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EMPRENDIMIENTO

Una vida entre setas

PALENCIA. En Paredes de Nava está la primera empresa de cultivo integral certificada de la región

ELSA ORTIZ
30/09/2019

 

Aunque el papel de los gnomos ha quedado relegado a guardianes de jardines, la mitología sitúa a estos seres diminutos de barba blanca y gorro puntiagudo en las entrañas de los bosques, custodiando tesoros subterráneos. La ficción, por su parte, da cobijo a estos enanos fantásticos en setas de tejado rojo. Desde hace dos años, alguno más si se contabilizan aquellos en los que la idea bailaba en su cabeza, todo el empeño de Nazaret Mateos está en dejar al descubierto este mundo, el de los gnomos.

Esta zamorana vive entre setas. Lo hacía de pequeña, en las inmediaciones de la Sierra de la Culebra. Y lo vuelve a hacer ahora, que ha recuperado su esencia. Aunque estudió Magisterio, trabajaba en el ámbito de las telecomunicaciones. Pero en ninguna de las dos ramas estaba su sino. La monotonía que encerraban las cuatro paredes de la oficina no estaba hecha para ella. Decidió cortar un esqueje de sus orígenes y sembrarlo en su nueva vida, en la que no quería dejar de hacer lo que había hecho siempre: recoger setas.

En el desespero de una sucesión de temporadas «muy malas» para la recogida, Nazaret advertía entre bromas a su marido de que iba a montar un invernadero propio. Fue él quien se encargó de darle el impulso que necesitaba para hacer de su sueño una realidad. Tras estudiar a fondo la legislación y métodos de plantado que se ajustasen a su imaginario, nació EntreSetas. Y lo hizo «del amor al campo».
La investigación por cuenta propia fue reforzada con formación, cuya búsqueda no estuvo exenta de complejidad. «Para empezar porque no existe. Además este tema es muy tabú, la gente no te abre las puertas de sus explotaciones», lamenta esta joven que encontró a su instructora en la Universidad de Córdoba.

Cumplimentados todos los pasos previos, Nazaret contó con apenas diez días para ejecutar su decisión, pues era el plazo que restaba de una subvención para primeras instalaciones agrarias. «En ese momento fue cuando me planteé dar el paso ya porque sino tenía que esperar un año más y, cuando lo tienes claro, lo último que quieres es dilatarlo», razona antes de recordar la fugacidad de aquel momento: «fue todo tan rápido que a mi familia ya les presenté directamente EntreSetas, sin previo aviso».

Ideas claras, papeleo entregado y muchas ganas... solo faltaba una cosa: la finca. En Paredes de Nava esta zamorana encontró no solo que buscaba, sino también «el cachito» que le faltaba desde que vivía en Palencia. Fue «bastante complicado» dar con la propiedad que ella tenía diseñada al milímetro en su mente. «Quería un sitio para los invernaderos pero también una zona al aire libre para poder tener cultivos abiertos y simultanear varios tipos», explica para asegurar que en la comarca de Tierra de Campos encontró «el sitio», en mayúsculas, aunque «no tenía agua corriente ni luz», recuerda entre risas para después concretar que dispone de cuatro hectáreas.

En los inicios, la ilusión ganó el pulso. Fueron «muy bonitos», asegura, para colocar lo «duro» después al tropezar con «el vacío legal y en general que existe» en este campo, el de las setas, en la Comunidad. «El sector micológico está todavía en pañales», asevera quien está inmersa en él para extender las «carencias» regionales a todo el país y atribuirlas a una «falta de conocimiento» sobre el cultivo.

Ecológico

En los cimientos de esta empresa rural está la agricultura ecológica. «No sabemos hacerlo de otra manera. Producir en ecológico es un sello pero también una forma de vida», confiesa la zamorana. A este «sentimiento por el medio» añade otro motivo, más bien una «peculiaridad»: las setas son como esponjas. «Absorben todo lo que les eches y cuando salen al mercado, lo llevan dentro», concreta antes de compararlas con las lechugas que, por el contrario, «sudan» estos productos.

En la búsqueda de la certificación de esta «forma de vida», EntreSetas se topó con una de las mayores «trabas» de su camino. «Lo intentamos durante un año en Castilla y León», asegura esta cultivadora para desvelar que ahora trabaja de la mano de una certificadora andaluza que apostó «por sacar el proyecto adelante sin poner ninguna pega».

