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TIERRA ADENTRO

En abril, para más señas

 

CINCO SIGLOS después, y casi 40 años de historia reciente, el lugar de la batalla, santo y seña comunera y altar de nuestros héroes, es solo el nombre de un municipio, el título de una Fundación y una fecha en el calendario con sintonía ligada al Mester y a los textos del segoviano Luis López Álvarez, que cada día 23 sigue enjambrando al común a los acordes de un eterno canto de esperanza. 1521 y en abril, para más señas. Para algunos, con esto es suficiente. Para otros, que tenemos un sereno sentido de Comunidad cimentado en la geografía, debe ser algo más. Algo permanente en el mapa físico, político, turístico y emocional de Castilla y de León. Por eso Villalar no acaba de ser el ‘Sitio Histórico’ de calibre nacional que le corresponde. Tanto, como El Escorial, y que me perdone mi paisano Felipe II. Lo que quiero decir es que Villalar debería alcanzar el rango de la Catedral de Burgos o la de León, la fama de los Picos de Europa o del Macizo de Gredos, el prestigio cultural de Salamanca o Segovia. Villalar tendría que estar entre los apuntes de las rutas turísticas, históricas y culturales más importantes de España. Su argumentario histórico, sobradamente documentado y envuelto en la aureola romántica de un poema encendido, garantiza la emoción al visitante.

Villalar debe ser un foco turístico, histórico y cultural donde todos, independientemente de su opción política, encuentren en la Campa –en el caserío, en el campo de batalla y en la plaza del monolito– un escenario de emociones que trasladar a forasteros y parientes, un sentido de pertenencia a la Comunidad con la mochila más culta y rica de todas las regiones del Estado español. Para ello, Villalar debe contar con fuertes infraestructuras hosteleras, museísticas y culturales que proyecten su importancia y mensaje, convirtiéndolo en lugar de peregrinación de gentes, donde unos valientes fueron ajusticiados en pleno tránsito de la Edad Media a la Moderna y en cuyo solar germinó un auténtico mito colectivo, como dejó escrito Joseph Pérez.

No es de recibo que, a estas alturas de nuestra reciente historia, solo un pequeño porcentaje de paisanos y paisanas, que no pasa del 4%, haya estado físicamente en Villalar alguna vez. Es lamentable la desconexión, con todo su significado, de las nuevas generaciones de sorianos o leoneses, entre otros. La culpa está repartida entre todos. Unos, porque se aferran a la exclusividad de un origen reivindicado, y otros, porque se sienten desplazados.

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