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El ‘oro rojo’ resiste en la comarca de las Vicarías

Cultivo del azafrán Su complicada recolección toda manual reduce la producción a Valtueña, Chércoles, Utrilla o Puebla de Eca y para autoconsumo

IRENE LLORENTE YOLDI
30/07/2018

 

El azafrán lleva cultivándose en Soria desde tiempos inmemoriales, pero en la actualidad se reduce a una zona muy concreta en el sureste de la provincia y a muy pequeña escala, a modo de autoconsumo.

Chércoles, Utrilla, Valtueña o Puebla de Eca todavía producen este ‘oro rojo’ porque las condiciones agroclimáticas lo permiten, pero su complicada recolección, imposible de mecanizar, han mermado las superficies, que en el mejor de los casos se extienen por parcelas de unos 2.000 metros cuadrados. Hace décadas en esta zona rayana con Aragón, la segunda Comunidad productora pero que sigue de lejos a Castilla La Mancha, llegó a tener más importancia por el alto precio del azafrán, en la actualidad, entre tres y cinco euros el gramo. Era el ahorro de las familias en forma de hebras rojas. Pero para obtener un gramo hacen falta recolectar unas 140 rosas de azafrán. Hay que desbriznarlas de forma manual para no perder ningún estambre. Después, ponerlos a secar. Se tienden encima de tallos de algodón y se van tostando. El problema es que exige mucha mano de obra en un tiempo muy limitado. Desde que aparecen las rosas arranca la recolección, normalmente a principios del mes de octubre. Y debe hacerse a primera hora de la mañana todos los días hasta que no queda ni una flor. Puede extenderse entre quince y veinte días, dependiendo de los ‘braceros’ que haya y de la extensión de las parcelas. Por ese motivo cada vez son menos los que siguen manteniendo sus fincas de azafrán, que se están reduciendo más a cultivos hortícolas familiares y lo hacen por continuar con una tradición transmitida de padres a hijos y ya tan solo a modo de autoconsumo. De hecho, no hay datos en la provincia como cultivo de iniciativa económica ni de superficie ni de producción.

Valtueña es una de las pocas localidades donde la mayor parte de los vecinos cultivan la flor de ‘Crocus sativus’, planta que apenas crece unos centímetros del suelo. De hecho, en la provincia se le conoce como el pueblo del azafrán, cuya calidad recibió reconocimientos en la Exposición Universal de París en el año 1900 y en la Exposición Universal de Columbia en los años 1902 y 1903. Sus medallas están colgadas en el Ayuntamiento de Valtueña, recuerda María José Gallego, que cultiva esta planta milenaria en unos 1.500 metros cuadrados. «Lo malo es que la gente joven ya no quiere hacer este trabajo porque es todo a mano y seguimos los que ya somos mayores hasta que ya no podamos. Por eso hay cada día menos flores. Antes todas las casas producían azafrán».

Las hermanas Lucía y Amparo Bordejé llevan toda la vida recogiendo azafrán en su campo de Chércoles, como han hecho sus antecesores desde hace más de 400 años. Ahora les ayudan sus respectivos yernos, pero ellas, octogenarias, siguen agachándose para desbriznar. Poseen unos 1.700 metros cuadrados donde, asegura Amparo, no plantan los bulbos desde que hace 400 años estuvo cultivando allí la venerable Sor María de Jesús de Ágreda, sino que cada año a principios de octubre surge de forma milagrosa la flor del azafrán. «El año pasado con la sequía apenas recolectamos azafrán, pero este año confiamos en obtener cantidad, porque la calidad está asegurada tanto en aroma como en sabor», señala Amparo Bordejé. «Lo mejor que puede pasar es que vengan temperaturas cálidas en agosto y septiembre y que octubre no sea frío», añade.

Una producción muy localizada

Valtueña, el pueblo del azafrán

Reconocimiento a su calidad / El azafrán de Valtueña fue reconocido por su calidad en las exposiciones universales de París en 1900 y de Columbia, en 1902 y 1903. Sus medallas cuelgan en el Ayuntamiento de la localidad, pedanía de Monteagudo de las Vicarías. Sus condiciones agroclimáticas permiten que sus tierras sean aptas para este cultivo milenario, si bien en la zona no se ha llegado a desarrollar como en su vecina Teruel, sobre todo por la imposibilidad de mecanizar el trabajo de recolección, que hoy en día tiene que ser todo manual. De ahí también el precio del azafrán.

 

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