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El vacuno reduce su CO2

Tres granjas innovadoras de Castilla y León participan en el proyecto Life Beef Carbon con el reto de disminuir un 15% la huella de carbono en el vacuno de carne en diez años / Asoprovac trabaja en un próximo Life que involucraría al vacuno lechero

MARISOL CALLEJA
25/06/2018

 

En 2050 la Unión Europea deberá haber reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero un 80% en relación con los niveles de 1990. Antes tiene que lograr una reducción del 40% en 2030 y del 60% en 2040. Una transición hacia una economía baja en carbono en la que ya se está trabajando, y en la que todos los sectores deben implicarse, también la agricultura, a la que se atribuyen el 11% de las emisiones de todos los sectores difusos.

El sector agrícola tendrá que disminuir las emisiones procedentes de los fertilizantes, el estiércol y el ganado, en un contexto mundial en el que se va a duplicar la demanda de alimentos.

La lucha contra el cambio climático es una prioridad en la nueva PAC, por lo que la reducción de las emisiones de efecto invernadero se convierte en estos momentos en una tarea prioritaria. El sector del vacuno de carne trabaja en esta línea a través de varios proyectos, como el europeo Life Beef Carbon, liderado por la Asociación de Productores de Vacuno de Carne (Asoprovac) en España, en el que participan en este momento tres granjas innovadoras de Castilla y León: una perteneciente al Grupo Miguel Vergara, otra vinculada a la cooperativa Cobadu y una tercera a Castellana de Carnes SA. La idea es obtener datos de distintas explotaciones tipo con diferentes sistemas de producción, como es el caso de estas granjas de Valladolid, Salamanca y Zamora, y ofrecer soluciones «colectivas» frente al cambio climático, como apunta Matilde Moro, directora técnica de Asoprovac.
Hay que tener en cuenta que las emisiones de CO2 relacionadas con una granja de vacuno de carne se producen fundamentalmente a través de la fermentación entérica, lo que hace referencia al metano que se genera durante la digestión de los rumiantes; la gestión del estiércol; la producción de piensos; y el consumo de energía. Elementos sobre los que las explotaciones pueden actuar para adoptar una gestión más sostenible y rentable también.

Desde Cobadu, Flor Linares recuerda como en Europa ya hay países que etiquetan parte de los alimentos con indicación de su huella de carbono, de manera que el consumidor conozca su impacto. Desde esta perspectiva, desde los servicios técnicos veterinarios y de gestión medioambiental de la cooperativa creen que los aspectos en los que se puede avanzar están relacionados con la mejora de la productividad y eficiencia de las explotaciones (optimizar la edad al primer parto, reducir la tasa de reposición, optimizar los aportes de concentrados, mejorar la calidad de los forrajes, optimizar la fertilización etc...). Por eso, Linares hace una valoración «positiva» del proyecto, en la línea con la tendencia europea a favor de la obtención de alimentos que generen bajo impacto en el cambio climático. «Cuantos más kilos de carne se produzcan con menor gasto energético y con menos emisiones, mejor será la huella de carbono», afirma.

El proyecto, en el que participan cuatro países europeos (Francia, Italia, Irlanda y España), está en pleno desarrollo, hasta su conclusión en 2020. El sector vacuno de carne se plantea retos importantes en los próximos diez años. El propósito es reducir un 15% su huella de CO2 de manera integral y coordinada con una serie de indicadores medioambientales, así como económicos y sociales, como explican desde Asoprovac.

Ya se han recogido los datos preliminares de las granjas innovadoras, quince en España y tres en Castilla y León, que han sido auditadas con la ayuda de una herramienta específica de cálculo de huella de carbono del vacuno, que ayudará en la toma de decisiones. De momento, las visitas se han centrado en aspectos relativos a los censos, alimentación, maquinaria, manejo del estiércol, u otros datos productivos. En este caso, el objetivo es elaborar después un Plan Voluntario de reducción de emisiones, además de realizar un análisis de costes para conocer el impacto económico de llevar a cabo las pretendidas medidas de reducción de emisiones.

