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PROPUESTAS

A la PAC le piden

REIVINDICACIONES. Pastoras como Charo García y Violeta Alegre alzan la voz frente al «abandono» que sufre la ganadería extensiva / Confían en que la reforma revierta esta situación, acabe con las «montañas de papeles» y ponga freno a los «agricultores de sofá»

ELSA ORTIZ
28/10/2019

 

Menos de dos semanas restan para otra cita ante las urnas. La segunda del año. El campo renueva sus votos con la esperanza de que la reverberación de la voz que alzó en las anteriores elecciones cale en estas. Tiene mucho que decir, pues en manos de quienes ahora se disputan el sillón presidencial está su futuro. Debería de ser el inmediato, pero la reforma del Política Agraria Común (PAC) también se retrasa. Y si algo bueno tiene el hacerse de rogar, siendo positivos, es poder aprovechar esta dilatación en el tiempo para afianzar estrategias.

Hay quienes no necesitan prórroga para desgranar las claves de esta defensa. Quizá porque son reivindicaciones históricas y con historia. Tal vez por una decepción que no ocultan, tras reiteradas reformas que han pasado de largo o se han quedado cortas. Puede ser que por la urgencia de una inyección que palie el delicado estado de salud del territorio desde el que se las reclama. El caso es que a la agricultura y a la ganadería ya les sobran minutos de descuento.

Para esta previa, la de los comicios nacionales, tienen grito de guerra y hasta banda sonora. Los acordes ya vestían el pentagrama cuando el acuerdo con Mercosur pulsó la primera tecla. En ese momento, las Ganaderas en Red aclararon sus voces para saltar esta «zancadilla» y, de paso, hacerse oír con su último sencillo: A la PAC le pido. Charo García y Violeta Alegre son dos de las pastoras que, como reza la canción, sostienen un paisaje muy antiguo. Lo hacen en Castilla y León.

Las raíces de la primera están en una familia ganadera. Tras un intento a conciencia, de cerca de 15 años dentro del ámbito administrativo en Madrid, comprendió que ni la gran ciudad ni sus oficinas estaban hechas para ella. Entonces volvió a sus orígenes y a lo que siempre le había gustado. Es la titular de una explotación de ovino con 400 cabezas que pastan en las inmediaciones de Villarino de Sanabria.
La historia de Violeta es completamente opuesta. En su casa nunca había visto animales, pero esta leonesa de San Pelayo lleva ya más de tres décadas dedicada a la ganadería junto a su marido. Son trashumantes y tienen a sus 1.200 ovejas en titularidad compartida desde que esta figura vio la luz.

Estas mujeres, enamoradas hasta las trancas de su profesión, piden a la PAC que promueva los sistemas que a la tierra no hieren. Como es el caso de la ganadería extensiva que perciben «bastante abandonada, sin el mérito que realmente tiene». Y este es el leimotiv de la canción, la denuncia de un desamparo frente «al impulso de la industrial». Charo coloca su «mayor productividad» en un lado de la balanza; en el otro, que para ella pesa más, pone los «beneficios sociales y ambientales» de la producción que aprovecha los recursos del territorio. «Esta es la ganadería de siempre, la que nunca contaminó», defiende.

En este escenario pintado por la incuria, Violeta lanza una advertencia: «no va a haber un relevo generacional, la práctica se está perdiendo porque carece de apoyos». Lamenta que esta actividad solo se tope «con trabas e inconvenientes» cuando actúa como escudo ante un enemigo tan peligroso como el fuego. «Ayudamos a que no haya incendios tan devastadores», concreta tras tararear que los montes no se queman si el ganado los mantiene.

A la reforma también le piden que favorezca a las mujeres y a los jóvenes que emprenden. Son conscientes de lo complejo que resulta abrir las puertas de la ganadería extensiva. «No es una actividad rentable por sí sola, por lo que las ayudas de la PAC son imprescindibles», reconoce Charo para concretar que este «sueldo» va en función de las hectáreas que se tengan, en alquiler. «La ganadería industrial, que es mucho más potente, sube el precio de las mismas que, en nuestro caso, dificulta mucho las incorporaciones», lamenta.

Injusticias

A quienes ya están en el sector, tampoco se lo ponen fácil. Estas ganaderas miran al último recorte en la superficie subvencionable que solo da el visto bueno como tal a hectáreas «limpias»; no siendo aptas, por ejemplo, las que están bajo la copa de los árboles. «A mí me descontaron el 60% de lo que tenía», reprocha Charo bajo el eco de la «injusticia» que denuncia su compañera: «lo que no pueden es hacer leyes subidos a un avión o sentados en un sillón sin ver lo que realmente pasa en el terreno».

Violeta hace una mención especial a las mujeres, sin las cuales los pueblos sangran. Aplaude el tesón de su apuesta por el mundo rural donde «fijan población», estando «a la cabeza de todos los servicios sociales y con una presencia cada vez más palpable en el campo».

Una reivindicación histórica de la PAC es simplificar la excesiva burocracia que la envuelve. Estas mujeres se hacen eco de la misma para realmente estar pastoreando y no con montañas de papeles. «Te ponen tantos requisitos de los que estar pendiente, que muchas veces descuidas el ganado; aquí son necesarias 12 horas diarias mínimas de trabajo», recrimina Charo para dejar claro que ella quiere «ser ganadera, no administrativa». Para su compañera leonesa, que tiene la misma aspiración y a la que tampoco le gusta este tipo de montañas, este escenario descarta directamente nuevas candidaturas. «Hoy la gente joven tiene otra mentalidad y quienes quieren empezar en este ámbito, porque les gusta, se encuentran con una cantidad de trabas impresionantes y se acaban echando para atrás», lamenta.

