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REGULACIÓN

El salto de la actividad micológica hasta el turismo

CASTILLA Y LEÓN. Es uno de los territorios más importantes del mundo en cuanto a estos recursos / El interés que despierta esta práctica abre tanto el abanico de especies como las épocas de búsqueda

E. ORTIZ
14/10/2019

 

Pensar en el otoño es imaginar paisajes pintados en distintas gamas de marrones y calles vestidas con una alfombra de hojas en idénticas tonalidades. Esta estación también evoca paseos por el monte, sin plan para la ida pero con una vuelta cargada por un puñado de setas. Lo que antes era fruto de la casualidad, ahora se realiza con premeditación y a lo largo de todo el año. Cualquier época es buena para una búsqueda que, por otro lado, ha abierto el abanico de especies. La actividad micológica cada vez gana más adeptos la Comunidad, cuyo sector forestal la recibe con los brazos abiertos por los beneficios que le reporta.

Para procurarlos, y con la constancia de que esta práctica en alza es ya un atractivo turístico, entran en juego la Fundación Centro de Servicios y Promoción Forestal y de su Industria de Castilla y León, más conocida como Cesefor, y la Federación de Asociaciones Forestales de Castilla y León, Fafcyle. Cada una desde su ámbito de actuación, público y privado, pero ambas caminan en la misma dirección y bajo el paraguas del decreto autonómico que, desde hace dos años, regula este recurso silvestre.

La promoción de la micología en la región data de 1994, sustentada en cinco ejes fundamentales: la investigación para el conocimiento del recurso y su gestión sostenible; la planificación y regulación de la recolección de hongos silvestres de cara a su comercialización; la formación y profesionalización del sector; y el desarrollo tanto del micoturismo como de la truficultura en el medio rural.

El testigo de las iniciativas emprendidas en este marco lo recoge Micocyl, un «programa nacido de la I+D+i» al abrigo del Ejecutivo autonómico y varias diputaciones provinciales. «Más de 560 municipios» castellanos y leoneses» participan igualmente de esta «mejora progresiva de la gobernanza de todo el sector para optimizar la gestión y la valorización del recurso micológico», apunta su coordinador técnico antes de cercar este coto público en «más de 400.000 hectáreas».

Roberto Rubio sitúa los cimientos de Micocyl en «un sistema solidario de regulación a través de permisos de recolección» de estos hongos silvestres que encaja a la perfección con «el desarrollo micoturístico y mico-agroalimentario de los territorios rurales forestales participantes» permitiendo, además, «aprovechar múltiples oportunidades de financiación y cooperación europea».

Los distintos indicadores que controla esta base reguladora sacan a la luz «el interés creciente de la micología». Rubio pone como principal ejemplo «la expedición de permisos a pesar de las escasas producciones de hongos silvestres comestibles en los últimos años». Fundamento al que suma «las visitas a la página web, las descargas de la Micocyl App –que ayuda a recolectar en los montes regulados–, y el dinamismo tanto en el sector servicios como en el industrial de transformación y comercialización».

Muestreos

Desde principios de septiembre y hasta las primeras semanas de diciembre, Cesefor realiza muestreos de parcelas micológicas así como mediante recorridos variables por las masas forestales de la Comunidad. El objetivo último de este inventario es estimar y caracterizar la producción de setas silvestres en la región. Para ir más allá, a lo largo de este otoño, este trabajo de campo profundizará en la Reserva Micológica del Amogables, ubicada en el monte soriano Pino Grande.

Estas catas ponen de manifiesto «las fructificaciones relevantes y de muy buena calidad» de Boletus edulis en las provincias de Segovia, Soria, Ávila y Burgos, asevera uno de los técnicos. José Miguel Altelarrea apunta, como responsables directas, a las «generosas precipitaciones que tuvieron lugar en la segunda y tercera semana de septiembre». Unas lluvias, ansiadas durante todo el año, que dispararon las expectativas hasta poder presumir de «una buena campaña micológica». Sin embargo, lamenta este entendido, la «pertinaz sequía», reforzada por unos mercurios que se resisten a bajar como sería lo propio en esta estación, está provocando «el progresivo descenso de las fructificaciones por una disminución brusca de la humedad en el suelo».

¿Qué remedio necesita este mal que las setas comparten con un sinfín de cultivos? Pues el mismo que el resto: que las aguas vuelvan a su cauce y, por ende, a montes y campos. «Es necesario que, lo antes posible, se establezca en la Comunidad un escenario otoñal con precipitaciones generalizadas», asevera Altelarrea mirando no solo a esta especie, sino a todas de manera conjunta entre las que separa al Lactarius delicuis por estar «menos condicionada por la temperatura», pudiendo dilatarse en el tiempo hasta finales de diciembre. Tampoco es necesario llegar al otro extremo, pues «las temperaturas bajo cero y los periodos continuados de heladas severas paralizan el desarrollo de nuevos ejemplares de estas especies otoñales», aclara.

Bajo una mirada global de la Comunidad, Altelarrea vislumbra «una gran presencia de especies comestibles a lo largo de todo el año, como consecuencia de la enorme diversidad y riqueza de hábitats que existe». En el podio de las más socorridas, quizá por ser las más conocidas, coloca a las setas de cardo (Pleurotus eryngii), el Boletus edulis y los níscalos (Lactarius deliciosus).

