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VERLAS VENIR

En pocas palabras

ANTONIO PIEDRA ANTONIO PIEDRA
07/12/2018

 

AYER, tras celebrar los 40 años de la Constitución, saltaron tres evidencias. Primera, que algunos quieren cambiarla radicalmente. Y lo hacen como si formara parte de ese atroz eslogan –estaliniano hasta las trancas– que ha causado estragos después de votar los andaluces lo que les salió de la punta del zapato: «Sin piernas, sin brazos, los fachas a pedazos». Consigna coja. Si su autor no sabe contar sílabas, ¿cómo descuartizará a 400.000 votantes?

Segunda, que muchos políticos, por no decir casi todos, coinciden en cambiar lo obsoleto y aquellos aspectos de la Constitución que, según ellos, no están dentro de lo que consideran políticamente correcto. Para alguna de sus señorías sería encantador asestar a la Constitución las 23 puñaladas de Julio César. Gran lío meter mano a una señora de 40 años, pues no tienen votos ni arrestos para hacerlo.

Tercera evidencia, que hay que contar con el pueblo español y con los españoles. Y éstos, a pesar de que los políticos se han pasado la Constitución por la pernera y por el mismísimo capullo de las ideas platónicas, se saben de memoria los cuatro primeros artículos de esa Constitución que resultan irrenunciables como unidad nacional, como soberanía, como forma política del Estado, y como realidad lingüística. Tocar ese articulado resulta peligrosísimo por una razón muy simple: están hartos de que sean siempre los mismos quienes tocan las narices y, además, se forren.

Conclusión, que el precedente de esa hartura acaban de marcarlo las elecciones andaluzas. La gente, o el facherío, según los radicales, seguirá votando a lo que más duele y al contrario de sus consignas. Cuanto más insulten, agredan, okupen, tiren piedras, ostenten lazos amarillos y chapas en el ojal, más votos engordarán a la gloriosa reacción. Y como muestra, el votón (con uve) de los andaluces.

 

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