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ALEJANDRO AMENÁBAR, DIRECTOR DE CINE

«A mis personajes les empuja la fuerza de la razón»

El cineasta, guionista y compositor, con siete películas en su haber y un sinfín de premios, Oscar incluido, recibirá una de las Espigas de Honor de la 64 Semana Internacional de Cine

J. TOVAR VALLADOLID
20/10/2019

 

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) recibirá en esta 64 Semana Internacional de Cine una de las Espigas de Honor en reconocimiento a su trayectoria. Debutó con Tesis a los 24 años, llevándose a casa siete Goyas. Luego llegaron Abre los ojos, Los otros, Mar adentro, Ágora, Regresión y, la última, Mientras dure la guerra; y con ellas, más cabezones –como compositor, guionista y director, por no citar los conseguidos en categorías técnicas–, un Globo de Oro, Premios del Cine Europeo y un Oscar por su historia sobre Ramón Sampedro. Un cineasta de impacto.

Pregunta.– ¿Cómo recibe un homenaje como este a su trayectoria?

Respuesta.– Supongo que significa que empecé muy joven y que llevo ya unos cuantos años de carrera. Los premios y homenajes los acojo con mucha ilusión: siempre digo que no es algo que haya que estar buscando, pero cuando te lo dan es fantástico y hay que celebrarlo.

P.– Quizá hasta le invitan a uno a hacer un cierto ejercicio de retrospectiva.... ¿De qué se siente más satisfecho, más orgulloso?

R.– Con los años me he dado cuenta de que realmente siempre he hecho las películas que quería hacer. Es mi sensación. Lo que me ha empujado es esa pulsión de querer contar una historia concreta, a veces contra viento y marea, con mejores o peores resultados. Siempre me ha guiado esa pasión, ese querer contar algo que nacía en mí. Eso lo valoro mucho.

P.– Pensando en su Sampedro, en su Hypatia o en su último Unamuno, diría que todos ellos comparten ciertos anhelos, como el querer defender sus convicciones frente a todo, ya sea pelear por la tolerancia, por el saber o por el propio derecho a la vida. ¿Son también las inquietudes vitales de un ciudadano que ha ido madurando como individuo y como realizador detrás de la cámara?

R.– Hay algo de racionalidad en los personajes de mis películas, de defensa de la razón. Eso, por supuesto, es algo que impregna mi vida. También es verdad que para hacer películas, o para crear, en general, tienes que dejar entrar un poco de locura. Mis personajes, por lo menos en mis últimos trabajos, están empujados por la fuerza de la razón, que es algo que me importa mucho.

P.– ¿Tiene que ver con una evolución personal? Debutó con, Tesis con sólo 24 años. Aquella mirada no sería la de hoy...

R.– Mirando atrás también creo que anidaba una preocupación moral en aquel primer trabajo: creo que era una película con mensaje. Lo mismo que con Abre los ojos, la segunda, que reflexionaba en ciertos aspectos sobre un futuro virtual... Sí que hay una interés moral por encima de esa intención de entretener cuando hago películas.

P.– Su Hypatia defendía en un momento de Ágora la necesidad de replantear lo sabido, de sacudirse de encima los prejuicios. ¿Como autor, cuando empieza a pensar un proyecto, tiene también esa mirada abierta?

R.– Sí. Cuando estás creando estás dudando, cambiando siempre tu percepción de las cosas. Entrar en una historia es, muchísimas veces, aprender cosas que no sabías, y en ese camino evolucionas: a veces te reafirmas en tus convicciones y otras hallas algo nuevo. La reivindicación de la duda, que podía estar presente en ese personaje, o el querer vencer los prejuicios, que es un afán de mi Unamuno o del protagonista de Regresión, que se tiene que replantear muchas cosas, a la hora de crear es algo bueno siempre y cuando no te retenga, porque llega un momento en el que tienes que tomar decisiones. Si dudas mucho la historia muere, porque no se pueden dejar todas las opciones abiertas.

P.– A la duda se suele llegar desde el debate. ¿Es el cine una buena herramienta para plantearlos o está bajo permanente sospecha?

R.– Sólo puedo hablar por mi experiencia: Mientras dure la guerra es una película que da que pensar, que da que hablar, y eso para mí es maravilloso. Es verdad que por la deriva que ha tomado el cine en salas en los últimos años posiblemente sea más difícil encontrar ese tipo de películas que muevan a la reflexión.Yo estoy muy agradecido por cómo se está acogiendo esta película que, por otra parte, habla de un pensador.

P.– Ese boicot que algunos promovieron a su película, y que recuerda otros como los que sufrieron Trueba o el cantautor Luis Pastor, por ejemplo, cómo lo vive usted.

R.– Como algo puntual, me daba la sensación de que eran seis personas que trataban de darse publicidad a mi costa. Consiguieron lo contrario.

P.– Sorprende que un director como usted, taquillero y con indudable proyección internacional, lamente en ocasiones lo difícil que es hallar financiación para sus películas. ¿Ha sido difícil sacar adelante Mientras dure la guerra, siendo una historia tan enmarcada en este país, con un reparto nacional exclusivamente?

R.– Hay proyectos más difíciles que otros. Mi sensación con esta película es que sí lo fue, de hecho se hubiera estrenado un año antes si hubiéramos conseguido las vías ortodoxas de financiación a través de las televisiones. Es un proyecto que no generó ningún interés, así que tuvimos que recurrir a una plataforma como Movistar, que no es lo habitual. Eso pasó hace unos años con Campeones o ahora con lo último de Sánchez Arévalo, que ha hecho una película con el apoyo de Netflix. Trabajos que parece que nacen con un signo especial, que no entran dentro del canon de lo que se cree que la gente quiere ver en el cine, de pronto se quedan fuera.

P.– ¿Ese apoyo determinó su debut en el mundo de las series?

R.– Realmente no. Cuando leí el cómic (El tesoro del Cisne Negro) ya hacía tiempo que quería adaptar algo de Paco Roca, porque me gusta muchísimo la frescura con la que plantea las historias y él como persona. Que Movistar se involucrara fue la guinda.

P.– Mantendrá un encuentro con universitarios en la Seminci. Usted, que rodó Tesis siendo aún universitario, cuál es el mejor consejo que recibió y cuál es el que usted daría.

R.– Cuando estábamos en la facultad, y éramos 300 en clase y no cabíamos, nos hicieron levantar la mano a los que queríamos ser directores o directoras: éramos la inmensa mayoría. Uno de los profesores nos dijo que la mala noticia era que seguro que sólo lo conseguirían tres, pero que el resto lograría trabajo en el sector, porque el audiovisual es un trabajo colectivo que abarca muchas disciplinas. ‘Abrid vuestra mente’, dijo. Lo he tenido muy presente siempre, y eso es lo que me ha hecho implicarme en distintos departamentos, como la música, el montaje... Hay que entender que el cine es un trabajo colectivo. Desde el principio siempre me he rodeado de un gran equipo, por número y por calidad. En este país los profesionales son maravillosos.

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