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DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Luna llena para María

JUNTAS se sienten más fuertes. María es una mujer víctima de violencia de género que quiere recuperar una vida «normal» y Luna, la compañera elegida para conseguirlo; una hembra de pastor alemán de tres años adiestrada para servirle de apoyo. No está entrenada para atacar, pero sí para protegerla, aunque el beneficio y la protección serán mutuos. La Policía Local salmantina adoptó a esta perra para iniciar, de la mano de la Concejalía de Familia, un proyecto pionero en Castilla yLeón contra el maltrato. La encontró en una finca, desnutrida y sin saber lo que era una caricia. Mes y medio de afecto, juegos y adiestramiento después, Luna es un animal alegre, fuerte y obediente. Comienza para ambas una segunda oportunidad

ALICIA CALVO / SALAMANCA
25/11/2017

 

Permanecía atada a una cadena.

No sabía lo que era jugar, correr, ni alimentarse hasta quedar saciada. No llenaba de babas la ropa, ni hociqueaba para atraer miradas y arrancar sonrisas. Tampoco estaba cerca de abrigos que manchar, ni de ningún compañero con quien trastear. Desconocía las caricias a tutiplén que recibe ahora y no había rastro de la alegría y vitalidad que desprende.

«Luna parece otra», exclaman quienes conocieron hace tan sólo mes y medio –cuando fue adoptada por la Policía salmantina– a esta hembra de pastor alemán inmersa en una misión. Es el primer animal de Castilla y León con un cometido encomendado tan singular: sanar a su nueva dueña, una mujer que fue maltratada por su pareja; debe servirle de apoyo.

El encargo, el de ejercer compañía terapéutica, conlleva retorno: a la vez el can también se rehabilita y consigue afecto.

Los policías de la Unidad Canina de Salamanca, responsables de su adiestramiento intensivo, afirman que Luna «no estaba acostumbrada al cariño». Mucho menos su nueva compañera.

La puerta del portal separa a María –nombre supuesto– de un mundo por el que ya apenas transita. Cuando se encuentra frente a los pies de las escaleras, el miedo le paraliza. A partir de las 12 casi no sale de casa. «Le da pánico salir a la calle, aunque cada vez menos. Tiene agorafobia», tristeza acumulada y cicatrices, de las que se ven y de las que no.

Dentro de unos días, cuando Luna se instale en la que a partir de ahora será también su casa, María ya no tendrá que cruzarla sola. Si la inseguridad le asalta frente al umbral, Luna «podrá tirar de la correa» para que se sienta más fuerte y no se acobarde.

Todavía no comparten hogar, pero los avances son perceptibles en ambas.

María tampoco es la misma desde que sabe que la Policía le cederá a Luna para siempre si se entienden, y parece que se entienden. «Cuenta que por primera vez en mucho tiempo ha vuelto a reírse».

Cuando llega cada día a la perrera, en la parte trasera de comisaría, Luna la ve a lo lejos y ya se alborota. Comienza a saltar para que abra el candado cuanto antes y salgan juntas de paseo. Por el momento, llevan compañía, la de uno de los formadores de la unidad, pero pronto serán solo dos.

«Tiene una motivación y eso se nota. Se le ve con más ganas», comentan los agentes del equipo cinológico, que no sólo entrenan al animal, sino también a la mujer para que adquiera habilidades y pueda controlar a su nueva amiga. «Tratamos de que la perra sea algo que le obligue a volver a la vida de nuevo», exponen.

Concejalía de Familia y Policía de Salamanca decidieron hace ya medio año que darían «un paso más» contra la violencia de género. «No queríamos quedarnos sólo en las diligencias», explica el jefe de Policía Local, José Manuel Fernández.

Las conversaciones derivaron en el proyecto PEPO. No establece límite de usuarias a las que facilitar este animal de compañía e incorporará nuevos emparejamientos a medida que avancen los anteriores. El equipo psicosocial municipal estudiará caso por caso y designará a quiénes beneficia más acceder a este programa. Ya hay una segunda candidata, falta que hallen al perro idóneo para ella.

