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AGRICULTURA

Los sucesivos otoños secos rebajan la colza

La región suma 22.462 hectáreas / Es «recomendable» en la rotación por sus beneficios

E.ORTIZ
22/07/2019

 

«No es un cultivo difícil, pero sí de detalles». Está «condicionado» por las precipitaciones de otoño. Una vez planteado, hay que controlar la aparición de plagas como el gorgojo. También exige estar alerta con el pulgón «antes y después» de la floración. En la antesala de la cosecha, debe graduarse la maquinaria. Conocidos estos requisitos que permiten «salvar errores», la colza devuelve unos «rendimientos bastante razonables». 

Julio es el mes de recogida de esta planta forrajera que pinta de amarillo los campos de Castilla y León. Los socios de Acor están inmersos en estas labores, con más de 4.747 hectáreas que se aproximan a las 22.462 en el conjunto de la Comunidad, un 36% menos que hace dos temporadas. En lo que respecta a las hectáreas contratadas con esta cooperativa, Valladolid se sitúa a la cabeza con cerca de 2.168.

«El objetivo de la campaña es recibir unas 15.000 toneladas», adelanta el técnico de la sociedad especializado en colza, para explicar que otros años las expectativas rondaban las 20.000. «Pero entonces había una mayor superficie en la región, que ha experimentado una rebaja generalizada por los otoños secos que estamos sufriendo», concreta Francisco Sánchez.

Y es que el cultivo queda en manos del agua que traiga esta estación. Hay que tener en cuenta que el regadío juega un papel pequeño, que «no llega al 20% del total», en los campos de colza castellanos y leoneses. «La mayor parte es secano y, por ende, está sujeto a ese régimen de lluvias», apunta para después detallar que la escasez de precipitaciones «dificulta la plantación mientras que si llegan tempranas facilitan una siembra correcta y tanto el desarrollo como los rendimientos son buenos».

Esta dependencia hace que la evolución de los datos del secano dibuje un «diente de sierra»; en cambio, puede apreciarse la «tendencia al alza» del regadío. «Sube porque es un cultivo muy seguro, con una rentabilidad muy buena, sobre todo los adaptados a explotaciones con pivot», traduce el responsable de Acor.

La última semana de septiembre o la primera de octubre, cuando los frentes del otoño hacen acto de presencia, se postulan como el momento idóneo para la siembra. «Hay que tener en cuenta que la temperatura del suelo es elevada y, si aparece la lluvia, va a germinar con facilidad. Cuanto antes sea el desarrollo inicial, mayor será el potencial de rendimiento», concreta el entendido en colza, quien recomienda que en el caso del regadío «se adelante a principios de septiembre» para aprovechar los últimos coletazos del verano.

Preparación

Si hay algo que exija esta planta es cuidar los detalles. Empezando por las labores preparatorias, momento en el que debe incorporarse el fertilizante. «Tiene buena respuesta a la fertilización», asegura para añadir que también la tiene a la cobertera. La recomendación de Acor en este punto es hacer el abonado en dos veces: diciembre y febrero. «Esto va a permitir que haya mucha masa foliar, es decir, mucha superficie de hoja que acumulará más reservas en la raíz», traduce su experto en colza.
La llegada de la primavera es sinónimo de controlar la aparición del gorgojo. «Para el agricultor particular es difícil identificarlo, pero desde la cooperativa ponemos una red de trampas por todas las comarcas con este cultivo y damos aviso a los socios para que estén al tanto y puedan hacer el tratamiento oportuno», explica para después matizar que también deben estar pendientes del pulgón «antes y después de la floración».

En lo que respecta a las enfermedades, Sánchez concreta que la mezcla de la sequía con las «oscilaciones muy grandes» del mercurio, en especial las heladas y las temperaturas «más altas de lo normal» en febrero, favoreció la aparición del gorgojo. «Esta salida fue muy temprana y pilló muy pequeño al cultivo, por lo que el daño potencial es mayor», lamenta tras justificar que si la llegada de este insecto se produce en hacia finales de marzo o abril «el perjuicio se diluye algo más porque como la planta ya está entallándose tiene más desarrollo».

El detalle propio de la época de cosecha lo marca la preparación para la misma. «Hay que graduar la maquinaria de forma correcta porque la semilla es muy pequeña y se cae con facilidad», concreta Sánchez asegurando que «los cortes específicos pueden reducir las pérdidas por debajo del 3%».

Una vez dominados estos requisitos, con el respaldo del asesoramiento que la sociedad brinda, el cultivo resulta «bastante rentable». Afirmación que el responsable de Acor justifica con los precios «más o menos estables» de lo últimos años que permiten «hacer números antes de plantear el cultivo y llegar a unos rendimientos razonables». A nivel nacional, oscila entre los 338 y 342 euros por tonelada. Lo que hace la cooperativa es contratar la colza a un precio mínimo de 320 que sirve de referencia en otoño y una vez que finaliza la campaña establece, en función de cómo ha evolucionado, «uno final de liquidación».

Beneficios

«Es un cultivo que sería recomendable que todos los agricultores tuvieran en la rotación». ¿Por qué? Dentro del listado de beneficios, Sánchez comienza resaltando el control de las malas hierbas y la mejora en la estructura del suelo. «Cuando se pone un cereal después de este forraje puede llegar a tener un 10 o un 20% más de rendimiento», celebra antes de añadir que «los restos de la colza dejan sustancias que limitan el desarrollo de hongos». Además, ayuda al profesional a «distribuir mejor el trabajo a lo largo del año» en su explotación.

Los ensayos en busca de mayores producciones continúan su curso en Acor, sin novedades de momento. «Normalmente la mejora genética es un proceso que lleva muchos años», contextualiza su técnico para aseverar que en los últimos «ya se ha notado un incremento en los rendimientos». Otra «vía de mejora», remarca Sánchez, es la reducción de la resilencia, es decir, la caída natural de la semilla cuando la planta ya está madura.

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