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Los principios activos de las algas al servicio de «cualquier agricultor»

La empresa burgalesa Ficosterra emplea la tecnología BCB para «reparar» la merma productiva que provocan los agroquímicos /Su director asegura que la rentabilidad aumenta entre un 8 y un 12%

DIEGO SANTAMARÍA
04/03/2019

 

La reducción del impacto medioambiental prescindiendo de productos agroquímicos no está reñida con «el rendimiento ni la calidad de las cosechas». Tampoco desentonan los laboratorios en los modelos de economía circular que propugnan alternativas viables para garantizar la sostenibilidad del planeta y el futuro del sector agrario. Aprovechar los recursos que brinda la tierra y reducir paulatinamente el uso de fitosanitarios en el campo requiere «soluciones biotecnológicas» capaces de asegurar buenas producciones. Y qué duda cabe, a estas alturas de la película, sobre el papel que cumplen las algas en todo este proceso. 

Ficosterra, filial burgalesa de Hispanagar, nació en 2016 con el objetivo de brindar a los agricultores abonos orgánicos a partir de un recurso marítimo que «históricamente» ha sido «fuente de fertilización para los campos». Para ello, la empresa se vale de la tecnología BCB(Biological CropBooster), que básicamente consiste en «aportar al suelo una microbiota que lo regenera y le devuelve su potencial productivo».

Lo mejor de todo, tal y como apunta el director general de la compañía, Luis Lombana, es que la tecnología BCBconsigue «reparar» la pérdida de productividad ocasionada por el «uso continuado de fertilizantes químicos y minerales» que, con el paso del tiempo, han «mermado significativamente la microbiología del suelo». No hay que olvidar además que «cuando vamos a un bosque y vemos la riqueza del suelo, lo fresco que está, es por lo abundante que es la vida microbiana». Por lo tanto, la misión de Ficosterra es buscar esa «riqueza» para que «pueda estar también presente en los suelos agrícolas».
Tradicionalmente, las algas «se recogían de las arribazones en las playas, se aportaban al suelo y mejoraban los cultivos», por lo que «los que vivíamos tierra adentro no nos hemos podido beneficiar de ello hasta ahora». Sin embargo, Lombana subraya el logro de Ficosterra a la hora de lograr que «estos principios activos del mar los pueda usar cualquier agricultor y cumplir, al mismo tiempo, con las normativas vigentes».

Para poner a prueba su efectividad y verificar científicamente que «el aporte que tienen en micronutrientes es muy alto», la empresa burgalesa desarrolla un «programa continuado» que permite «demostrar la eficiencia de la tecnología BCB en numerosos cultivos y condiciones de suelo». Por ahora, los resultados son «muy positivos», ya que la rentabilidad de los cultivos se incrementa entre un 8 y un 12%. Además, «como denominador común vemos una mejora sanitaria de las plantas, más fuertes y espigadas», apostilla Lombana.

Con el fin de «cubrir una amplia variedad de zonas y tipos de cultivo», ya sea en «extensivo, intensivo, orgánico y convencional», Ficosterra traslada sus ensayos a diferentes zonas del país para testar resultados. En Castilla y León, las pruebas se desarrollan en Palencia con campos de «alfalfa o patata». De igual manera, el análisis de rendimientos se extiende también a vides y alfalfas en Aragón, cítricos y frutos rojos en Huelva, cultivos hortícolas en Almería y cítricos en Valencia.

A punto de cumplir tres años de actividad, la filial burgalesa de Hispanagar comercializa su propio bokashi, «una enmienda orgánica compuesta por algas fermentadas activadas con la tecnología BCB», y un bioestimulador que funciona como «activador biológico del suelo con extracto de algas y microorganismos». Asimismo, su catálogo también incluye un biodigestor de residuos orgánicos para desodorizar y acelerar la descomposición de materia orgánica y tierras de diatomea que se utilizan como desinfectante en estabulaciones ganaderas.

Aunque los biofertilizantes ganan cada vez más terreno en el mercado, Lombana duda de que los productos orgánicos vayan a desplazar a «medio o largo plazo» a los fitosanitarios porque sería como«pensar que el coche eléctrico sustituirá completamente a los de gasolina». De momento, vaticina que «convivirán ambas formas de cultivar», aunque se atreve a pronosticar un «fuerte crecimiento» de los abonos naturales. Sea como fuere, Ficosterra trabaja actualmente en la consolidación de una «red de distribuidores en España» mientras se plantea dar el salto, este mismo año, a Marruecos y Europa central, concretamente a «Alemania, Polonia y Rumanía».

De cara al futuro, Lombana remarca que la empresa atesora «mucho espacio de crecimiento y desarrollo de nuevas ideas». Eso sí, el principal objetivo es «mantenernos en la vanguardia de la industria ofreciendo soluciones innovadores». Lo más inmediato, según avanza, es un proyecto de «extracción de fitohormonas» cuyas pruebas en laboratorio y ensayos iniciales han arrojado «resultados espectaculares». Así pues, se muestra convencido de que este nuevo producto será «disruptivo».

A la hora de hablar sobre las propuestas que giran en torno a la economía circular y la implicación de las administraciones al respecto, el director general de Ficosterra considera que la Junta de Castilla y León «tiene las ideas muy claras sobre esta temática y se está moviendo en la dirección adecuada». En este sentido, sostiene que la concepción de los residuos como recursos es una «excelente forma de reducir el impacto medioambiental de los procesos industriales y agrícolas».

De cara a la PAC y los compromisos adquiridos en materia de sostenibilidad, Lombana cree que «disponer de una regulación más flexible ayudaría sin duda». En su opinión, a día de hoy «el desarrollo tecnológico va por delante del regulatorio», lo que «en muchas ocasiones» supone un «freno» para «empresas innovadoras como Ficosterra».

 

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