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Las ovejas cambian de traje

ESQUILEO Higiene y sanidad son los principales motivos que están detrás de esta práctica que prepara al rebaño para el verano y los partos

ELSA ORTIZ
03/06/2019

 

Los tiempos cambian. También lo hacen las costumbres, las fórmulas de trabajo e, incluso, el significado de las palabras. Durante la Edad Media, el verbo esquilar no solo cobraba sentido en los rebaños sino que también lo tenía en la lengua jurídica. Estas ocho letras eran sinónimo, según reflejan los estudios sobre su origen, de pena difamatoria dado que entonces el cabello corto era signo de deshonra.

Hoy, siglos después, el reflejo de su sentido está en los diccionarios que definen esta acción como cortar el pelo de los animales. Es un oficio ancestral que prepara a las ovejas para el calor estival, liberándolas de su pelaje en apenas dos minutos. El secreto de este arte está en preservar la tradición con maestría y profesionalidad, adaptándose a ese cambio de tiempos.

Alfonso Suárez ha sido testigo en primera persona de esta evolución. Colgó los hábitos hace 17 años. No literalmente ni de forma radical. Era ganadero y la ingratitud de esta profesión, que «exige mucho trabajo y devuelve poco rendimiento», inclinó la balanza. Tomó la decisión de vender sus ovejas. No lo hizo solo, sino de la mano de su socio Ignacio Fidalgo. Ambos dieron los mismos pasos y fundaron Esquiladores Montaña de León.

No partían de cero, pues conocían de sobra los entresijos de la profesión. Pero como en cualquier historia, el comienzo de esta en 2003 tampoco fue fácil. «Empezamos a contracorriente. Contamos con el respaldo de otro compañero, pero siendo tres personas apenas avanzábamos», recuerda Alfonso antes de añadir otras dos complicaciones: falta de clientela y material poco adecuado. «Muchas horas y muy complicado», resume. Unas 25.000 ovejas fueron puestas a punto aquel primer año.

Poco a poco, paso a paso, esta empresa con sede en el municipio leonés de Veguellina de Órbigo ha ido subiendo en el escalafón del esquileo. En estos momentos, en los que la campaña atraviesa su punto más álgido acompasada por la llegada de las buenas temperaturas, 55 personas conforman este equipo de trabajo.

A finales de enero, Alfonso e Ignacio publicaron una oferta de trabajo para 60 esquiladores a través de la oficina de empleo de Astorga que revolucionó a la provincia de León. A pesar del alboroto ocasionado, no surtió el efecto esperado. «Es algo que hacemos todos los años», asegura el primero de los socios. Y es que es requisito indispensable para recibir la autorización que les permite contar con gente de fuera del país. Así, «cerca del 90%» del medio centenar de personas que conforman esta temporada la plantilla tienen nacionalidad uruguaya. «Los primeros años empezamos con trabajadores de Nueva Zelanda y de Uruguay», puntualiza para explicar que «la facilidad en el arreglo de los papeles y el idioma que acompaña» hacen que se decanten por los segundos. «Vienen exclusivamente para la campaña con un contrato temporal de tres o cuatro meses», matiza para después garantizar que todos ellos cuentan con «contrastada experiencia» en labores de esquila.

Estimación

650.000 ovejas. «Se dice rápido», bromea Alfonso para adelantar que es la cifra que esperan apuntarse este año. Una rapidez que se pierde entre las cuchillas de las máquinas más o menos tiempo en función de la raza. «La merina requiere más, superando los dos minutos, mientras que una churra puede estar en uno o incluso en menos», concreta. Con todas ellas, su herramienta de trabajo es la que lleva «el sistema de una máquina de cortar el pelo, es decir, una cuchilla sobre un peine que funcionan eléctricamente».

La política de estos esquiladores es «un rebaño por día». Por ello, el número de cabezas de cada uno determina el de trabajadores en sus recorridos diarios por las distintas ganaderías que perfilan su red de clientes, entre individuales y cooperativas. «La gran mayoría ya son habituales de todos los años», apunta para concentrar casi todo su trabajo en Castilla y León. Quieren ampliar su círculo a Extremadura, donde ya cuentan con algún pinito, y tienen salidas puntualmente a Portugal.

La idea tradicional del esquileo es liberar al ovino de su pelaje de cara al buen tiempo. Por ello, la «campaña fuerte» se desarrolla desde finales de marzo hasta principios de julio. Pero la labor esta empresa de León no acaba ahí y está prácticamente los 365 días al pie del cañón con el respaldo de entre cuatro y diez trabajadores. «Hasta ahora se hacía puntualmente una vez al año por el calor. Esto se mantiene con las ovejas que salen al campo; pero en las que están estabuladas también tiene sentido un mes y medio antes de parir, para que lleguen limpias al parto y al ordeño», compara con la certeza de que es «sobre todo una cuestión de sanidad y manejo».

