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El reinado nacional de la patata

ÉXITO Santiago Domínguez es uno de los mayores productores del país con 238 hectáreas de este cultivo / Este agricultor vallisoletano contrata a 160 empleados para los meses de cosecha

ELSA ORTIZ VALLADOLID
20/05/2019

 

Santiago Domínguez mira con orgullo los logros que ha cosechado en la última década. Lo hace a través de la ilusión que irradian los ojos de su padre, de quien recogió el testigo hace diez años. Un legado físico que, sulfatado con el buen hacer inculcado en su casa desde que tiene uso de memoria, este joven de 39 años ha elevado a la máxima potencia.

En las tierras de esta familia de Nueva Villa de las Torres siempre ha habido una parcela reservada para las patatas. Siembras en pequeñas escalas, en un primer momento, que progresivamente han ido sumando hectáreas hasta las 238 actuales que sitúan a Santiago en los primeros puestos del país. Si Castilla y León reina en el ámbito nacional con este cultivo, la corona la lleva este vallisoletano.
Una «buena organización» es su bastón de mando. «Es la clave, como en cualquier otra empresa. Con una programación adecuada y las cosas bien atendidas, resulta realmente sencillo», confiesa para colocar las enseñanzas de su progenitor como el elemento principal de su fórmula de éxito.

Para este joven agricultor, dos ejes sostienen el triunfo de la patata autonómica: la escasa rentabilidad de la remolacha y la profesionalización del sector. «Hemos sido capaces de salvar el problema que teníamos con los intermediarios que se aprovechaban mucho de nuestra falta de conocimiento y no cumplían ni contratos ni palabras», reprocha antes de celebrar que ahora «el campo está a la orden del día gracias a los medios de comunicación y a Internet».

Santiago es uno de los productores de Patatas Meléndez, la empresa vallisoletana que lidera la distribución de este tubérculo en España. El «respeto mutuo» y un «trabajo muy cercano» son la base de esta relación que surgió hace un lustro. «Congeniamos realmente bien, estamos unidos de una manera muy profesional y organizamos cada año conjuntamente los cultivos», concreta. Insiste, como voz de la experiencia, en no delegar en terceras personas sino estar al pie del cañón durante todo el proceso. Una férrea decisión que, en su caso, revierte en una «seguridad rentable» con un precio «más o menos garantizado» para el 90% de su producción, que es la cantidad que maneja con este distribuidor de Medina del Campo.

Para el porcentaje que tiene «libre», este vallisoletano augura «un precio bastante razonable porque el mercado va a estar desabastecido». El aval a estas expectativas, que irán acompasadas por «calidad y buenos rendimientos» –que en su caso rondarán las 45 toneladas por hectárea–, está en Europa. «No hay patatas», resume para adelantar que en Cartagena y Sevilla, donde ya han empezado a arrancar, «no dan a basto y van muy rápido». Escenario que repercutirá, a su juicio, positivamente en el regional cuando empiecen las cosechas en julio.

Es en este momento, durante los meses estivales de recolección, cuando este nuevavillense da vida a su pueblo. Vida y trabajo. Pues al respaldo de su hermano y los dos empleados fijos que le acompañan durante todo el año suma hasta 160 en verano. Cifra que cobra aún más fuerza en su contexto: un municipio con 294 habitantes.

Sanidad y producción

Procura ir «siempre un poco por delante del núcleo fuerte» de Castilla y León, para lo que siembra entre el 25 de febrero y el 25 de marzo. Ahora el verde viste sus tierras. El color de la esperanza es reflejo, además, de unos niveles sanitarios «importantes». La responsabilidad de este escenario recae en las lluvias, más bien la falta de las mismas. «Los riegos se hacen a la carta, cuando la patata realmente necesita agua», explica Santiago para asegurar que «aunque a priori el gasto sea mayor, el ahorro llega en términos de sanidad y rendimientos».

Un panorama totalmente contrario es el que la sequía dibuja sobre el cereal y los viñedos, cultivos que también tienen cabida en su explotación. «Este es un año bueno para la patata, malo para el cereal que ni siquiera dará para cubrir los costes de producción, y escaso para las viñas donde es posible una rebaja del 30%».

Santiago considera que las puertas de la agricultura se abren con dos llaves: inversión y emprendimiento. Y él no ha dudado en utilizarlas. El fruto recolectado de «la lucha y el esfuerzo» de estos diez años, desde que tomó las riendas tras el relevo generacional, lo ha invertido en viñas que, hasta este momento, estaban dentro de la denominación de origen Rueda.

Aunque desde el amparo de la misma gozaba de una «gran proyección de futuro», la subida hasta las 55 hectáreas que ahora conforman la plantación de vides de este joven alimenta su inconformismo. «La ilusión de todo aquel que tiene una viña es hacer su propio caldo y comercializarlo. Por supuesto que no es una tarea fácil, pero es mucho más bonito contar con una bodega propia», describe a modo de presentación de la suya. El producto estrella de este proyecto que está a punto de culminar será un vino «con nombre de joya»: Pandora.

