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Leguminosas con efecto regenerador

El proyecto Promoleg promociona las leguminosas de Castilla y León como nueva estrategia de diversificación de cultivos para alimentación humana y animal / Los ensayos incluyen por primera vez campos en ecológico debido a su demanda

MARISOL CALLEJA
04/06/2018

 

El cultivo de leguminosas tiene una especial relevancia en Castilla y León. En términos generales se considera una alternativa agronómica que aporta «mucho» al agricultor en términos de rotación y mejora del suelo, además de favorecer el control de las malas hierbas o generar beneficios en la dieta de consumo de la cabaña ganadera.

La Comunidad es una potencia en muchos de estos cultivos en los que acapara buena parte de la producción nacional, con la veza para grano y forraje como líder en el ranking, con una superficie de cerca de 132.000 hectáreas, según los últimos datos PAC. Le siguen en importancia los guisantes, con 54.576 hectáreas; los yeros con 11.354; las lentejas, con 9.746; y los garbanzos con 8.800 hectáreas.

El mercado reclama una mayor utilización de leguminosas y los proyectos actualmente en marcha siguen, precisamente, esa hoja de ruta, tratando de obtener «una genética adaptada al territorio».
Castilla y León, a través del Instituto Tecnológico Agrario, Itacyl, mantiene actualmente varios proyectos en marcha para atender la demanda y lograr que el cultivo sea lo más competitivo posible para el agricultor.

El consumidor demanda sustitutos y alimentos alternativos a las proteínas animales. Otros tipos de consumo distintos a los tradicionales, en forma de snacks o cereales de desayuno más sanos a base de mezclas de harinas de cereales con legumbres, galletas, humus, etc... en un horizonte de mercado más innovador.

Una tendencia, junto al auge de los alimentos ecológicos, y aquellos bajo el concepto saludable y sostenible. Hay razones, por tanto, como expresan los investigadores, para promocionar este cultivo en un contexto europeo que se estima «muy favorable».

El Itacyl lleva ya tiempo trabajando en la obtención de nuevas variedades y realizando distintos ensayos. Siendo conscientes de que la superficie actual es «más baja de lo que debería», como señala Carmen Asensio, del área de investigación agrícola de Itacyl, el esfuerzo se centra ahora en promocionar las leguminosas como estrategia de diversificación de cultivos para alimentación humana y animal.

Este es el reto del proyecto Promoleg, que se inició hace ahora un año y que obtendrá este 2018 la primera cosecha de los campos de ensayo.

Asensio constata el «boom» de las leguminosas para consumo humano bajo un concepto de alimentación saludable, como fuente de proteína vegetal. Por otra parte, la gran dependencia de nuestra ganadería de los cultivos proteicos de terceros países invita también a una reflexión y a una mayor utilización de este cultivo.

Los investigadores destacan las sus ventajas, a pesar de que las leguminosas grano supongan solo el 8% de la superficie total de cultivos herbáceos en Castilla y León.

Desde un punto de vista agronómico, las leguminosas son fijadoras de nitrógeno. Son una base importante para manejar los nutrientes en el suelo con rotaciones y asociaciones de cultivo. Así lo destaca desde el área de investigación, Alicia García, que incide además en las ventajas frente al cultivo posterior. Y es que, según todos los estudios, el rendimiento de un cereal posterior a la leguminosas se incrementa aproximadamente entre un 10 y un 25%, aumentando la rentabilidad para el agricultor.

Por otra parte, esta alternativa al monocultivo es clave para romper el ciclo de plagas y enfermedades instalado en muchas parcelas de la Comunidad. Aunque la recomendación de los técnicos es incluir la leguminosas en un 20-25%, un estudio realizado confirma que solo se realiza en un 15%.

Si hablamos de alimentación animal, la soja sigue siendo la materia clave para el aporte proteico. En España no se puede producir, y la dependencia externa es abrumadora. Tal y como explican los técnicos del Itacyl, en nuestro país la línea de necesidades de soja se «solapa» con la de las importaciones, con un autoabastecimiento de solo el 0,04%, una cantidad que explica esa dependencia exterior por un bien primario, que llega principalmente desde países como Argentina, Estados Unidos o Brasil.

