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ALTERNATIVAS

La quinoa busca compradores

HÁNDICAP. Los agricultores que experimentan con este cultivo aseguran que es «fácil y rentable», resultando «interesante» en un «escenario en el que se encadenan las sequías» / Abogan por un contrato de venta que blinde la salida de sus cosechas

ELSA ORTIZ
21/10/2019

 

Castilla y León está empapelada con carteles en los que se puede leer en letra bien grande, reflejo de la urgencia, las palabras Se busca. En el centro del póster no aparece el retrato de un fugitivo peligroso por cuya captura se ofrece una suculenta cifra. Tampoco está plasmada la fotografía de un animal doméstico, junto a un sucinto listado de detalles que cuentan cómo es, que se ha desorientado y está perdido. En la diana de la búsqueda no hay profesores particulares ni puestos de trabajo o posibles candidatos que se postulen a los mismos, menos aún inquilinos dispuestos a compartir un piso de alquiler.

En la pancarta figura la siguiente descripción: pseudocereal de la familia de las Quenopodiáceas, con elevado contenido en proteínas e hidratos de carbono. No contiene gluten pero sí mucho hierro, siendo apto para celíacos así como para diabéticos. Favorece el rendimiento mental y planta cara al estrés. Este superalimento es un imprescindible en las dietas de veganos y deportistas e incluso despegó con la NASA dentro del menú de sus astronautas. Como cultivo, continúa la exposición, es sencillo y consigue despertar la curiosidad y el interés de los profesionales del campo, a pesar de ser incompatible con el uso de herbicidas.

Una imagen de un campo de quinoa, en el que se funden tonalidades verdosas y rosáceas, ilustra esta presentación. Y lo que se busca, concretamente en el caso castellano y leonés, son compradores. En mayúsculas. La predisposición de los agricultores a reservar un hueco en sus parcelas para estas semillas echa un pulso constante con la búsqueda de salidas para cosechas sentenciadas al fracaso.

En el municipio leonés de Bercianos del Páramo no tiran la toalla. O al menos no quieren tirarla. Raquel Rodríguez y su padre, a quien convenció hace tres años para indagar las posibilidades de esta alternativa, deliberan qué factor puede haber dejado «sin grano a algunas» de sus plantas. La joven responsabiliza a la sequía que ha caracterizado este año agrícola, mientras su progenitor no descarta una posible enfermedad. Tampoco están exentos de toda carga «los 40 litros que cayeron justo en pleno proceso de floración, entorpeciendo un poco el crecimiento».

En cualquier caso, e independientemente del culpable, «no afectó a toda la finca» que suma cerca de 20 hectáreas de quinoa que, sembradas en marzo, suponen el tercer intento de Raquel. En el primero, con seis hectáreas, fallaron las semillas que trajo desde Andalucía; y en el segundo, que realizó al abrigo del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), la modalidad. El regadío no funcionó como esperaba y, buscando que a la tercera llegase la vencida, para esta campaña optó por el secano. El balance es «bastante bueno», salvando la excepción de esas plantas en las que el grano se había convertido en «una especie de polvo». Para la valoración positiva, esta agricultora tiene en cuenta que se trata de un terreno «en el que hace tiempo que no se plantaba nada». Por eso, considera, «tan mal no ha resultado».

El pseudocereal berciano reposa desde el 5 de octubre en un almacén, donde pierde «un poco de humedad» que adquirió al terminar la recogida por la noche. Todavía no se ha pesado, pues resta volver a limpiarlo, pero Raquel calcula unos rendimientos próximos a los 500 kilos por hectárea. «Tampoco ha salido mal del todo, pensábamos que tendríamos menos», reconoce con una sinceridad contextualizada en una campaña marcada por la falta de precipitaciones en la que los hongos no han hecho, a priori, saltar las alarmas.

Esperanza

Subsanada la inexistencia de seleccionadoras en Castilla y León para limpiar la quinoa –y separarla del cenizo o genijo, una especie de hierba con la que guarda muchas similitudes– con un segundo pase por la cosechadora, Raquel agarra la mano de su padre con convencimiento: «hay que buscarse la vida como sea». Habla de la comercialización con la esperanza, que es lo último que se pierde, de salvar este bache. El más hondo de la carretera de este cultivo.

En el municipio leonés no cesan de tantear soluciones ya sea con «una cooperativa o con una empresa que fabrique yogures con quinoa», ejemplifica esta joven antes de lamentar la «inexistencia de contratos fijos que blinden la venta». Entre las trabas que dificultan la apertura de las puertas a la comercialización de este pseudocereal asoman, a su juicio, los kilos. «Está claro que no es lo mismo vender 3.000 que 20.000», compara con la certeza de que la llave es más precisa cuanto mayor es la cantidad.

Esta consideración permite a esta agricultora hablar con optimismo. Aún conserva en sacas kilos de la pasada campaña que, tras una limpieza de puesta a punto, sumará a los de está con la intención de alcanzar una «mejor salida». Confía en dar con ella porque, asegura, de momento mantiene intactas las ganas. Prueba de ello es que continúa inmersa en microensayos con los que persigue «acertar con las semillas», que poco o nada tiene que ver con las que sí funcionan en Andalucía por el papel fundamental que el terreno juega en el resultado final. La de este año tampoco ha sido la adecuada «para el secano pues resulta muy bajita», por lo que volverá a intentarlo para hallar «la clave que permita sacar una mayor producción».

