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La poda invernal, clave para la producción en Las Caderechas

Inicio Las lluvias ralentizan el inicio de una tarea «artesana» que «marca la diferencia» si el tiempo acompaña / La instalación de vallados permite evitar el acceso de la fauna salvaje

GERARDO GONZÁLEZ
26/11/2018

 

Con la llegada del invierno, las delicadas tareas de poda en los árboles frutales del Valle de Las Caderechas (Burgos) marcan el inicio de la campaña. A priori, tal vez parezca una tarea necesaria pero no demasiado importante. Sin embargo, el dominio de técnicas adecuadas, tal y como apuntan los productores de la zona, resulta determinante de cara a la producción al margen de las condiciones meteorológicas que, obviamente, constituyen un factor clave a la hora de la cosecha. Lo bueno, por ahora, es que la sequía no constituye problema alguno por el momento.

Por contra, las lluvias han «ralentizado» en buena medida estos trabajos, aunque no suponen un handicap insalvable para comenzar las podas. Una vez solventado este condicionamiento, los productores adheridos a las marcas de garantía de la Manzana Reineta y Cereza del Valle de las Caderechas subrayan la necesidad de prestar especial atención al «estilo de corte» y la «forma del ramaje» de los frutales en función de las «peculiaridades y ubicación» de las fincas. Por ello, pese a que las nuevas técnicas y posibilidades de la poda se exploran constantemente gracias al apoyo formativo de profesionales del sector, el conocimiento adquirido «generación tras generación» es, sin lugar a dudas, uno de los valores más apreciados por los fruticultores a la hora de encarar este proceso.

Si algo tienen claro los fruticultores de Las Caderechas es que un corte correcto durante la primera etapa de la campaña «marca la diferencia». Lo misma da el cerezo que el manzano. A nadie le cabe duda a estas alturas de que una poda adecuada determinará la futura producción del árbol en cuestión. Por este motivo, las tareas se llevan a cabo de una manera «totalmente artesana» con una excepción: la utilización de tijeras eléctricas que permiten «eliminar solamente las ramas que frenarían el desarrollo de la floración». Por lo demás, las innovaciones llegan única y exclusivamente de la mano de nuevas técnicas, fruto de la investigación constante de profesionales de todo el país que analizan al detalle el desarrollo y evolución de los frutales con los que trabajan, como si de un banco de pruebas se tratase.

A la hora de proceder con el tradicional método de cortar «una a una» las ramas de los frutales de forma manual con tijeras, el productor comienza a «diseñar» el ramaje de su árbol para que, una vez llegue la primavera, la floración pueda ser lo más «equilibrada» posible. Esta actuación resulta especialmente importante, pues una poda correcta, tanto en las flores como en sus frutos, garantizará una «cantidad óptima» de luz solar -si el tiempo acompaña, claro está- capaz de generar frutos de calidad a lo largo y ancho del valle, tal y como viene siendo habitual durante los últimos años.

Conscientes de la importancia de la poda como factor clave en un futuro a corto plazo, los productores del Valle de Las Caderechas llevan más de un lustro apostando por la formación, tanto técnica como teórica, de sus asociados. Durante los últimos años, han desfilado por la zona multitud de expertos. Entre ellos Ramón Sorolla, toda una eminencia dentro de este campo. Durante su intervención, en febrero del año pasado, logró «controlar» los frutales y romper la vecería de los manzanos, un indeseable fenómeno por que provoca grandes producciones en una campaña y prácticamente nada en la siguiente.

Según sus propias palabras, Sorolla se percató rápidamente de que los manzanos requerían un «clareo» porque presentaban «mucha estructura de rama». Al mismo tiempo, comprobó que determinados «chupones y brotaciones nuevas» que afectaban negativamente a la productividad de los manzanos y que se habían eliminado durante las podas veraniegas. Tras este análisis inicial, el maestro podador profundizó en las características del entorno y de los propios árboles para brindar una serie de recomendaciones técnicas a los fruticultores de cara al futuro. En cualquier caso, lo más importante es que aportó las claves necesarias para acabar con la vecería.

Al margen de la poda, uno de los principales problemas que deben encarar los productores es la fauna salvaje. Sobre todo en esta época del año, propicia para impulsar nuevas plantaciones o eliminar frutales, lo que permite constatar un significativo aumento del número de cerezos en relación a los manzanos. El caso es que los árboles más pequeños -es decir, los más recientes- tienen ante sí enemigos naturales. El principal, sin lugar a dudas, es el corzo, que suele alimentarse de frutales que se han plantado hace poco o de las cortezas de los ejemplares más jóvenes. Por lo tanto, es imprescindible adoptar «medidas disuasorias» para evitar daños importantes y, al mismo tiempo, garantizar la convivencia entre flora y fauna en el territorio.

¿Cómo se logra este objetivo? Simple y llanamente instalado un vallado en la totalidad de las explotaciones destinadas a frutales, de tal manera que se protegen las producciones sin causar daño alguno a los animales. Gracias a este sistema, los árboles siguen su proceso natural a lo largo de la campaña y la cosecha se mantiene a salvo. De no se r por estos sistemas de seguridad, los corzos u otros animales podrían arrasar en «pocas horas» una plantación nueva.

En la actualidad, según constataron los productores durante la última campaña, el Valle de Las Caderechas alberga alrededor de 22.000 cerezos cuyos cuidados -desde la poda hasta los tratamientos pasando por la recogida manual- deben regirse, como es lógico, por las concienzudas y restrictivas normas de la Marca de Garantía, que antepone la «trazabilidad» de las cerezas a una «producción masiva». No en vano, el incremento de estos frutales durante los últimos años oscila entre el 10 y el 15%. Gracias a ello, los perjuicios derivados de las inclemencias meteorológicas son menores habida cuenta de que la asociación cuenta con un mayor número de árboles.

En términos de superficie, Las Caderechas cuenta aproximadamente con más de 130 hectáreas de cerezos cuyo fruto se caracteriza, tal y como han contrastado expertos y consumidores, por su calidad. Con este terreno destinado a estos frutales, el valle puede alcanzar en años benévolos una producción cercana al millón de kilos. Entretanto, la Marca de Garantía suele aprovechar alrededor de 200.000 por norma general.

 

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