El papeleo abrumador se desarrolla sobre un tablero de juego en el que sus reglas cambian cada día, impidiendo que se firme la constante. «Este mundo es muy bonito pero muchas veces nos quitan las ganas con tantas trabas que además son continuas porque la PAC es una espiral de cambios», critica la zamorana para aseverar que la adaptación de esta «ganadería pobre es imposible si las normas se modifican asiduamente».

Si hay una injusticia por excelencia que ronda las ayudas es que haya agricultores de sofá cobrándolas. «Nosotras trabajamos todo el día, aportando unos beneficios económicos, sociales y medioambientales. La agricultura también e incluso la ganadería industrial tiene una repercusión económica importante. ¿Pero qué aportan un agricultor o un ganadero de sofá? Absolutamente nada». Así de tajante es Charo, para lamentar que con tener una parcela y «apenas el 20% de ingresos agrarios demostrados ya pueden percibir unas cantidades astronómicas». Y esto, a pesar de una lucha que no cesa, «no tiene visos de cambiar».

Las pastoras asisten, en primera fila, a la irrupción del cambio climático que, confían, sea prioridad a partir de ahora. Para hacerle frente, la ganadería extensiva juega un «papel fundamental», asegura Violeta. «Nos han colgado el cartelito de que las vacas contaminan y eso no es así», responde poniendo sobre la mesa estudios que demuestran que esta contaminación puede ser, a lo sumo, de un 9%. Lamenta la puesta en marcha de una «campaña destructiva» que, a su entender, carece de fundamento. «No tienen en cuenta el efecto de un crucero, los aviones o el ave. ¿De verdad creen que va a perjudicar más un animal?», se pregunta para ubicar al desconocimiento que ronda en torno a esta práctica a los mandos de la respuesta: «el ganado todavía se asocia en su totalidad a las macrogranjas».

Los últimos acordes de la canción suenan a favor del pequeño productor en la desigual cadena de alimentación para que no le asfixie el gran distribuidor ni muera en requisitos que le ahogan. «Todas las infraestructuras enfocadas a la ganadería que antes había en los pueblos, que eran muchas, se ha ido quitando a favor de la industria», siente la de Villarino de Sanabria poniendo como ejemplo su caso, en el que para dar salida a sus corderos debe desplazarse 130 kilómetros.

A la PAC le pido recoge las carencias de la misma que mujeres como Charo y Violeta padecen en su día a día mientras luchan a capa y espada contra gigantes para continuar siendo la llama de esta apagada y vaciada España.

Tardanza

La melodía de las Ganaderas en Red llega hasta las organizaciones agrarias, donde sus representantes se dejan envolver por la misma y aportan algún que otro verso que, en el caso de Asaja Castilla y León, entonan sobre «la barbaridad de la tardanza en la aprobación de los períodos por parte de la Unión Europea». Su presidente, Donanciano Dujo, recuerda que en estos momentos ya debería estar sobre la mesa la política para el 2021-2027. «Que hoy no la tengamos genera incertidumbre y desconcierto entre los agricultores y ganaderos que no sabemos a qué atenernos en los próximos años», concreta para recriminar el «despropósito de pasar más tiempo negociando la PAC que aplicándola». A su juicio, mirando ya al ámbito nacional, estar «de manera reiterada en elecciones perjudica seriamente» al sector. «Desde Asaja insistimos en la obligación de conformar lo antes posible un Gobierno fuerte, con vocación agrícola y ganadera, que nos defienda», sentencia.

La petición prioritaria que eleva la alianza UPA-COAG aboga por recuperar las «medidas de control y gestión de mercados». Esta «pata abandonada» de la PAC es vital, para su coordinador, en los tiempos que corren por la «irresponsabilidad» que vaga en el internacional donde cada vez son más frecuentes las «guerras comerciales». Y como en cualquier contienda, apunta Aurelio González, es necesario un escudo con medidas reforzadas por «la garantía de unos precios dignos». Este requisito marca ya no solo de puertas para afuera, sino también para atraer a jóvenes y mujeres a estas actividades.

Desde la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL) hacen igualmente hincapié en los precios, considerándolos «tan importantes o más que las ayudas». Su coordinador invita a aprovechar la reforma para «mover ficha» y dotar a los productores de las «herramientas necesarias para poder negociarlos y no sufrir imposiciones». Jesús Manuel González Palacín asegura que estar «a merced de lo que quieran pagar no es libre mercado» y orienta el primer paso a conseguir que «no se pueda vender por debajo del coste de producción».

Los tres representantes de las organizaciones agrarias aúnan su voz para darle más potencia a sus exigencias compartidas: la primera, un presupuesto suficiente; la segunda, repartirlo realmente entre los profesionales. «Es necesario dar una vuelta a los perceptores de la PAC para que sus fondos estén destinados a los verdaderos agricultores y ganaderos con producción», anota Dujo. González coincide en poner «techo a las explotaciones» para determinar «quién tiene como prioridad o base este sector y quién como una inversión más». Para que este reparto sea justo, González Palacín propone «dejar la literatura y fijar porcentajes». Plantea «un 50% de ingresos agrarios para cobrarla» y en el caso de que sea «imperativo legal» introducir a los pluriactivos que «al menos demuestren un 25%».

Mientras esperan la conformación de un Gobierno que esté a la altura de las necesidades del sector, escuchan hablar de simplificación y se «echan a temblar». Viven inmersos en una burocracia que tildan de «absurda» y que les hace estar «más tiempo rellenando papeles que trabajando en el campo».

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