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Rúnarsson busca la emoción alterando la narrativa

El autor de ‘Volcano’ presenta un retrato fragmentado de la sociedad y de su estado de sensibilidad

BENITO CARRACEDO VALLADOLID
21/10/2019

 

Presentado ayer en la Sección Oficial de la 64 Seminci, Eco (Bergmál), tercer largometraje del director islandés, Rúnar Rúnarsson, plantea un retrato de la sociedad moderna a través «de breves fragmentos de la vida, breves fragmentos de emoción».

Cincuenta y ocho fragmentos con las fechas navideñas –de Navidad a Año Nuevo– como tiempo y territorio reconocible por su significado, pero, como apuntó el director en su comparecencia ante los medios, «sobre el que cada uno tenemos una opinión», una forma de sentirla, casi tantas como personajes y situaciones aparecen en la película.

Cincuenta y ocho fragmentos con los que el director ha tratado de «ver si se coaligan y construyen una historia». Sin seguir los patrones habituales. «Estoy cansado de ver en el cine el mismo estilo de narrativa; incluido el cine de autor, el cine de ensayo, que también se atiene al modelo de narración que viene desde la Grecia antigua», advirtió.

Rúnarsson, que considera «un viaje personal» cada película que hace, ha utilizado Eco también para plantearse su papel como creador y alejarse de ese lugar común que es «la historia, la narración». «Tal vez no estamos tan acostumbrados a analizar las emociones, el subtexto; como dije en otra ocasión, es posible que Tarkovski, con quien no me comparo, no encontrara financiación hoy en día», lamentó.

Incluso a él, contó, le aconsejaron no hacer esta película. «Es la primera vez que rompo con estas convenciones narrativas, y no sé cómo será lo próximo que haga: yo me dejo guiar por mi corazón, a lo mejor es algo convencional, o nada, o instalaciones de vídeo, experimentos sonoros, lo que nunca voy a hacer es una serie de televisión», adelantó.

En la búsqueda de ruptura de las convenciones narrativas está la utilización del plano fijo para cada uno de los fragmentos que componen su película y con los que muestra su percepción de la vida y sus «emociones». Y el compartir esa percepción y transmitir emociones, más allá de su localización islandesa.
«Creo que hay elementos universales como la inmigración, el amor, la soledad, los celos, presentes en cualquier tipo de sociedad, más allá de los matices específicos de cada una. Lo que pretendo es que la película tenga eco y suponga también un reflejo de la vida contemporánea para cualquier tipo de público», explicó el director.

«Pienso», continuó explicándose el islandés, «que esta no es una película tan rara; puede parecer poco convencional sobre el papel, pero es una película sobre emociones humanas». En este sentido la película también acaba conformando una suerte de contemplación o estudio del estado de la sensibilidad humana en los tiempos actuales.

Rúnar Rúnarsson sabe lo que es ser premiado en la Seminci, donde obtuvo el primer premio de la sección Punto de Encuentro con su debut en el largometraje, Volcano; con su segundo largo, Sparrows, obtendría la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.

Para su nuevo filme ha decidido apostar por dar un cambio a su trayectoria creativa, aún a riesgo de fracasar comercialmente o ser ignorado en los palmarés de los festivales de cine.

Ahora, simplemente tiene por decir una suerte de declaración de principios: «Yo me veo a mí mismo primero como un ser humano, y luego como un creador, como un artista que tiene algo que expresar; y si no lo hago, pues, no sé qué tengo que hacer».

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