Según los datos de 2017, en España se produjeron cerca de 5.000 toneladas, cuando se necesitan más de cinco millones y medio. Castilla y León tienen un importante déficit de proteína vegetal, por lo que las leguminosas grano se presentan como una alternativa interesante, y como sustituto de la soja.

En este contexto, el reto de la administración sigue siendo «conseguir variedades productivas que se adapten a los secanos de Castilla y León». Un proceso «lento» que se basa en la mejora genética vegetal. No hay que olvidar que hasta que una variedad llega al registro pueden pasar entre 10 y 12 años de intenso trabajo a pie de campo. Itacyl ha realizado varios registros, con algunas variedades de alberjón y garbanzo que están en estos momentos en plena tramitación.

El proyecto Promoleg arrancó hace ahora un año, dentro del PDR 2014-2020. De colaboración público-privada, y con un presupuesto total de 564.378 euros, cuenta con la participación del Itacyl (58%) y de una parte empresarial (42%), integrada por Agropal, Car-Carrión, AN Sociedad Cooperativa, Agro Tecnipec SL, Copasa, Harinera Castellana, Arlanza Sociedad Cooperativa, Copiso, la Sociedad Cooperativa Sto. Cristo de Reveche, Triticum Agro SL, y la Unión de Cooperativas, Urcaycl.

El consorcio se marca cinco objetivos, como explica Carmen Asensio, jefa de la Unidad de Cultivos herbáceos del Itacyl: Evaluar las líneas avanzadas de mejora de especies de leguminosas; ensayar las variedades comerciales en microparcelas y en bandas para establecer comparaciones; estudiar diferentes técnicas agronómicas respecto a fechas de siembra para cada ambiente y adecuar las rotaciones; así como la utilización de las leguminosas en la alimentación humana y animal; y la promoción de los resultados.

Por primera vez, estas pruebas contemplan ensayos en ecológico, ya que la administración reconoce que se trata de un sector «estratégico». Hay mercado y posibilidades, por eso, el proyecto estudia la caracterización nutricional y tecnológica de la harina de leguminosas, así como la caracterización para su adecuación a las formulaciones de piensos compuestos.

En la actualidad, hay en marcha distintos ensayos en Antigüedad, Grijota y Villaherreros, en Palencia; Arcediano, en Salamanca; Pozalmuro y Nolay, en Soria, esta última con vezas ecológicas; Gumiel de Izán, en Burgos, con ensayo de rotaciones; Olmedo, Olmos de Esgueva y Zamadueñas, en Valladolid, con distintas líneas avanzadas del programa de mejora y guisantes en ecológico también.

Ensayos en cinco especies como el guisante, lenteja, veza, garbanzo y alberjón, en los que participan empresas y cooperativas del sector, además del Itacyl.

El cultivo de leguminosas tiene un amplio recorrido, aunque la superficie suele depender de las subvenciones. El guisante es la especie más estudiada, aunque enfermedades como la bacteriosis han hecho que el agricultor haya optado en ocasiones por la veza o el alberjón en su lugar.
Los profesionales denuncian además la falta de materias activas, que consideran un «factor limitante» al afectar a la rentabilidad del cultivo. Una materia en la que se trabaja desde el Itacyl para obtener nuevas variedades «competitivas», con una calidad estable, y adaptadas a los condicionantes agroclimáticos de nuestras zonas.

Desde el sector, Julio Aguilar insiste en que las leguminosas son «interesantes» en la rotación de las explotaciones. Solo lamenta que la rentabilidad vaya vinculada a la producción, y el precio a la soja. Los fabricantes de piensos, por su parte, creen que la «dificultad» está en cerrar contratos a largo plazo, debido a la variabilidad de las partidas y la falta de suministro. Algo que, como explica Víctor Rodríguez, de Copasa (Salamanca), no ocurre en ningún caso con la soja, con un canal de comercialización «fuerte» y desarrollado.

Desde el ámbito ecológico, Abel Barrios, de INEA, tiene claro que el problema es que la leguminosa se compara la soja. En su opinión, el agricultor debe tener en cuenta los beneficios que ofrece en la rotación de cara a los futuros cultivos. Cree que «hay mucho por hacer» e invita al sector a concienciarse sobre una agricultura «sin fitosanitarios. Por su parte, José María Santos, de Urcacyl, opina que es un «buen» momento para las leguminosas, en un contexto europeo con promociones a favor del cultivo como fuente de proteína vegetal.

 

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