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Tintes amarillos para las parcelas

SEPTIEMBRE. Arranca la cosecha del girasol con la expectativa de unos rendimientos «normales tirando a bajos» a causa de la sequía que dificultó su nascencia y desarrollo / Es el mes idóneo para la siembra de la colza, que confía en la llegada de lluvias

E. ORTIZ
16/09/2019

 

Dice el refranero popular que cada uno recoge lo que siembra. Palabras que para el girasol se reproducen, entre el ruido de la maquinaria recién arrancada, al pie de la letra. «Como hubo irregularidad en las siembras, la ha habido en el desarrollo del cultivo y, por ende, la habrá en la cosecha», adelantan desde Acor, que da hoy el pistoletazo de salida a una recogida que se prolongará hasta finales de octubre con un claro aliciente: dotar de «mayor protagonismo» a esta oleaginosa en la rotación.

La sequía, antagonista indiscutible de este año en el campo castellano y leonés, también ha hecho de las suyas en aquellas parcelas vestidas de amarillo. En el caso concreto de la cooperativa, hablamos de unas 6.000 hectáreas contratadas en total. «Es un cultivo que aguanta mejor la falta de lluvias porque su sistema radicular le ayuda a que las pérdidas sean menores que en otros como el cereal o el maíz», explica Joaquín Ortiz, desde el servicio Agronómico de la cooperativa, sin dejar de lamentar la «clara repercusión» de un invierno «nulo» en precipitaciones. «Cuando se acumula agua en el suelo antes de la siembra decimos que hay bodega en la parcela», explica para poder contextualizar esa repercusión, dado que el girasol en secano «se desarrolla en mayor o menor medida por la humedad» que tenga la bodega «en profundidad», dado que sus raíces «suelen meterse bastante».

Aunque todavía es pronto para poner datos fiables encima de la mesa, Ortiz ya estima que los rendimientos serán «algo más bajos que otros años». En este sentido, considera que si la horquilla de la producción suele oscilar, en el caso concreto de Acor, desde cerca de los 1.000 kilos por hectárea hasta superar los 2.000, esta campaña caerá a los 500 y sin llegar al máximo que por media dejaron las anteriores.

Como en cualquier ámbito, la esperanza también es lo último que se pierde en el agrario y las precipitaciones aun pueden mover ficha. Aunque el movimiento sea mínimo. Si octubre no es seco, las labores de cosecha de Koipesol podrán alargarse durante otro mes. Su técnico Carlos Blanco confía en poder hablar entonces de un año «normal». Esta es su perspectiva «a las puertas de una campaña en la que está todo por decidir, tanto las producciones como los precios» de los que, asegura, «todavía no se oye mucho».

Blanco utiliza contrastes para describir el mapa que dibuja esta oleaginosa en Castilla y León. Asegura que hay puntos de la región en los que está «muy bonito» como Burgos o Soria; y donde los resultados podrían estar «incluso por encima de lo habitual». Sin embargo, coloca en el otro extremo «al sur y al centro» de la Comunidad, donde el cultivo ya «se implantó mal» y se esperan unas producciones «muy flojitas». En conjunto, compensando unas zonas con otras, calcula que la media regional sea «normal tirando a baja».

Un recorte del que el técnico de Koipesol responsabiliza igualmente a la sequía. «El girasol puede aguantar el calor pero la falta de humedad hace que no se implante bien», concreta para añadir otra jugarreta de la falta de precipitaciones, en concreto de la que castigó a la primavera: «hay parcelas que tuvieron la suerte de que naciera bien pero luego no se han desarrollado en condiciones óptimas al escasear las reservas de agua en el suelo».

Desde la Unión Regional de Cooperativas de Castilla y León (Urcacyl) también señalan al sur de la Comunidad, especialmente a la provincia de Segovia, como la parte que saldrá peor parada en esta campaña. La culpa, indudablemente, de la escasez de lluvias. «Ya se sembró muy mal porque no cayó agua», recuerda el responsable de Agricultura e Innovación.