El mando policial explica el efecto positivo de la irrupción de Luna en una mujer que quiere dejar atrás el calvario padecido: «Llegan con la autoestima por los suelos. Les han pisoteado, a veces literalmente, y se sienten como un trapo. Con el perro ganan en confianza y se ven útiles, tienen que encargarse de él y contraen obligaciones».

El instructor canino añade que con esta unión entre Luna y María buscan un motivo «que le obligue a integrarse otra vez» después de la terrible experiencia del maltrato. «Le ha fallado su proyecto vital cuando un hombre la maltrató y ha perdido el afecto, pero lo recuperará con el perro», anticipa Fernández.

La convicción de que Luna será como un bálsamo se sustenta en una retahíla de argumentos. «Nunca le fallará», aseveran todos los que de algún modo están involucrados en este «proyecto pionero». Por la lealtad innata de los perros, por su fidelidad, porque está entrenada para acatar las órdenes que su ama le dé, por el carácter afable de este can, porque una vez se establezca la conexión definitiva resultará difícil de romper y porque con ella María repondrá fuerzas.

En cuanto le cedan a Luna, para lo que faltan tan sólo unos días, ya no valdrá encerrarse en casa desde el mediodía. Aunque algo en su interior se lo pida, no podrá. Deberá sacarla «tres veces al día», también tendrá que acudir a la comisaría para que ejerzan una labor de supervisión –paulatinamente se reducirá– y reciba clases para reforzar su formación.

Los agentes han visitado su casa y ya saben dónde colocarán la cama de Luna. Su rincón de descanso se situará frente a la puerta. «Así se sentirá más tranquila sabiendo que si alguien extraño se acerca, Luna puede avisarle para que dé una vuelta más a la llave o llame a la Policía», indican.

Aunque esta pastor alemán no está entrenada para atacar, sí para protegerla. El jefe policial aclara que «siempre se pondrá en situación de defender a su ama ante una agresión u otro comportamiento extraño».

También actúa como elemento disuasorio. «Si va con este perro por la calle, el agresor se pensará acercarse porque no sabe cómo reaccionará. Además, cuando ladra impone».

Tiene presencia y por eso hablan de efecto barrera, no sólo física. «Ahora es agresor-perro-mujer. Antes, sólo agresor-mujer», precisa José Manuel Fernández.

Luna muestra carácter, «positivo», pero al fin y al cabo, carácter. Es lo que buscaban.

El rastreo hasta dar con el animal idóneo para María no ha resultado sencillo. Sabían que el perro debía poseer determinación, energía, movilidad –porque su nueva acompañante «tiene personalidad, también, es activa, y pedía que fuera así»–, pero también ser afable y que socializara sin dificultad, aunque tampoco en exceso.

Unos minutos con esta pastor alemán desvelan algunos de estos rasgos. Luna se coloca en alerta al percatarse del ruido de la cámara de fotos. Erguida, con las orejas tiesas, se estira y busca con la mirada descifrar qué tiene ante sí. Al poco, cuando percibe que quienes están con ella permanecen calmados y en un ambiente distendido, se relaja. Continúa la sesión fotográfica tumbada, pero accede a correr o jugar para otras tomas. Obedece. Para eso ha sido entrenada.

Las primeras batidas, en la perrera municipal salmantina y en otros puntos del país, no arrojaron ningún resultado. Hasta que un día un particular contactó con el responsable de la Unidad Canina. Conocía a una perra que necesitaba cuidados y una atención que no recibía como animal de guarda en una finca.
Los agentes contactaron con el propietario y éste aceptó que la Policía la adoptara.

Hace seis semanas comenzaron a recuperar también a Luna y brindarle «una segunda oportunidad»; una vida diferente.

Lo primero fue probarla. «Ver que no tenía miedos insuperables». Su instructor la evaluó en distintos puntos de la capital salmantina, en algunos oscuros, donde había contenedores, con más y menos gente, por ver si mordía o se alteraba de una forma exagerada. Superó la prueba.