La idea, según la Asociación, es obtener un observatorio nacional y europeo de emisiones de CO2 a través de la incorporación de las granjas de vacuno de carne repartidas en los cuatro países implicados. Junto a las 170 granjas innovadoras, el proyecto cuenta también con 2.000 granjas demostrativas en Europa, de las que 120 serán españolas. El grueso mayor, 1.800 granjas, se concentra en Francia, ya que, como explican desde Asoprovac, este país ya tenía un proyecto similar en vacuno de leche, además de una infraestructura cooperativa importante para la recogida de datos. La Comunidad sumará 40 granjas demostrativas al Beef Carbon, de aquí a final de año.
Asoprovac defiende esta línea de trabajo, aunque su idea es «ir más allá», por eso, sus técnicos trabajan ya en la presentación de un nuevo proyecto Life para «avanzar». Es decir, se quiere involucrar no solo al vacuno de carne, sino también al de leche, y movilizar a otros dos países. El reto es establecer una serie de compromisos, como detalla Moro, que vayan acompañados de financiación público-privada para seguir mejorando «de forma más firme» en la reducción de emisiones y certificar dicha reducción. Este nuevo proyecto Life coincidiría en el tiempo en parte con el final del proyecto europeo actual.

Para Asoprovac es «fundamental» la sensibilización a la que alude Matilde Moro, así como el establecimiento de referencias, «cuando ahora no las hay». En el marco actual, se quiere llegar a obtener emisiones de CO2 por Kg de peso vivo producido en la granja. Unos datos que están aún en un estadio muy preliminar.

La realidad es que, a nivel europeo y mundial, se barajan parámetros sobre el impacto ambiental que supone la producción de un kilo de carne, aunque no hay una metodología armonizada. El proyecto Beef Carbon quiere promover sistemas innovadores de producción animal y prácticas que aseguren la sostenibilidad «técnica, económica, medioambiental y social» en las granjas de vacuno. Una hoja de ruta que necesita de la implicación y compromiso de los ganaderos para mejorar la huella ambiental.

El proyecto Life trata de involucrar a todo el sector y a todos los tipos de producción, por eso se han seleccionado distintos modelos en toda España, con el fin de anticiparse y ver en qué se puede mejorar. Al mismo tiempo, desde Asoprovac dejan claro que está previsto trabajar con aquellas medidas que presenten «a la vez» una ventaja medioambiental, «pero también económica». Por eso, se considera «fundamental» controlar el «coste-eficacia» a la hora de proponer cualquier tipo de plan de carbono a un productor.

El Grupo Miguel Vergara lleva desde principios de 2017 participando en el proyecto. Desde el primer momento, lo consideraron una «oportunidad» de evaluar la realidad en cuanto a «cuáles son realmente las emisiones de gases de efecto invernadero de los animales». De esta forma, como señala Pedro Martínez, director técnico, «partiendo del conocimiento de esa realidad, ser capaces de mejorar». Siempre han pensado, por ejemplo, que el hecho de sacrificar terneros a una edad temprana, alrededor del año de vida, «supone una menor emisión de gases de efecto invernadero». Algo que el proyecto Life Beef Carbon «puede ayudar a demostrar», así como a identificar otros factores que influyan positivamente en una mayor reducción.

Esta empresa defiende un proceso productivo «responsable» y quiere seguir avanzando en la promoción de esa responsabilidad en la cadena de valor. «Nos parece interesante estudiar nuestra situación actual, conocerla y mejorar los indicadores de impacto ambiental, siempre partiendo de una gestión empresarial ética y transparente». «Hay margen de mejora», como indican desde Asoprovac. Y es que, insisten en que «el sector produce emisiones, pero es capaz de ejercer un efecto sumidero de fijación de carbono».

 

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