José María Santos explica que detrás de la amplia superficie de girasol que pinta de amarillo la región está la salida de «un mal año en el que el cereal dejó muchas parcelas vacías». Es decir, optar por este cultivo fue un remiendo al campo dado que «no había tempero en la tierra ni se contaba con el aliciente de unos precios apetecibles de la anterior campaña». A pesar de sumar más, son hectáreas en las que la siembra «se hizo mal» y solo ha salido a flote en aquellas parcelas en las que han caído «una o dos tormentas durante el verano». Rechaza, por tanto, una valoración positiva al conjunto.

El representante de Urcacyl insiste también en que aun es un poco pronto para hablar de rendimientos, pero confía en una cosecha que baile «dentro de la media». Lo que se traduce, grosso modo, en alrededor de 800 kilos por hectárea en secano que superarán los 2.000 en el caso del regadío.
apuesta clara

La carencia de lluvias ha marcado la campaña agrícola, dejando pérdidas millonarias para sus profesionales en muchos cultivos, con el cereal a la cabeza. El girasol, a pesar de tener mayor aguante, tampoco ha salido ileso. Pero, dejando de lado peculiaridades climatológicas adversas, el papel que juega en el campo regional es «clave». Tiene muchos pros y pocos contras. De hecho, en contra solo tiene la reticencia de los agricultores a dar el paso.

Desde Acor remarcan los «escasos gastos» que conlleva: «las semillas, los propios de la siembra y un herbicida que sirve tanto para hoja ancha como para estrecha», enumera Ortiz. «A pesar de exigir poco, continúa siendo secundario y el profesional muchas veces opta por él porque no le ha quedado más remedio», lamenta para hacer hincapié en que es «un cultivo muy a tener en cuenta», dados «los condicionantes que marca la Política Agraria Común (PAC)». Motivo al que suma la rentabilidad. Para decidir si realmente esta apuesta resulta rentable aconseja no fijarse solo en ella, sino «en el conjunto de la rotación» puesto que el girasol «ayuda a interrumpir ciclos de enfermedades y plagas».

En este tema juega un papel decisivo el precio. En el caso de la cooperativa, ofrece a sus socios uno mínimo garantizado de 320 euros por tonelada para el girasol convencional, que sube a los 360 en el caso del alto oleico. Cabe matizar que el contrato exige unos parámetros de calidad que no superen un 2% de impurezas, un 9% y un 44% de grasa.

Entre las dos variedades, Ortiz apunta al alto oleico como la que mayor interés despierta, sin tirar cohetes, entre los agricultores dado que su demanda a nivel de mercado es mayor por «la estabilidad del aceite que se consigue, que es más duradero y con mejores características desde el punto de vista de la salubridad».

Acor defiende, además, la «versatilidad» y el «fácil manejo» de un cultivo que cumple una «importante función ecológica» al ser el «único de secano» existente durante el periodo estival.

En Koipesol también lo tienen claro: es una buena opción, mejor que dejar «una parcela de barbecho dado que al final sale muy caro porque hay que mantenerlo limpio». En el mismo lado de la balanza, Blanco coloca los «gastos mínimos» del girasol. «Si el año acompaña y lo hacen también las tormentas de verano, habrá buena producción», asegura antes de subrayar que tiene una «rentabilidad relativa muy interesante» aunque, apostilla con una dosis de realidad, «no para hacerse rico». Añade la excelente labor de limpieza de malas hierbas y hongos.

Una clara prueba de todos estos beneficios que reporta es, para Blanco, que Castilla y León esté a la cabeza del país en cuanto a superficie de girasol que en esta campaña ha superado las 300.000 hectáreas, según los últimos datos disponibles. «Ya hemos adelantado a Andalucía y es porque el agricultor, que cada vez es más profesional, se va convenciendo de que hay que meter rotación en la explotaciones y que el girasol es buena opción», considera el técnico de Koipesol quien, a modo de conclusión, insiste en que es un cultivo «fácil y barato que, si suena la flauta, puede devolver una buena producción».