Lo inmediato consistió entonces en cubrir carencias. Iniciar una alimentación adecuada que pronto se tradujo en un aspecto más saludable. Juegos y afecto por los que su apatía mudó en vivacidad y dinamismo. Contacto con semejantes para que aprendiera a relacionarse también con ellos. «No eran cariñosos con ella, no sabe jugar con otros animales, estaba atada y necesitaba sentirse perro», señala su instructor.

En este tiempo, este cánido ha comenzado a correr con los agentes, a jugar –tres horas al día– con ellos y con los pastores alemanes de la unidad. Incluso ha pasado varias noches en casa de uno de sus adiestradores «para que se acostumbrara a lo que es vivir en familia, a un piso, a la televisión, al timbre, a las voces para que llegue a encontrarse en la casa de María a gusto y no se sobresalte por ruidos cotidianos».

También le han mostrado distintos entornos, solitarios y concurridos, para que sepa desenvolverse en cualquier escenario. Desde colegios a calles abarrotadas, parques, zonas caninas, tiendas, plazas a paseos recónditos. De día, al atardecer y con noche cerrada. En el interior de edificios y en la naturaleza. Por la calle y por el carril bici. «Tiene que hacerse a todo y cuanto más conozca, mejor».

Al principio, Luna detestaba el suelo de la comisaría, brillante, resbaladizo y luminoso. Protestaba. Será la fuerza de la costumbre, pero ya se mueve por él como una más. «Es importante, por ejemplo, por si va a un centro comercial».

Tratan de prepararla para que cuando acompañe a su nueva dueña no reaccione sobresaltada ante ningún estímulo, ni «genere problemas por la calle».

El entrenamiento de quien ha sido víctima de violencia machista va en paralelo y comenzó meses antes de que Luna apareciera en escena.

María entró en contacto con otros perros de la unidad, que se dedican a otros cometidos, como el rastreo de drogas. «Se desenvolvía con soltura desde el principio. Estaba motivada y en este tiempo tiene más ánimo», indican los agentes, que también le enseñan conocimientos sobre adiestramiento, «a rectificar ciertas conductas, a positivizar otras y que la controle para que ambas ganen en calidad de vida», subraya el instructor.

María aspira a conseguir comunicarse por encima del ‘sienta’ o ‘tumba’, con las típicas instrucciones en inglés. «Quiere ir más allá y no limitarse a lo básico. Vemos que las dos pueden conseguirlo, así que lo intentaremos más adelante».

En una segunda fase, testarán si introducen «órdenes estrictas para que se quede quieta mientras la mujer va a comprar el pan o a comprar el ticket del autobús».

El agente conjuga el tiempo verbal en futuro porque el proyecto no termina con la convivencia. «Continúa». Una vez consigan trasladar a María el vínculo que Luna estableció con sus adiestradores, permanecerán siempre cerca tanto esta unidad, como el equipo psicosocial del Ayuntamiento.
Al principio, dueña y pastor alemán deberán acudir a cuatro clases por semana, que descenderán con el tiempo.

Dado que salir de casa le supone un inmenso esfuerzo, una patrulla la recoge en el portal. El juez dictó una orden de alejamiento por la que su ex pareja tiene prohibido acercarse, pero el temor a que no la respete existe.

No sólo su nueva compañera le proporciona bienestar y seguridad, los agentes están convencidos de que el contacto con ellos le genera «sensación de protección».

El control veterinario y la manutención del cánido corre a cargo del Ayuntamiento, para evitar que suponga ningún coste adicional a la víctima. «Esperamos mucho de este proyecto», indica la concejala de Familia del Consistorio salmantino, Cristina Klimowitz. «Es único por la forma de abordar las consecuencias de la violencia de género y va a ayudarle a salir del trauma, a recuperar una vida normalizada, a estar integrada y perder el miedo y sus ansiedades. Formarán un equipo y eso acortará su proceso de recuperación; será responsable de Luna y de su cuidado».

Un cuidado mutuo, como el afecto y la conexión que empezó aquella tarde en la que María la saludó de rodillas, acariciándola, y Luna respondió cariñosa y juguetona.

 

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