A pesar de la ilusión de embarcarse en una nueva aventura en mayúsculas, Santiago no olvida que partió «de la nada». Con la experiencia acumulada durante su travesía entre patatas y uvas anima a quienes como él trabajan el campo «a intentar siempre ir más allá, emprender e innovar para dar un valor añadido a la materia prima».

Este nuevavillense repasa con atención cada paso que ha dado, siempre al abrigo de su padre, que está a punto de soplar las 79 velas. «Me ha visto crecer y está disfrutando con ello, porque él me lo ha inculcado todo», cuenta con un hilo de emoción dado que, asegura, «la ilusión de ver sus enseñanzas elevadas al máximo nivel» ha sido el aliciente que ha permitido a su progenitor ganarle el pulso a «una enfermedad muy grave».

Junto gran respaldo familiar recibido durante este tiempo, Santiago destaca otro bastón que le ha servido de apoyo durante este camino: la «envidia sana» que desprende su pueblo, Nueva Villa de las Torres. «Aquí todos los agricultores nos llevamos bien. En cada campaña nos ayudamos y lo ponemos todo fácil. Somos un ejemplo muy grande», celebra en un mensaje de agradecimiento a sus vecinos.
panorama regional

El panorama que el rey de la patata, como él mismo reconoce entre bromas, dibuja desde este municipio vallisoletano es extrapolable al resto de la región en términos de sanidad, producción y precios. Los tres acompañados de adjetivos positivos.

En términos generales, las siembras «ya prácticamente han culminado» en la Comunidad. La rapidez caracteriza este periodo de esta temporada pues la pasada, recuerda el presidente de la Asociación de Productores de Patata de Castilla y León, finalizó en julio. A pesar de esta premura, Eduardo Arroyo puntualiza que «el frío de abril» frenó «un poco las nacencias» que llegan con unos «diez días de retraso».

La falta de lluvias, continúa, permite hablar de una campaña «excesivamente sana» y con una calidad superior a la de la anterior. «Este tiempo atípico no perjudica para nada a la patata; de hecho, los años secos suelen ser mejores para el regadío», insiste antes de estimar que en unas diez jornadas esté «nacido un 80% de la siembra». Porcentaje que demuestra, reprocha, que los agricultores castellanos y leoneses han hecho caso omiso a su consejo de escalonar.

Al igual que Santiago, el máximo responsable de Asociación de Productores de Patata de la región celebra el panorama europeo. «El año pasado partimos de una situación muy bloqueada por el exceso de mercancía que había en Francia», contextualiza para señalar que en el momento en que Castilla y León empiece los arranques «el mercado estará muy vacío y con precios altos».

La fecha problemática, a juicio de Eduardo, estará en torno al 15 de agosto. «Es un momento decisivo porque no podemos juntar nuestra cosecha, que ya lo hará dentro de la región, con la que todavía no haya terminado en Albacete, que tienen sembrado bastante más que otros años», advierte al tiempo que tacha inconvenientes para las tardías que devolverán, entre mediados de septiembre y mediados de octubre, patata agria «que va muy bien sobre todo para la conservación». Y aquí, en la conservación, es donde este agricultor ve un buen filón puesto que, asegura, las prohibiciones en el país francés se traducirán en complicaciones para ellos y en una buena posibilidad para España y, por ende, para la región. «Hasta ahora llegaban a julio con remesas del año anterior, pero sin conservantes no lo tienen tan fácil. Y eso nos puede venir muy bien a nosotros», valora para sentenciar que, con este escenario de fondo, si son capaces de «manejar un poco la campaña, no debería de ser muy complicada».

Perspectivas

Abiertas de par en par las puertas de las oportunidades, Castilla y León puede esperar precios razonables. «Hoy, en Sevilla y Cartagena, hablamos de unos 50 céntimos; unas perspectivas que, por supuesto, nosotros ya descartamos», contextualiza Eduardo para estimar que la Comunidad estaría «bastante bien con unos 25 céntimos o algo más».

En cuanto a la superficie, los datos oficiales desmontan las previsiones. «Las cifras reales hablan de cerca de 19.000 hectáreas, es decir, 500 menos que el año pasado», concreta el representante de los productores antes de reconocer que esperaban «unas 1.000 o 1.500 más». Sin embargo, matiza, «bien manejadas son un número suficiente».

Las Organizaciones profesionales agrarias (Opas) autonómicas vaticinan una «campaña interesante» que justifican con unos «almacenes vacíos». Son prudentes pero esperan que el sabor de boca que deja una «temporada limpia» y una climatología «propicia para la siembra» pueda ser garante de buenos precios.
La patata, como otros muchos aspectos de la región, está a expensas de los resultados de las elecciones del próximo domingo y del Ejecutivo regional que estas configuren. «Una vez que se aclare quién va a gobernar durante los próximos cuatro años y se estabilice la Consejería, pondremos sobre su mesa una serie de peticiones concretas», adelanta Eduardo para ejemplificar con aspectos como la Interprofesional, que se encuentra en stand by; la mejora de «una serie de parámetros» dentro de los seguros puesto que «son muchos los agricultores que no encuentran cubiertas sus necesidades»; o «el control y la organización de unas siembras escalonadas» que, como ya advirtió durante las tempranas, es «algo importantísimo» que, a pesar de los intentos de la Asociación, no se ha cumplido.

 

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