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«Somos supervivientes en un entorno integrado»

Los hermanos Carmen y Roberto López, naturales de Poveda de las Cinta (Salamanca), se dedican a la cría de tostones

M.C.
30/04/2018

 

La historia de los hermanos López Sánchez está vinculada a la explotación familiar. Naturales de Poveda de las Cintas, un municipio salmantino que se integra dentro de la comarca de la Tierra de Peñaranda, desarrollan su actividad agrícola y ganadera en un entorno donde «cada vez hay menos jóvenes». De hecho, Carmen y Roberto son los únicos ganaderos menores de cuarenta años. Una circunstancia que lejos de amilanarles, les reafirma en un trabajo diario que exige «mucho esfuerzo».
El día a día de estos dos jóvenes, dedicados a la cría y venta de tostones, es una buena muestra de esta dedicación sin tregua, de lunes a domingo. La jornada en la explotación familiar comienza temprano, en torno a las seis de la mañana, que es cuando ambos realizan la primera visita a las naves para alimentar a los cerdos. Un día a la semana, coincidiendo con el destete para llevar los tostones al matadero, el despertador suena incluso antes, exactamente a las tres de la mañana para prepararlo todo.

Es tiempo de partos, así que Carmen y Roberto vigilan también cualquier eventualidad. Las primeras horas del día hasta la hora de comer pasan en la nave, casi sin darse cuenta, atendiendo las demandas de los animales y «haciendo papeles». Y es que, estos jóvenes reconocen que cada vez «hay más burocracia». Aunque las tareas de la granja se reparten entre ambos, los hermanos López cuentan con un ‘planing’ semanal.

Los dos están acostumbrados a sobrellevar los avatares propios de cualquier explotación, ya que lo han vivido desde niños. Su padre puso en marcha el negocio familiar y ahora, según subraya Carmen, se muestran «orgullosos» de continuar con este oficio al que en su casa han dedicado tantas horas y que «han sacado adelante con mucho esfuerzo y sin la ayuda de nadie».

Aunque son cuatro hermanos, solo dos están vinculados al negocio familiar. Carmen es la pequeña y la única hija, ahora dedicada de lleno a la explotación. No siempre fue así. Inicialmente, esta joven de 30 años decidió estudiar un ciclo de formación profesional especializado en diseño y producción editorial. Hizo prácticas en un periódico de Salamanca, pero la falta de un trabajo fijo le llevó de nuevo a la granja, a la que siempre ha estado unida.

Su hermano Roberto, de 35 años de edad, siempre tuvo claro a lo que se quería dedicar. Se puede decir, en palabras de Carmen, que es «el más convencido» desde que terminó sus estudios.

En un contexto agrario que tiende al dimensionamiento en busca de una mayor competitividad, esta familia salmantina defiende un modelo de explotación familiar «que sobrevive gracias al esfuerzo y trabajo diario todos los días del año». Así lo explica Carmen, quien asegura que son «supervivientes» en un entorno de integración y de macroexplotaciones. Supervivientes frente al dimensionamiento que se impone en el medio rural.

La explotación cuenta con alrededor de 500 madres. Es una granja «pequeña», si se compara con las que se están poniendo en marcha últimamente en distintas zonas, con más de mil animales. De momento, estos jóvenes apuestan por este modelo familiar que les permite vivir de su trabajo, en un sector estable, sin muchos altibajos, como los que han tenido que padecer otros como el vacuno de leche o el ovino, con sucesivas crisis de mercado y precios por debajo de los costes de producción.
Carmen y Roberto no tienen trabajadores a su cargo, lo que aumenta la presión y la labor diaria. No hay apenas descanso, aunque los dos hermanos establecen pequeños turnos entre ambos que les permiten disfrutar de algún día libre o ciertas horas a la semana. La pequeña de la familia admite «librar» algún domingo, muy poquito más. Y es que, como ella misma subraya, «los animales no entienden de fiestas ni de puentes».

Poveda de las Cintas cuenta, como muchos municipios de las mismas características, con pocos atractivos, no solo para los jóvenes, sino para la población en general. Carmen y Roberto echan en falta servicios y «oportunidades». Sus amigos se han ido del pueblo a trabajar fuera, dentro de la tónica habitual, en un entorno agrario envejecido.

Por otra parte, la actividad ganadera no es sencilla. «No todo el mundo está dispuesto a soportarlo», es decir, a trabajar prácticamente los 365 días al año.

Carmen está orgullosa de su profesión, al igual que su hermano, aunque reconoce que «es difícil trabajar tan duro». Su idea es continuar con la explotación y seguir viviendo del porcino, como hasta ahora. De momento, comparte las tareas con su hermano, que se encarga, casi en solitario, de la parte agrícola, producción que sirve de apoyo para alimentar a sus animales. Ellos mismos hacen también el pienso para las madres.

La evolución a corto y medio plazo en la granja pasa por seguir invirtiendo en automatización. Ya cuentan con parte de la granja con estos sistemas. Una estrategia que ahorra costes, tiempo y esfuerzo. Tres elementos claves para avanzar en el medio rural.

A la administración le reclaman «más ayudas» y apoyo para avanzar. Por el momento, los precios se mantienen «estables», según estos ganaderos.

El sector porcino es un referentes nacional e internacional. La calidad de su producción, así como los estándares de bienestar y seguridad alimentaria son reconocidos en todo el mundo. Si el 2017 se cerró con un récord de exportaciones, este 2018 el reto es seguir conquistando mercados con sello de calidad, y apoyar el consumo de carne de porcino.

 

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