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Una planta bien alimentada

INEA / Los análisis foliares detectan y corrigen las carencias nutricionales de los cultivos para incidir en una mayor producción y un menor coste

M.C.
30/07/2018

 

Apostar por una gestión integrada en la explotación es la mejor forma de garantizar el equilibrio entre productividad y un uso racional de los fertilizantes, lo que implica un ahorro de costes. Esa es la tendencia actual en un sector cada vez más preocupado por su responsabilidad ambiental.

Los análisis de suelo son, en este caso, una de las «mejores herramientas» para llevar a cabo este tipo de gestión en busca de mayores rendimientos, con un menor impacto, según indica la responsable del Laboratorio Agrícola y Alimentario de INEA, Trinidad Peña. Es el momento ahora de los análisis foliares a pie de campo, con el objetivo de determinar la cantidad de nutrientes que la planta ha absorbido y sus posibles carencias para poder actuar.

Un paso «importante», según esta responsable, si el agricultor quiere asegurar un desarrollo óptimo del cultivo. En ocasiones, aunque la apariencia de la planta sea buena, es posible que se detecte una carencia o exceso de nutrientes, responsables de los desequilibrios o interacciones. El análisis foliar junto al de suelos permite desvelar estos problemas nutricionales y poner al servicio del profesional un plan de fertilización adecuado.

La responsable del Laboratorio de INEA destaca la relevancia de estos procesos para eliminar esas deficiencias e incrementar los rendimientos finales, que es lo que, en definitiva, persigue el agricultor, siempre con el reto de un menor coste. Hasta este centro llegan cada día muestras de diferentes cultivos, en esta época principalmente de vid, pistacho, y olivo, entre otros.

Se trata de definir si la planta está bien alimentada, lo que se traducirá al final del ciclo, en una buena producción, o en la detección de esos déficits que el agricultor debe corregir para evitar bloqueos. INEA ofrece la posibilidad de llevar a cabo estos análisis foliares a bajo coste, en torno a los 60 euros, un poco más si se incluye una recomendación para garantizar un buen nivel nutricional de la planta.

Como ocurre con los análisis del suelo, es importante conocer la forma en la que se deben recoger las muestras para que la determinación de las carencias nutricionales sea efectiva. Trinidad Peña señala, en este caso, que las hojas recogidas no deben ser «ni recién salidas, ni viejas, sino intermedias». La toma se realiza de la zona media de la planta, eligiendo siempre las hojas enteras y con peciolo, que no estén dañadas ni afectadas por plagas o enfermedades. En el protocolo de INEA se habla de una muestra media aconsejada de unas 50 hojas. En el caso del viñedo, se recomienda tomar muestras de peciolo opuestas al primer racimo basal, según Peña. En cuanto al momento idóneo, los técnicos destacan la época de floración como la más representativa.

Las muestras se almacenan y se analizan en el menor tiempo posible, aproximadamente los resultados están listos en una semana o quince días. Un tiempo de espera que bien merece la pena si el profesional quiere conocer todos los datos necesarios que le ayuden a trabajar de forma más eficiente, con responsabilidad ambiental y con un ahorro de costes.

El análisis foliar complementa al del suelo, que los agricultores comienzan a realizar una vez transcurrida una cosecha, que este año se está desarrollando en Castilla y León con unas tres semanas de retraso. El sector es consciente más que nunca de que en la producción intervienen muchos factores: la climatología, el manejo, el control fitosanitario. las variedades…, aunque también sabe que no reponer, por ejemplo, los elementos extraídos por las cosechas para que el suelo no pierda fertilidad, es «fundamental» para obtener buenos rendimientos cada campaña.

Cualquier exceso o defecto de nutrientes va a provocar en el corto y medio plazo que los rendimientos no solo no aumenten, sino que, al contrario, disminuyan cada año. Algo que se puede evitar con estos análisis por los que «cada vez más» se interesan los profesionales, interesados en ser más competitivos a través de todos los elementos correctores necesarios. INEA destaca en este caso su experiencia desde 1985 como laboratorio acreditado.

 

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