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Fútbol e ideologías

CÉSAR MATA CÉSAR MATA
11/02/2019

 

QUIZÁ el poder adictivo más potente de la actualidad sea el fútbol. No está tan extendido como el político, pero en su rectángulo de juego los colores de uno u otro equipo tiene más tirón la querencia hacia la portería que el limitado y siempre oscilobatiente deporte de introducción de papeletas en la urna. De ahí que los aficionados muestren sin rubor, y con indisimulado exhibicionismo, la bufanda del club de sus amores (y sus simétricos y no menos apegados odios) y los votantes deban recluirse en esas cabinas en las que la cortina no es sino la metáfora corrediza sobre la difícil coherencia entre ser y estar.

Más allá de ser un campo de batalla transferido a los modos contemporáneos de derrotar al enemigo con la sangre apenas derramada por un codazo, el fútbol ofrece la dulce y transitoria alegría de aunar inteligencia y músculo en un terreno de dialéctica efervescente, con un diálogo en el que la única palabra se llama balón y dar patadas al diccionario está bien visto si es para cortar en seco un contraataque del equipo rival.

Más adictivo es el fútbol, pero más peligrosa, por destructiva, la inquebrantable adhesión a las ideologías. Sin desmerecer a quienes, es evidente, defienden una u otra tendencia política en función de la aparición, o evaporación, de un cero final en el saldo de su cuenta corriente, el apego a unas siglas procede de una maraña de prejuicios y genealogías emocionales de la más variopinta extracción.

El grave, gravísimo y descomunal, poder incinerador (esto sí que es una estafa, aunque no hay más autor material que uno mismo) de las ideologías se sitúa en su demoledor carácter desestructurante de juicios y criterios sustentados en el sentido común, en los humanos criterios para razonar.

Dado que la razón incluye en su núcleo más íntimo la capacidad de sentir, va siendo hora de reclamar la jubilación anticipada de las emocionalidades que recrean el supremacismo y sectarismo ideológicos que, al menos hasta ahora, con tanto (falso) prestigio se han pavoneado en la pasarela social.

 

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