camilo Sesto, pues que se me puso a cantar esa parte de la canción que venimos usando y que dice así: «Siempre se repite esta misma historia, / y ya no puedo más, ya no puedo más./ Estoy harto de rodar como una noria». Lo de la noria lo entendí a la perfección, pues yo hablo mucho aquí de orejeras y de que no hay manera de desengancharse. La noria trae loco a Pablito y nos trae majaras a todos.

¿Cómo acabará esto? Ni idea. Como Pablo ya no gasta el tiempo en rodear el Congreso, ni en hacer escraches, o enmaromar a la casta a la que ahora ya pertenece, le recomiendo que pida una consulta con mi psicólogo. Es fan de Camilo Sesto y seguro que no le cobra. Le explicará que ir a elecciones por amor –porque Pedrito no quiere a Pablito– es la misma chorrada que dicen en Valladolid: «La torre de la Antigua / tiene una cosa: / que si llueve se moja / como las otras». ¿Vale?

No vale, replicará Pablo como todos los enamorados camilistas. Nadie puede explicar coherentemente, ni siquiera un psicólogo, lo obvio: ¿qué sabes tú lo que tiene Pedro, el guapo, que provoca tales pasiones? Nadie nos lo podemos o podemas imaginar. Algo muy fuerte y grande cuando Pablo –ese hombre de las alfas y de los omegas– está como unos zorros. Por esta razón capital el CIS sopesa formular una pregunta capciosa sobre los encantos y pasiones amorosas de los políticos. Lógico, pues ya no votamos con la cabeza sino con el corazón: unos por amor y otros por odio.

Yo pregunto sin ánimo de meter el cuezo donde no me llaman en este novelón venezolano: ¿No pueden casarse de una vez? ¿No pueden dejar de verse en el espejo? ¿Es que no pueden entonar otra canción que no sea la de Camilo Sesto? ¿Por ejemplo esa otra tan célebre que cantaba Mocedades ‘Quiéreme o déjame’? Lo digo porque tanta melancolía y desgarre nos tiene encogiditos y sin resuello.

En fin, que yo me pierdo. Para novios, amoríos, y pasiones se me pasó el punto del arroz. Estas cosas tienen que preguntárselas a los programas del corazón que son los que más éxito y audiencia tienen en España. Por algo será. Es ahí donde debe meter la mano el CIS. Y claro, también Tezanos. Otro que maquilla todas las cifras por amor a Pedro Sánchez. Yo, como castellano, llevo la sobriedad y el pragmatismo en las venas y, como mucho, me invento jotillas a la remanguillé: «Esta canción con mis besos, / yo te canto en este día, / pero si tú no me quieres, / que te la cante tu tía».

 

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