Raquel deja a un lado los kilos o el tamaño para subrayar lo más importante: «el cultivo se da, tanto en secano como en regadío, resultando similar al maíz pero con menos gastos porque pagas la semilla y, a lo sumo, un tratamiento para las pulguillas». Le gusta esta alternativa para el campo berciano y está dispuesta «a tirar para adelante» con la misma aunque le conlleve algún tipo de añadido como el porte del camión. «Una campaña sin vender puede pasar, con una segunda fallida podemos apostar otra vez, pero tampoco vamos a estar eternamente perdiendo tiempo y dinero», razona para abogar por «un contrato que asegure la salida». Porque «sin posibilidades de venta», como sí hay al sur del país «con mejores o peores condiciones», solo quedará «desistir» en el empeño. «A mí me gusta mucho más que un cereal tradicional, pero lo que no puedo hacer es sembrar para llenar una nave de quinoa o recorrer los supermercados para poder venderla», concluye esta joven que confía en que habrá luz al final de este túnel. Al otro lado del mismo resuenan hasta mil euros por tonelada en ecológico.

De momento, la calma y la cautela rigen, bajo el mandato de la esperanza, en este municipio leonés donde esperan a que lo recogido termine de secarse para pasarlo de nuevo por la cosechadora, ya que el precio que pueda alcanzar está directamente ligado a su limpieza.

Ciclos más cortos

Mateo Cuesta lleva «toda la vida» trabajando en un laboratorio agrícola. Por sus terrenos, ubicados en la zona de Benavente, han pasado distintas variedades de maíz. Experimentos que desde hace tres años alterna con los que lleva a cabo en «microparcelas» donde, al amparo del Itacyl, ensaya con diferentes variedades de quinoa. «Me parece un cultivo interesante y me animé a probar», justifica con simplicidad.
Detrás del ensayo-error que acaba de afrontar su tercera campaña en el campo zamorano está, coincidiendo con las intenciones de Raquel, dar con la horma para este zapato. Dicho que en este caso viene a traducirse en la variedad que mejor respuesta dé en esta tierra, con sus peculiaridades y las de la climatología que la envuelven. «Aquí no se reproduce el mismo patrón que en Andalucía y son necesarios ciclos más cortos porque no llegan a granar del todo», distingue.

Un «par de tormentas» que cayeron en la comarca benaventana han dejado huella en la quinoa de Mateo. «Por este motivo está un poco peor, pero normalmente resulta muy buena», asegura para señalar como único hándicap de este cultivo la falta de herbicidas. «Al ser de misma familia que el cenizo no existe un tratamiento apropiado para abordarlo y la limpieza de estas hierbas debe hacerse a mano», concreta para restarle importancia al mirar hacia una comercialización «inexistente».

Este agricultor considera que la quinoa, con la «promoción» disparada que como alimento tiene a sus espaldas, podría ser una alternativa «rentable además de interesante» para Castilla y León. Sin embargo, Mateo reconoce que el pero tira de este pseudoceral con más fuerza y en dirección contraria. «Si produces 3.000 o 4.000 kilos y no puedes darles una salida o la encuentras por un precio muy bajo, terminarás volviendo a poner todas las cartas sobre el trigo para no complicarte», discurre a modo de conclusión.

«Es una lástima», responde a la misma Martín Paredes, quien no duda del «buen resultado» de esta planta para los castellanos y leoneses cuyo campo de batalla es un «escenario en el que se encadenan las sequías» dado que, asegura, «no necesita mucha agua». En su caso concreto, en regadío, le ha valido «con un poco de humedad para el nacimiento» a la que, durante julio, ayudó con unos «24 litros semanales». En agosto, matiza, «ya no hubo que regar».

Este agricultor recogió en septiembre cerca de 3.000 kilos «muy buenos» del par de hectáreas que sembró a mediados de mayo, libradas todas las heladas, en Soto de Cerrato. «Podría incrementar la superficie pero lo que no voy a hacer es llenar una nave entera de quinoa», reprocha en el contexto de una protesta que coincide por la formulada por sus compañeros de profesión y de experimentos: «no hay forma de venderlo». Clamor tras el que eleva la petición de «contratos que garanticen un precio y una salida después de la cosecha».

Martín tira de lo racional para argumentar su solicitud. «Ya hemos visto que el cultivo se adapta bien y puede producir, es más, resulta fácil alcanzar kilos», comienza detallando para añadir otros puntos a favor como «el poco agua que demanda y el buen aguante que presenta ante la falta de precipitaciones». Es una opción agrícola exenta de «inconvenientes» más allá de las labores manuales para limpiar que, en el caso concreto de este palentino, ni siquiera han hecho falta. «La quinoa ha salido prácticamente despejada», celebra antes de concluir que, con este telón de fondo, «solo falta blindar la comercialización» porque «a ciegas no puede hacerse nada».

Será entonces, con este blindaje, cuando Martín, Mateo y Raquel puedan continuar con su apuesta de manera holgada y envidar más hectáreas a este pseudoceral con el garante de que todo su esfuerzo no va perderse en sus almacenes donde, a día de hoy, su cosecha de quinoa sigue buscando compradores.

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