En estos 17 años, Alberto también ha visto cómo han evolucionado las formas, pasando de esquilar las ovejas «atadas por las cuatro patas» a hacerlo con ellas «sueltas». En su caso concreto, toman como referente el método australiano-neozelandés. También hay cambios en el cliente, que exige celeridad. «Antes se dedicaban unos tres días por rebaño y hoy lo que quiere el ganadero es una única jornada porque los animales se estresan con más», cuenta con el recuerdo de la fiesta que suscitaba el corte de la lana en los pueblos.

Esquiladores Montaña de León incorporó en 2009 un nuevo servicio a su cartera: el corte de uñas de ovejas y cabras, sobre todo para las estabuladas. Una vez al año, más o menos, arreglan sus pezuñas mediante «un sistema de manejo cómodo para los animales, el volteador hidráulico».

Dignificar

La filosofía que mantiene los cimientos de esta empresa es dignificar la profesión. Acorde con la misma, todos sus trabajadores tienen la documentación en regla con contrato laboral, alta en la Seguridad Social y los seguros necesarios.

Alfonso denuncia el escaso reconocimiento que tiene un esquilador en España cuando en otros países, como es el caso de Nueva Zelanda, llegan al nivel de «estrellas mediáticas».

Con este escenario como ansiado referente, eleva una petición: «que el de esquilador sea reconocido como un oficio, con sus ayudas y controles». Controles que, a su juicio, deberían comenzar en la «competencia desleal» que desempeñan «algunas cuadrillas que no están dadas de alta en ningún sitio».
Acompaña esta solicitud con la propuesta de la formación. «Nos llama gente que quiere trabajar pero que no sabe cómo se esquila. Podrían darse unos cursos, como el de soldador o carpintero», comenta para terminar dejando un mensaje claro: «si hay personas con ganas, vamos a ponérselo fácil».

AGM

El patrón que se sigue a unos 180 kilómetros de distancia, en la localidad vallisoletana de Olmedo, es opuesto completamente. La granja de desarrollo ovino AGM hace del refrán «es mejor prevenir que curar» su máxima y la aplica también al esquileo para lo que pasan de un solo día a tres, a pesar de los costes que esto pueda conllevar. «Hemos probado las dos fórmulas y declinamos la única jornada porque el estrés que se genera en la explotación, en los operarios y, sobre todo, en los animales es brutal», asegura Alberto García.

Explica que en esas «rondas muy grandes» que se marcan las 24 horas como tope lo que se suele perseguir es que «la oveja sude porque de esta manera la tijera pasa más fácil». Sin embargo, este ganadero al que abandera la innovación, apostilla que las consecuencias pueden ser «brutales» dependiendo del «estado productivo o reproductivo» en el que se encuentre. «En el primer caso, la bajada de leche por el estrés es muy grande y luego es más difícil recuperarla», concreta para añadir que «si están preñadas va ligado a reabsorciones de líquidos y, por consiguiente, a pérdidas de fetos en la cabaña».

AGM pide a sus trabajadores que «vayan más despacio, aunque estén más tiempo, para que no haya esos apelotonamientos». Además, «intenta buscar aquellos días que afecten lo menos posible a su rebaño». En concreto, Alberto desvela que en su granja esquilan «un mes más tarde» de las cubriciones puesto que el estrés, asegura, también puede revertir en una «fertilidad muy baja». Este año, la semana elegida ha sido la del 15 de mayo. «Casi todas las ovejas están preñadas de dos meses y no les afecta tanto», sentencia para añadir que, por otro lado, «prepara» a otras para las cubriciones de junio. «A los 15 días de haberlas esquilado, cuando les empieza a salir de nuevo el vellón, tienen una estimulación que hace que ovulen», asevera.

Pequeños detalles que, a priori, puede pasar desapercibidos. Como también lo hace la «desinfección de los operarios que vienen de otras granjas». Eludirla, valora Alberto, es un «gran error porque hay unos problemas enormes por contaminación cruzada». Por lo que este es el ritual que en Olmedo se sigue antes del esquileo, que en esta campaña contó con cuatro operarios, de nacionalidad polaca, para su cerca de 1.800 ovejas raza assaf. AGM siempre las confía a las mismas personas.

Diferente a estos dos casos es el de Alberto Marcos, ganadero de la localidad salmantina de Cespedosa de Tormes. Una mala experiencia con la cuadrilla que acudía a su granja, que es el hábito que rige en su zona, le llevó a coger la sartén por el mango. «En una ocasión me dejaron tirado y decidí comprarme una máquina para hacerlo yo por mi cuenta», apunta.

Ahora mismo, Alberto se encuentra inmerso en pleno esquileo. Sus 450 ovejas solo cambian de traje en verano y lo hacen, principalmente, «por su higiene». Calcula que dedica a cada una «de dos a tres minutos» y, en conjunto, un mes es el tiempo que le lleva preparar a su rebaño para el verano.

 

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