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La cara y la cruz del comercio rural

La red de tiendas en pequeños pueblos sumará tres establecimientos pero han cerrado otros tantos y dos más buscan nuevo promotor / Los ayuntamientos destacan su «labor social» pero la inversión es arriesgada

LAURA G. ESTRADA / VALLADOLID
11/06/2018

 

El entusiasmo de Carlos Martínez, alcalde de Villalbarba, contrasta con el desaliento de José Luis Antón, su homólogo en Herrín de Campos. El primero, está volcado en la inminente inauguración de una tienda donde los vecinos puedan adquirir productos del día a día sin tener que desplazarse varios kilómetros o esperar a que suene el claxon de los vendedores ambulantes. El segundo, piensa alternativas para que el establecimiento que un día tuvieron, vuelva a abrir sus puertas y pueda abastecer, sobre todo, a la gente mayor en sus necesidades básicas. Los anteriores promotores se jubilaron y encontrar un suplente resulta «complicado» a pesar de que lo echan «de menos».

La ayuda inicial de la Diputación de Valladolid, que sufraga la instalación de estanterías, cámaras frigoríficas, ordenadores o cajas registradoras, es un importante aliciente para poner en marcha estos negocios concebidos casi como servicio público, coinciden en señalar los regidores adscritos a la red del Comercio Rural Mínimo en la provincia. Pero a veces no es suficiente para no tropezar después de haber dado un paso al frente.

Tampoco el apoyo de los ayuntamientos garantiza en muchos casos su mantenimiento. Puede que los regentes no paguen el alquiler del local o que les bonifiquen las facturas de luz, agua o calefacción. A veces, las concesiones no consiguen que el negocio sea rentable por los pequeños márgenes de venta y por la escasa población de los municipios donde se ubican.

Porque este tipo de despachos donde comparten espacio productos de higiene, limpieza y alimentación, se ubican en localidades con menos de 300 habitantes, con el triple objetivo de cubrir la demanda de artículos de primera necesidad, crear puestos de trabajo y contribuir a fijar población en el medio rural, sí, pero, precisamente ese reducido censo dificulta encontrar a alguien que se quiera poner al frente del negocio y, después, mantenerlo abierto.

Basten como ejemplo Valverde de Campos o Santervás de Campos, pendientes de un nuevo administrador. «Han pasado cuatro personas en seis años y ahora estamos en un paréntesis, intentando que alguien se encargue», explicó el alcalde de esta última localidad, Santiago Baeza, «confiado» en que se reactive la tienda vinculada a un bar.

El principal problema, añade Baeza, es que normalmente los vecinos acuden «a por faltas» –«me falta sal, me he quedado sin latillas...», explica– pero la compra importante se realiza en las cabeceras comarcales y el desembolso inicial para que las estanterías y las cámaras frigoríficas tengan ‘un poco de todo’ es elevado y cuesta amortizarlo.

En torno a 6.000 calculan los regidores consultados que se necesitan como primera inversión para poder abrir. Mucho peso en la balanza de riesgos y muchas razones a buscar para equilibrarla.

«Estoy negociando las condiciones con los distribuidores porque éste es un pueblo con 200 censados, cerca de la capital y tengo que ponerme en el lugar de los vecinos y pensar que si se desplazan a por carne o pescado, igual aprovechan también para comprar tomates», valoró Carmen Díez, la persona que, presumiblemente, se hará cargo de la tienda que acaba de impulsar el Ayuntamiento de Trigueros del Valle.
Díez, de 54 años, lleva dos residiendo de forma permanente en la localidad de la que es originaria su madre. Conoce el pueblo, ha visto cómo ha evolucionado en las últimas décadas hasta convertirse en un enclave «con mucho ambiente en verano» pero pocos vecinos en invierno, y tiene que valorar bien los pros y los contras del negocio, bajo la premisa de que es necesario que los habitantes que residen de forma permanente tengan una vida «cómoda», pero sin olvidar que existe un «riesgo».

A esa disyuntiva también se enfrentan en Ventosa de la Cuesta. Hace algo menos de medio año la tienda que había cerró por jubilación «de golpe y porrazo», explica el alcalde, Juan Miguel Álvarez, y por eso han apostado por reformar un local donde habilitar un establecimiento adherido al programa de Comercio Rural Mínimo, gracias a una inversión de casi 42.000 euros incluida en los últimos Planes Provinciales.

«La tienda funcionaba, y lo ha hecho durante muchos años», remarcó el regidor de este enclave de apenas un centenar de habitantes situado entre Matapozuelos, La Seca y Medina del Campo, «y los vecinos cuentan con que vuelva a haber una después del verano», una vez finalizada la reforma.

«Empeño», destaca Álvarez, no les falta y, por eso, buscarán un promotor que se encargue de la tienda y también del bar, para lograr viabilidad entre los dos negocios. De momento, «ya hay dos familias interesadas», pero si la inversión inicial supone «un freno», el Ayuntamiento de Ventosa está dispuesto a buscar otras fórmulas, como la cesión del local para que lo gestionen fuera de la red comercial auspiciada por la Diputación.

Alternativas como ésta, o como la contratación de una persona a media jornada por parte del Ayuntamiento, se cuestiona el alcalde de Herrín sin ver clara la respuesta, ponen de manifiesto que se trata de un servicio convertido «en una obra social» para los pequeños pueblos donde la mayor parte de la población es mayor, no dispone de vehículo para desplazarse a hacer la compra y depende de la venta ambulante, aunque algunos productos nunca llegan en las furgonetas de reparto.

Villalbarba será la séptima tienda abierta en Valladolid

La cuenta atrás ya está programada para que el Comercio Rural Mínimo de Villalbarba pueda inaugurarse finales de esta semana. Será el séptimo en funcionar en la provincia –después del cierre de tres y el paréntesis de otros dos– desde que la Diputación de Valladolid pusiera en marcha el programa en el año 2011, con una línea de ayudas destinada a acondicionar locales públicos a fin de favorecer la apertura de despachos para el abastecimiento de productos de primera necesidad en pequeñas localidades.
Estela Banailova, la joven que se pondrá al frente de mostrador en este enclave cercano a Tordesillas, no esconde que está «muy ilusionada» por el proyecto, gracias a la ayuda institucional, el apoyo de los vecinos y la colaboración de sus padres.

Latas de alimentos en conserva, legumbres, pasta, productos de limpieza, pescado congelado, yogures, jamón de york y, sobre todo, sobres de sopa, no faltarán en las cámaras y en las estanterías porque así se lo ha trasladado el centenar de vecinos de su localidad de acogida, después de que el alcalde, Carlos Martínez, promoviera una reunión para ver el género imprescindible y lo menos demandado, «a fin de no tirar el dinero en cosas que no se van a comprar», explicó la promotora.

Banailova, a punto de cumplir 20 años, llegó a España hace 13 procedente de Bulgaria y apenas lleva seis meses en Villalbarba, después de ver un anuncio en redes sociales donde se buscaba regente del bar y de la futura tienda. Entonces, su familia se trasladó aquí desde Villalonso (Zamora), después de haber vivido durante una década residió en Valdenebro de los Valles, para no perder «un servicio mínimo», ensalzó el regidor.

 

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