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Las piñas ‘se tuestan’ al sol

PLAGAS: La procesionaria y la chinche americana son las peores enemigas para los productores que, de momento, no tienen tratamientos para combatirlas / Ahora está terminando el secado natural y los piñones pasan a las fábricas para su procesado

ELSA ORTIZ
15/07/2019

 

Si recorriese con su dedo índice un mapa de Castilla y León en busca de piñones, como quien lo hace persiguiendo un destino de vacaciones, pararía en la provincia de Valladolid. En concreto en el municipio de Pedrajas de San Esteban. Es el corazón autonómico de este fruto seco que marida a la perfección con platos tanto dulces como salados.

En las inmediaciones de esta localidad vallisoletana, las piñas están tomando el sol. El cielo nublado de esta pasada semana, que dejó algo de agua en la provincia, les obligó a hacer un parón en su vuelta y vuelta al compás de los rayos. No lo hacen para coger color, sino que se tuestan para completar la maduración del piñón y la posterior extracción de manera natural por medio de este secado.

Es precisamente este proceso el que da nombre a Piñonsol, que agrupa en Pedrajas a los principales productores de Valladolid, Segovia y Ávila. «La marca es uno de los mayores valores de la cooperativa», considera su gerente para asegurar que esta forma de elaboración «sucedería exactamente igual si la piña permaneciese en el árbol». ¿Cuál es la diferencia entonces? «Si la dejamos en el pino, las altas temperaturas del verano hacen que se abra y se caigan los piñones al suelo, perdiéndolos», compara Amelia Pastor antes de puntualizar que la puesta al sol «comienza cuando hace un calor estable, que suele ser en junio».

DIFICULTADES 

La historia de esta cooperativa empieza a escribirse en 2003, pero entra en funcionamiento dos años después. Surge para dar respuesta, o más bien encontrarla, «ante una situación de dificultades» enmarcada en un escenario de inestabilidad. «Tradicionalmente el piñón de aquí se vendía porque los compradores, italianos o catalanes, venían a por él», contextualiza Amelia antes de indicar que la decisión de agruparse llegó cuando estas visitas empezaron a disiparse, como una forma de blindar la venta directa del producto.

Diez son los socios en activo que ahora mismo están detrás de Piñonsol. «Les hay que tienen sus propios pinares pero no recolectan solamente lo suyo, sino que también hay mucha propiedad pública de la Junta de Castilla y León que sale a subasta», explica la gerente.

La recogida de la piña «está regulada» en tiempo y en forma. El periodo de cosecha está estipulado entre noviembre y abril. Ha pasado de realizarse a mano a estar mecanizada con «una pequeña vibración», similar a la que se hace en el caso de las aceitunas. «Para eso necesitamos que el árbol esté en su período vegetativo», concreta Amelia. Explica que este «descanso» tiene lugar durante el invierno. Es entonces cuando «deja de subir la savia y el pino no sufre daños». No se puede vibrar más de 10 segundos, tampoco si llueve o nieva.

Este cultivo no es la excepción a la regla de la sequía, pues también le afecta. «Especialmente la falta de lluvias en primavera que hace que la piña no crezca y se quede pequeñita», señala para después afirmar que el cambio climático «en general le está perjudicando» porque, aunque el pino en sí no necesite mucho agua, «los acuíferos se están agotando y, consecuentemente, las cosechas ya no son tan abundantes como eran».

La silvicultura es la principal exigencia de los piñoneros. «Hay que podarlos de vez en cuando para eliminar la competencia de las hojas, porque si se dedican a mantenerlas no pueden centrarse en el fruto», traduce la responsable de Piñonsol, quien apunta otra peculiaridad: la distancia entre los pinos. «Como nos dedicamos a la producción del fruto, no de madera como en el caso de Las Landas francesas donde se ubican a un metro, necesitamos una mayor separación para que la copa sea frondosa y tenga luz», compara antes de remarcar que la piña está en el árbol tres años: «el primero es un fruto chiquitito, durante el segundo parece una canica y al tercero ya se recoge».

CAMPAÑA

Si la pasada campaña para esta cooperativa fue «más bien pequeña», la que está ahora en curso lo es «todavía más». Y es que el piñón tiene una enemiga declarada que está «acabando con el sector»: la Leptoglossus occidentalis, más conocida como chinche americana. «No se han tratado los pinares y está haciendo muchísimo daño, por lo que las cosechas que estamos manejando son una tercera o cuarta parte de lo que hemos podido tener», lamenta quien lleva 14 años implicada en este ámbito. Situación que tiene su reflejo directo en los precios, que han saltado de los 25 o 30 euros tradicionales hasta superar los 50 por esa reducción.

Una vez que tiene lugar la apertura al sol, proceso que ya da sus último coletazos a la par que las máquinas entran en calor, «se recogen los piñones en cáscara y, a partir de ahí, se procesan» a razón de un lote diario por socio. Abrir, quitar el hollejo, seleccionar y guardar antes de envasarlo para la venta en función de cada cliente. Cubiertos estos pasos, «más de una tercera parte» de la producción de esta cooperativa sale «fuera de España, siendo sus mercados fundamentalmente europeos».