Detrás de la palabra que le da nombre se encuentra la primera empresa de cultivo integral certificada en Castilla y León. ¿En qué se traduce esto? «En problemas», bromea Nazaret para explicar que en su finca de Paredes de Nava acometen «todo el proceso», sin necesidad de intermediarios. «Plantamos de cero», espeta al confesar que no lo traen de fuera sino que utilizan la paja de los agricultores de la zona, compañeros que después aprovechan el compost con las sobras de cada plantada como abono. «Hemos hecho pruebas con paja de diferentes puntos de España y la de Palencia da a las setas un sabor y una textura característicos, resultan más compactas y con más aroma», diferencia antes de explicar que la «trituran» y con el resultado preparan las camas de las huéspedes de su invernadero.

La máxima que rige su producción es el respeto del medio ambiente y mantiene a raya las emisiones tanto de gases como de residuos sólidos. Por ese motivo, el umbráculo lleva mallas de sombrero que «aprovechan los ciclos naturales de luz», sin forzarlos. «Hay formas de cultivo más industriales en las que se enciende y apaga la luz, pudiendo hacer hasta tres o cuatro ciclos», comenta antes de reconocer que de esta manera «crecen más rápido pero la calidad de las setas es un poquito peor».

Otra de las singularidades del invernadero, al que están a expensas de sumar otro, es su suelo de hierba, que genera una «humedad relativa» y permite rebajar «una quinta parte» del consumo de agua. «Por la noche, cuando se produce la respiración, la condensación se queda en el plástico y, durante el día, caen las gotas», sintetiza.

EntreSetas es «especialista» en Plerotus y funciona con la rotación de variedades. «Durante el verano metemos la tropical, que se adapta muy bien a las temperaturas; y en el invierno otras que piden más frío como la de cardo o la de ostra», concreta. Las cosechas de todas ellas son diarias. Factores como las temperaturas y, especialmente, la luna influyen en los kilos a recoger. «Cuando tenemos las producciones más grandes, que suelen coincidir con la luna llena, embotamos», precisa para añadir que también «deshidratan setas» que luego transforman en harinas y sales.

Las ventas en fresco de esta empresa afincada en el medio rural se quedan en Castilla y León, pero también viajan a Madrid, País Vasco, Cantabria o Valencia. A lo que hay que sumar los pedidos particulares que llegan a todos los puntos del país.

Y la cosa no queda aquí. En el mundo de los gnomos también hay micorregalos, en los que naturaleza y originalidad se fusionan en forma de obsequios para cualquier tipo de celebración. «Siempre he dicho que las setas también se comen», apunta Nazaret para explicar que esta idea surgió de la certeza de que «hay mucha gente a la que le gusta el campo y prefiere regalar vida» en forma de jabones, colgantes, ramos de flores o enramadas. Ejemplos a los que suma kits de cultivos como detalles de bodas y bautizos. «Cualquier cosa que pueda hacerse con setas», resume.

Talleres

Llegados a este punto, ¿por qué no compartir todo lo aprendido en este camino? Nazaret organiza talleres con un claro target: los niños. «Es una forma de enseñarles que las setas no nacen en bandejas a la vez que toman conciencia de la responsabilidad que conlleva mantenerlas, viendo su evolución», resume antes de señalar a los distintos paquetes de autocultivo que ofrecen, para todos los públicos, y que han convertido a EntreSetas en la primera empresa española autorizada para comercializar estos kits, independientemente de su tamaño, en Estados Unidos.

Nazaret también invita a otros amantes del campo y de la micología a vivir entre setas con la organización de unas vacaciones o un fin de semana diferentes durante los que poder empaparse de este mundo en la reserva de la biosfera del Alto Bernesga, en la Sierra de la Culebra o en el parque natural del Lago de Sanabria, entre otros destinos.

Esta cultivadora asegura que es «una más en el campo» donde garantiza que la discriminación no tiene cabida y solo hay espacio para «sinergias» entre «gente maravillosa», con especial mención a sus compañeros de pasión y a la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales, Fademur. «Sin estar dentro de la misma me abrieron sus puertas de par en par y cada vez que firman un acuerdo que consideren que puede encajar con mi actividad, me llaman», agradece quien lleva casi dos años «sin deshacer la maleta», de un lado a otro con un proyecto que mira al futuro con la intención de «seguir creciendo, experimentando y, sobre todo, aprendiendo».

Ganas no le faltan y ambición, tampoco. Nazaret ya tiene en su cabeza el próximo paso a dar, una vez que consiga asentar la «ambivalencia» de EntreSetas: las medicinales. Un «reto personal» que no se hará mucho de rogar.

 

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