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Perlas negras en tierra zamorana

AGROBERRY Este proyecto familiar centrado en las moras arranca en 2015 como una «alternativa» a los cultivos típicos de Almendra del Pan y tiene ya diversos reconocimientos / En esta campaña cuenta con 1.800 plantas frente a las 400 iniciales

ELSA ORTIZ
10/06/2019

 

Detrás de la palabra serendipia se esconde un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. Cuando Nuria Álvarez abandonó el municipio zamorano de Almendra del Pan desconocía su significado. Lo hizo para forjar su futuro y ni siquiera sospechaba que lo tenía ahí, a la puerta de su casa. Pero la vida da muchas vueltas y los grandes descubrimientos no siempre están en la primera esquina.

Nieta e hija de agricultores, probó suerte por doquier. Su andadura a ninguna parte comenzó cuando se licenció en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Relaciones Públicas. Sus pinitos fueron como redactora hasta que voló a Madrid para poner realmente en práctica sus estudios en una agencia de marketing.

La empresa entró en concurso de acreedores y, con la intención de ampliar su abanico de oportunidades laborales si aquello no acababa bien, se matriculó en un Máster en Dirección y Gestión de Empresas (MBA). Fue entonces cuando a Nuria le «entró el gusanillo» de tener su propio proyecto. Sin embargo, la crisis económica dejó en stand by esa inquietud. «No era el momento» y voló más lejos, hasta Irlanda.
Unas navidades regresó a casa de visita, pero sin billete de vuelta. Pues entonces sí era el momento y, entre villancicos, las piezas empezaron a encajar como si de un puzle se tratase. «Hay veces en las que debes tomar una decisión antes de entrar en una dinámica. Es verdad que en Irlanda estaba muy a gusto, con mi trabajo y mi grupo de amigos, pero tampoco quería vivir para siempre fuera de España», justifica aquel recuerdo en el que empaquetó lo que hasta entonces era su vida para volver a casa, al mundo rural.
alternativa.

En su cabeza bailaba la idea de apostar por algo novedoso. Una alternativa al trigo y la cebada que tradicionalmente vestían su entorno. Con la intención de dar un giro de 180 grados a la tendencia del campo zamorano, fijó sus miras en los frutos rojos. «Para introducir el riego en una zona de secano hice un análisis previo. Tanto el arándano como la frambuesa necesitan un pH muy ácido y la tierra, al venir del cereal, no lo tenía», explica. La mora no solo era la opción que «mejor se adaptaba» sino que también era el cultivo, dentro de estas frutas que tradicionalmente crecían en árboles silvestres, «con menos hectáreas» en el país. «No me digas por qué, pero lo vi y tuve claro que iba a dedicarme en exclusiva a ella», celebra entre risas.

Estos sondeos, que determinaron la decisión que sentó los cimientos de Agroberry, tuvieron lugar en 2014. Un año después vieron la luz las 400 primeras plantas. Con la certeza de que piano a piano si arriva lontano, Nuria amplia progresivamente su cultivo que suma 1.800 para esta campaña.

Marzo ha sido, hasta ahora, el mes elegido para plantar sus zarzamoras. «Como no están cubiertas, más que cuando yo quiera es cuando pueda, en función del clima», reconoce con la pretensión de adelantarlo a noviembre.

Sin invernadero, la climatología juega un papel relevante en el que las lluvias y las heladas son las principales antagonistas. «Afortunadamente, a día de hoy, puedo decir que no se me ha estropeado ninguna campaña», aplaude para matizar que «la peor» fue la pasada cuando las precipitaciones complicaron la maduración. «Coincidió que cuando más agua cayó fue durante la recolección y eso es lo peor que le puede pasar a la mora», apunta. Salvado el bache, la temporada se saldó de una manera «espectacular y sin pérdidas».

Recogida

Ahora está a expensas del sol, encargado de dar luz verde a la recogida. Las moras están ya grandes y rojas. El paso a negras está en sus manos, más bien en sus rayos. Por lo cual, es cuestión de días que empiece una temporada cuya producción puede rondar las tres toneladas. «En la pasada recogí dos y en esta tengo 300 plantas más», calcula antes de concretar que de este aumento no solo responden las nuevas, sino que también las viejas que «cada vez son más productivas, sobre todo a partir de su tercer año».

Como cualquier cultivo, el de la mora tiene sus peculiaridades. En esta plantación no resuena el eco de la voz de Lola Flores preguntando qué tiene la zarzamora. Porque, a diferencia de la mujer de la canción, estas plantas lo tienen todo.

Nuria cuida de ellas con una dedicación que no deja ningún detalle sin atender. Compara este tratamiento con el de una viña. Riega sus zarzamoras, sin hacerlo en exceso. «Necesitan agua, sobre todo en estado vegetativo, para que no se sequen», asevera. Como abono aprovecha el orgánico del vacuno de su padre. Además, las tiene en espaldera para que estén «rectas y no sufran». De todos los mimos, destaca la poda. «Es lo más importante, ya no solo para incrementar el rendimiento de los frutos, sino para que la planta dure más años», asegura. Una práctica que realiza en verano y no descarta hacerla también durante el invierno en los próximos años. «No hay nada escrito. Voy viendo las necesidades de las moras día a día y me adaptó a ellas», confiesa.