Con este panorama, que resulta bastante desolador para los productores, la protagonista de esta historia reprocha que el sector «solo se moviliza cuando se aúnan muchas voluntades ante problemas muy graves». Frente a estas actuaciones puntuales, asegura que la cooperativa lleva en pie de lucha desde sus inicios. Entre sus aportaciones destaca «la colaboración con la Administración para perfilar en 2011 la normativa de trazabilidad del piñón, con la que Castilla y León es pionera, a fin de regular los robos».

Amelia también hace hincapié en la participación de la sociedad en la Mesa Regional así como en la involucración en dos grupos operativos nacionales «para intentar buscar una solución a las plagas».
Toda esta «labor de defensa y puesta en valor» ha sido reconocida en la cuarta edición de los Premios Surcos, que otorga Castilla y León Televisión (CyLTV), con el galardón a la Mejor Cooperativa. «Hemos tirado del sector cuando nadie se movía», asevera su gerente.

Para esta entendida en la materia, el piñón es un «producto minoritario» con los hándicaps que esto conlleva, como la escasez de maquinaria. A pesar de ello, lo considera «emblemático» para la Comunidad, por lo que se atreve a hablar de futuro pero lo pende de dos hilos: la visibilidad y la diferenciación de su calidad. «Ha vivido durante muchísimo tiempo de manera independiente, sin ayudas y sin que nadie le haga mucho caso, pero ahora está pasando momentos más complicados por las plagas y necesita un poquito de apoyo», plantea la responsable de Piñonsol como conclusión.

ÚNICA POSIBILIDAD 

En la década de los ochenta, Reus y Granollers manejaban las manivelas del sector del piñón. Los productores castellanos y leoneses sufrían la recesión económica en su propia piel con una gran dependencia en la comercialización de los productos. Aunque las intenciones datan de los años 60 no fue hasta 1985, en concreto el 13 de abril, cuando se fundó Piñones de Castilla. Picasa surgió por «la necesidad de agruparse para abarcar» un mercado que hasta entonces se escapaba de su alcance.

Detrás de esta cooperativa «hay 16 familias», cuenta su gerente con el recuerdo de los 27 socios que iniciaron esta aventura. «Los principios no fueron nada buenos y hubo quienes decidieron dejarlo. Luego se han incorporado unos y se han jubilado otros», concreta para después matizar que la «novedad» hizo que los dos o tres primeros años resultasen «muy malos» pero después «poquito a poco» fueron remontando.

Celestino Muñoz dibuja un tablero de juego en el que «la mayor parte de las explotaciones recaen en la Junta o en los ayuntamientos». Esta propiedad pública se traduce en subastas que en la región «cada vez se dan menos», por lo que los productores tienen que «acudir a donde sí hay»: Portugal, Andalucía, Madrid o Cataluña. «En Castilla y León está prácticamente todo perdido por las plagas», denuncia antes de apuntar a una vieja conocida, la procesionaria que «daña el pino porque se come la hoja»; pero también a otra más reciente, la chinche americana que ataca «directamente a la piña, la pica y la seca, por lo que no llega a término». A ello hay que añadir la huella ya imborrable del cambio climático.

Esta suma de factores negativos devuelve una «producción muy escasa» en la región. «En una cosecha normal se elaboraban 35 o 40 millones de kilos de piña y este año, que ha sido nula, no llega a los 10», lamenta el gerente de Picasa para después asegurar que los malos resultados son comunes a Portugal y al resto de España. Un lamento que resuena en la «época de poner las piñas al sol», que arrancó en junio y se extiende durante todo julio.

A partir de este momento, es cuando Celestino entra en acción con la elaboración del producto y la posterior comercialización. «Lo primero que se hace es descascarar el piñón, es decir, partir la cáscara para obtener el grano. Después se realiza un cepillado, para dejarlo con blancura, y se lava. Por último, se empaqueta en los formatos que el cliente pida», reproduce antes de calcular que más del 85% vuela hacia mercados exteriores como Italia, Suiza, Bélgica, Francia, Alemania y Estados Unidos. «Si los precios están bien entran otros países como Kuwait o Qatar que, de lo contrario, acuden al piñón chino que es mucho más barato», aclara tras señalar que en España operan principalmente en Cataluña, Valencia y Murcia. «El precio depende de las cosechas: hace tres años estaba en 25 euros y, por la escasez, ya lo duplica», remarca.

El responsable de Picasa contrapone el «escaso respaldo de la Administración» con un «producto muy apreciado en el mundo» antes de criticar que llevan «muchos años de estudios sin avanzar», en relación a las plagas que ahora mismo se perfilan como su mayor problemática. «Lo único que les estamos pidiendo es que se ocupen de cuidar y fumigar los montes», espeta.

Celestino evoca a aquellos tiempos en los que la rentabilidad de los pinares permitía a productores, vendedores y propietarios «vivir de ello» e incluso podía llegar a cubrir «prácticamente un presupuesto municipal». Como broche de oro, coloca a Pedrajas de San Esteban en el mapa nacional con la certeza de que responde del «90% de la producción» del país.

 

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