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TRIBUNA

Los museos. Ejes de lo público

El autor ensalza la figura de los museos por ser contenedores culturales al servicio de los derechos ciudadanos que no imponen un punto de vista específico, sino que incentivan a la sociedad a que se haga preguntas

 

EL RECIENTE Día Internacional de los Museos 2019 se ha centrado en los nuevos papeles que desempeñan los museos como actores activos en sus comunidades. Y es que si bien según la definición dada por el ICOM, «Un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que se ocupa de la adquisición, conservación, investigación, transmisión de información y exposición de testimonios materiales de los individuos y su medio ambiente, con fines de estudio, educación y recreación», resulta evidente que hoy parece necesario abordar su misión de comunidad desde un concepto más amplio.

Y eso hice el día 18 en el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas, generosamente invitado por su director, y por el poeta Adolfo Alonso Ares, a quienes guardo tributo de amistad desde el consejo del Lazarillo de «arrimarte a los buenos si quieres parecerte a ellos».

Tradicionalmente, el impacto social de un museo se circunscribía a la conservación y acceso de la ciudadanía a las manifestaciones artísticas. Impacto legítimo y necesario, pero excesivamente modesto en los tiempos actuales.

Un museo debe verse, proponerse y sustentarse como una entidad que tiene oportunidad y capacidad de transformación, que encuentra su sentido y su razón de ser en el desarrollo positivo del entorno donde se encuentra, que define su misión como un espacio de interacción educativa y cultural que a través de las artes convoca a la participación de todos, reconoce y valora la diferencia, genera disfrute, pensamiento y reflexión a través del desarrollo de la sensibilidad, del diálogo entre el saber, la cultura y la vida.

Un espacio que no trata de imponer a los individuos un punto de vista específico, sino incentivarlos a que se hagan preguntas. Un contenedor de muchos diálogos, implícitos y explícitos, que busca y halla consensos a través del entendimiento.

El reto, es consolidar unos museos públicos, refugio de todos y para cualquiera que faciliten la accesibilidad y desarrollen toda su potencia pedagógica y comunitaria, activando la mediación cultural cualificada, en toda su dimensión formativa y no solo como mera información turística desde la colaboración con la comunidad artística para la producción de nuevas experiencias creativas y  por supuesto, mucho más igualitarios en términos de género.

Los museos, como vanguardia de lo público, contenedores culturales al servicio de los derechos ciudadanos, que aseguran que el derecho a tener derechos sea radicalmente igualitario. Que atienden a un tejido local participativo que, desde una visión global, ayuden a interrogarnos sobre el presente, a conocer el territorio donde se ubican, que ayudan a pensar y formar un archivo de conocimiento activo en la construcción de un nuevo sentir público.

Museos, como ejes de lo público, vanguardia y refugio, al servicio de los ciudadanos, como lo son las bibliotecas, en los que los nuestros, encuentran su oportunidad y capacidad de transformación. Espacios de interacción educativa y cultural que a través de las artes convocan a la participación de todos, reconociendo y valorando la diferencia, generando disfrute, pensamiento y reflexión a través del desarrollo de la sensibilidad, del diálogo entre el saber, la cultura y la vida.

Los Museos, primero y todos los centros culturales públicos, evolucionan hacia una visión transformadora, donde adquieren cada vez más importancia social en la medida en que son capaces de evolucionar para ser concebidos como contenedores culturales, al servicio del encuentro y de la polémica en su sana acepción de polis.

Espacios dinámicos, que no se limitan a la exhibición de unas colecciones -que se admiran así mismas- sino que se constituyen en martillo de transformación y cambio.

En nuestro país el problema no ha sido el color de los Gobiernos, sino la ruptura de los acuerdos básicos de convivencia que rompen todo vínculo cívico o solidario. La cultura y los Museos crean sociedad, en cuanto que frente a concepciones estrechas, egoístas o autoritarias, proponen un campo democrático de acceso a la cultura: a una cultura amplia, inclusiva, diversa, justa y solidaria.

La democracia, con independencia de sus cauces electorales, se articula en torno a instituciones de protección y cooperación, referentes culturales e intelectuales dispuestos a ofrecer valores. Cuando la sociedad quiebra entre desgarros de desconfianza, nuestra tarea será tejer, reunir, crear sociedad.

En momentos de desgarro como los que vivimos nada tiene de particular que se citen unos versos de Entre España y México de Pedro Garfias, salmantino de nacimiento pero cordobés y mexicano de vida y obra, pasajero del Sinaia, barco mítico del exilio: «España que perdimos, no nos pierdas; / guárdanos en tu frente derrumbada, / conserva a tu costado el hueco vivo / de nuestra ausencia amarga / que un día volveremos, más veloces, / sobre la densa y poderosa espalda / de este mar, con los brazos ondeantes / y el latido del mar en la garganta».

Los Museos como puntos de reencuentro, razón y pasión en lo que nos une, en esta tierra de exiliados, exteriores e interiores, que garantizan libertades por encima de dictaduras y separaciones impuestas. Ya toca, es el tiempo de las ideas, y de la rotundidad en la búsqueda de puntos de encuentro.

Alejandro N. Sarmiento Carrión es coordinador de la Junta Directiva de la Asociación Profesional de Gestores Culturales de Castilla y León.

 

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