Para Urcacyl, esta oleaginosa es «necesaria» dentro de la rotación. «No deja de ser un cultivo que permite aprovechar superficies, además de abonos a los que el cereal no llega porque su raíz es mucho más pequeña», anota el responsable de Agricultura e Innovación. Asimismo, asegura que «con muy poquito» puede devolver una «buena rentabilidad» dado que «no solo diversifica cultivos sino que también lo hace con los ingresos». A todas estás características que le hacen «interesante», Santos añade la industria transformadora de la Comunidad que también suma en esos ingresos.

COLZA

Pensar en un campo amarillo también evoca la imagen de la colza. Y, para la misma, septiembre es momento de siembra, que se extiende hasta mediados de octubre. Una vez más, el campo tiene la mirada fija en el cielo con la esperanza de que este mes sí traiga lluvias que faciliten la preparación del terreno y, consecuentemente, una buena nascencia. Mientras tanto, Acor ya ha comunicado a sus socios una serie de trucos para comenzar con buen pie. El primero es el relativo al momento de arrancar motores: cuanto antes, mejor. Ortiz aconseja comenzar las siembras «lo antes posible» puesto que durante este mes «suele haber buenas temperaturas y el desarrollo inicial del cultivo será mucho mejor». En contraposición, advierte del «mayor riesgo de heladas tempranas» cuanto más se dilate en el tiempo el comienzo.

Las recomendaciones de la cooperativa se remontan hasta «el final de la cosecha anterior». Como el girasol suele llegar detrás de un cereal, resulta «favorable adelantar algo de labor e incluso aprovechar alguna tormenta de finales de agosto para ir haciendo suelo». Desde la cooperativa sugieren «mover un poco el terreno» dado que «cuanto mejor acondicionado esté el lecho de siembra, mejor saldrá el cultivo».
aliciente

Un aliciente para apostar por la colza, al menos en el caso de los socios de Acor, es que finalmente percibirán 355 euros por tonelada entregada durante el verano. Son 35 más del minino garantizado, que se fijó en 320 a condición de cumplir, como ocurre con el girasol, con unos parámetros de calidad que no excedan un 9% de humedad, un 2% de impurezas y un 42% de grasa.

Las buenas expectativas de la campaña que está a punto de comenzar justifican esta subida que viene a compensar el mal sabor de boca que dejó la pasada. Ortiz la define como «un tanto complicada por la falta de precipitaciones». En concreto, acusa a la escasez de lluvia durante los pasados meses de septiembre y octubre de «reducir mucho la siembra en secano». La permanencia de esta situación durante el invierno repercutió, posteriormente, en el regadío donde los riegos arrancaron un mes antes de lo previsto. «Si normalmente se dan desde mediados de abril hasta julio, en marzo ya hubo que empezar», apunta el técnico del servicio Agronómico de Acor antes de subrayar que para hablar de expectativas «hay que mirar al cielo» dado que son las precipitaciones las que «siempre determinan las siembras».

Por su parte, el responsable de Agricultura e Innovación de Urcacyl considera que el punto de partida de la colza continúa la línea del año que deja atrás. «No ha habido tempero para alzar bien las parcelas y, por ende, no se han hecho las labores en condiciones», lamenta Santos con una esperanza: «estamos todavía en tiempo». Un tiempo que limita, de la misma manera, a quince días. «Aun es estamos en fechas apropiadas para sembrar esta planta», confía antes de subrayar la necesidad de un «buen desarrollo» para poder estar en «fase de roseta» durante el invierno y soportar las heladas. «Cuando más nos atrasemos ahora, más difícil es que alcance ese estadio», lamenta.

El nuevo año agrícola da sus primeros pasos siguiendo los del anterior: con el temor de que el cielo haga caso omiso y no poder recoger lo que se siembra.

 

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