Tras una buena dosis de cuidados, presenta sus perlas negras como un aliado ideal para la salud. Es un «pequeño tesoro» que contiene vitaminas, flavonoides, minerales y grandes fitoquímicos que lo convierten en un excelente antioxidante y antitumoral. Además ayuda a prevenir la diabetes tipo 2.

En su página web, esta zamorana garantiza a sus posibles clientes que sus moras, que provienen de zarzas pero no son silvestres, son «controladas y tratadas con delicadeza todo el año, siguiendo unos estándares de producción propia, libre de herbicidas e insecticidas». A lo que añade, como broche de oro, una recogida manual y una elaboración artesana.

Agroberry

Las raíces profesionales de Nuria no estaban inmersas en la tierra, pero ahora se presenta como una agricultora que «da un paso más en la tradición» de su casa en un equilibrio desde el que irradia felicidad. «Todo esto es agricultura pura y dura, pero yo le añado una marca y una imagen. Siento como que no he abandonado del todo mi profesión, sino que la he juntado con cosas que me llenan más», puntualiza antes de confesar que le resulta «muy satisfactorio poder devolverle al campo» todo lo que le ha brindado. «Al fin y al cabo, mis estudios salen de ahí, del trabajo de mis padres», afirma para añadir que sus conocimientos se complementan con el buen hacer de sus progenitores.

Todo encaja en esta empresa familiar que presume de una «gran involucración» de sus miembros. Pero para Nuria no es solo eso. «Agroberry es el fruto de mucho trabajo. Es más que una empresa. Para mí es un proyecto de vida, sin duda alguna», reconoce. Detrás de este nombre confluyen «muchas cosas» entre las que destaca que su padre, un pilar fundamental, se llama Agripino.

Piano a piano, como le gusta resaltar, Nuria va dando pequeños pasos con los que amplia su cartera de productos en el mercado. A la mora en fresco suma la opción de congelada. También cuenta con una mermelada y un licor, que fue la última incorporación que realizó en abril. Ambos ya son un reclamo como detalles en bautizos, comuniones o bodas.

Bombones y vino son dos nuevas posibilidades que baraja. Sobre la primera, ya está manos a la obra junto a una empresa de chocolate. «Hicimos una primera prueba que ahora estamos desarrollando en la que, además, aprovechamos los frutos que usamos en el licor», adelanta para concretar que en el caso del vino están estudiando si la mora puede fermentar como lo hace la uva. «Los caldos de frutos rojos que han salido al mercado son polvos, no una fermentación», distingue.

Otro de sus planes a largo plazo es exportar pero, para abrir las puertas de Agroberry más allá de las fronteras del país, necesita «volumen». Mientras lo gana se centra en el cliente final. «Y cuanto más cerca esté, mejor; porque es fruta fresca y, por ende, un producto delicado», puntualiza para subrayar que recoge sus moras «en el momento correcto de maduración». La mermelada y el licor que fabrica con las mismas ya se han colado en diferentes tiendas gourmet de Castilla y León. La pretensión ahora es que salgan de la Comunidad.

Innovación

La innovación se mueve entre sus zarzas. O al menos así lo reconocen los distintos premios que ya ha cosechado en su corta trayectoria agraria. Nuria señala a su procedencia del mundo creativo como la posible culpable de que esta palabra se haya «colado» en su plantación. «Solo buscaba hacer algo diferente pero todo ha sido un poco sobre la marcha, sin haberlo planificado», apunta con humildad.
En esta andadura sobre la marcha carga ya a sus espaldas con distintos galardones. Una veda que abrió con los premios Joven Agricultor Innovador 2016, concedido por Asaja, y Joven Empresaria, de la Asociación Zamorana de Mujeres Empresarias al año siguiente. A estos dos, ha sumado otros como el Surcos Joven de RTVCyL y el reconocimiento a la Mejor Idea Emprendedora Rural que realiza la Consejería de Agricultura y Ganadería.

Agroberry ha conquistado éxitos fuera del ámbito regional. Fue merecedora, el año pasado, del premio Excelencia a la Innovación en la Actividad Agraria con el que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación reconoce las mejores iniciativas de mujeres rurales. Además, viajó hasta Bruselas para recoger uno de los Rural Inspiraction Awards, distinciones de la Red Europea de Desarrollo Rural.
Nuria observa, casi con incredulidad, los distintos trofeos que rodean a Agroberry. «Me parece una pasada», anota llena de agradecimiento y ánimo para continuar, para seguir caminando. «Nadie se imagina la de planes que tengo entre manos», desvela antes de finalizar garantizando que su modus operandi va a seguir siendo el empleado hasta ahora: «ir creciendo lento, poco a poco, a mi ritmo y a mi manera». Una manera en la que las decisiones se toman, piano a piano, sobre la marcha.

 

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