Como un círculo vicioso, el incremento de la práctica lleva a un aumento del conocimiento sobre la misma y así sucesivamente. Y ello deriva en una apertura tanto del «abanico de especies» como de la «época de búsqueda», asegura este técnico de Cesefor antes de señalar que cada vez es más «habitual encontrar recolectores en pinares de alta montaña en busca de marzuelos o durante la primavera en pastizales a por perechicos». Esto, continúa, tiene una repercusión clara en la oferta micogastronómica, «siendo frecuente ver en restaurantes de la región especies antes menos conocidas» entre las que apunta a la Amanita caesaria o a la Boletus pinicola.

Producción

Altelarrea deja el balance de las recogidas en manos de la climatología. «Es difícil predecir las producciones futuras sin conocer las variables climatológicas más próximas», apunta tras aclarar que las fructificaciones relevantes de algunas especies «se han localizado en pequeñas superficies productoras de alta montaña», sin ser algo generalizado para todo el territorio autonómico.

También es pronto para hablar de beneficios. El coordinador de Micocyl concreta que los beneficios obtenidos por los propietarios dependerán «de los permisos expedidos en las próximas semanas» en virtud de esas fructificaciones que señala su compañero. Aunque aún hay que esperar para poner datos sobre la mesa, Rubio adelanta que serán «mejores que los dos últimos años» según permiten predecir las muestras recogidas en la red de parcelas de investigación, con el «impulso de las precipitaciones del final del verano». Una espera sobre seguro. Pues las estimaciones recogidas en la página web de Micocyl apuntan a unos beneficios de hasta 65 millones de euros al año en la región.

Y es que está Comunidad es uno de los territorios más importantes del mundo en cuanto a recursos micológicos, con unos bosques que albergan una producción bruta media de más de 31.000 toneladas anuales, entre las que tienen cabida las especies más apreciadas en el mercado internacional. Para dar protección a las mismas surgió la Marca de Garantía Setas de Castilla y León. El derecho de admisión de este distintivo, cuya titularidad recae en Cesefor, es el cumplimiento de las características y requisitos detallados en un reglamento que blinda una recogida sostenible.

Propietarios

El límite de lo público termina donde empieza lo privado. Y ahí es donde entra en juego Fafcyle, que trabaja con los propietarios en aras de blindar una gestión sostenible de sus montes. La gerente de esta Federación concreta que desde las distintas asociaciones forestales que la componen están «asesorando y gestionando acotados y, sobre todo, reservados micológicos». Una mediación que justifica la preocupación de los dueños por la «conservación» de su propiedad que en muchos casos, la mayoría por «desconocimiento», se ve «comprometida por la recolección indiscriminada que se hace en época de explosión».

Olga González pone de manifiesto que la actividad micológica es hoy «una de las más populares y con mejores perspectivas» dentro del sector forestal. «Aunque estamos hablando de un recurso frágil que forma parte de un ecosistema vivo, que tiene que mantenerse en equilibrio y, para ello, debe conocerse y respetarse», considera antes de extender el «riesgo de no formar, informar y controlar» a toda la «actividad económica relacionada directa e indirectamente» con el mismo.

La gerente de Fafcyle asegura, tras esta advertencia, que la importancia del patrimonio micológico de Castilla y León no está solo en su valor económico, que según el Programa de movilización de los recursos forestales ronda los 14 millones en la producción primaria y los 26 en la industrial; sino que «a mayores aporta otro añadido de 25 millones para el sector terciario».

Cifras a las que añade las que deja lo que hoy en día es un «foco de atracción de aficionados»: el turismo micológico que capta a «más de 250.000 personas que buscan algunas de las más de 2.700 especies de setas y hongos que crecen en los bosques castellanos y leoneses». Dentro del ámbito privado, González da protagonismo a la trufa como el recurso con «mayor proyección y futuro» dado el plus que deja en las explotaciones y el impulso recibido con una línea de ayudas dentro del Programa de Desarrollo Rural.

En 2016, y con el respaldo de la Fundación Biodiversidad, Fafcyle puso en marcha el proyecto Micoplus como «una apuesta por avanzar en el modelo de gestión privada del recurso micológico para salvaguardarlo, mejorar su trazabilidad y garantizar una seguridad alimentaria» a través de la creación de acotados y la divulgación de buenas prácticas para asegurar la sostenibilidad. Esta iniciativa fue la antesala del decreto, al crear «un nexo de unión entre los agentes implicados y la cadena de valor mediante la generación de permisos de recolección y la firma de contratos».

A juicio de González, «no ha pasado el tiempo suficiente» para comprobar el efecto de esta normativa que, lamenta, «no recoge la parte más demanda por los propietarios privados en cuanto a la vigilancia y las sanciones».

Con una época de setas extendida a todo el año, la gerente de Fafcyle celebra el trabajo llevado a cabo entre la Administración, Cesefor y las asociaciones. «Estamos contribuyendo a que nuestra región sea una potencia micológica por nuestro extenso, valioso y biodiverso patrimonio forestal, así como por los pasos que estamos dando para fortalecer y reglar el sector», evalúa para concluir con la certeza de que este turismo beneficia a todos.

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