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CAMPAÑA

Larga vida al pistacho

BALANCE. Los productores de este fruto seco aseguran que es una alternativa «atractiva» con unos precios que se disparan en ecológico, con diferencias de hasta cinco euros / Invitan al agricultor profesional a probar con un cultivo «muy rentable»

ELSA ORTIZ
14/10/2019

 

Ha engatusado a los paladares más exquisitos, como guinda de pasteles, salsas que aderezan todo tipo de platos o aceites imprescindibles en la haute cuisine. En su lista de conquistas también figuran quienes realizan deporte de manera asidua, como aliado para la recuperación, y quienes no lo practican pero se cuidan con este snack saludable. Incluso han caído en sus redes las investigaciones científicas, que avalan los beneficios de un consumo moderado de pistachos. Ingerir un puñado de estas esmeraldas contribuye a regular el estrés y el colesterol, a bajar de peso e, incluso, a disminuir el dolor menstrual.

Pero todo Don Juan que se precie tiene al menos una excepción que se resiste a sucumbir a sus encantos. En el caso de Castilla y León no se da en los paladares, sino en el campo donde los agricultores profesionales más arraigados a la tradición de la tierra no las tienen todas consigo.

La apuesta por este fruto seco comparte temores e incertidumbres con cualquier otra que en una comunidad históricamente patatera, cerealista y remolachera se salga del guión escrito por unos cultivos milenarios. Sin embargo, todo aquel que se arriesga a probarlo, sin escuchar al qué pasará, repite.
corazonada

Para tensar la cuerda floja sobre la que se balancea la rentabilidad de esos cultivos tradicionales, que pierde equilibrio azuzada por unos gastos que no cesan y la necesidad de aumentar la superficie, Félix Talegón se refugió entre pistacheros con un pálpito: el de una larga vida para el fruto de estos árboles. Una corazonada que, casi 17 años después, es aún más fuerte. «Llevamos dos décadas plantando en España y no hemos sido capaces de abastecer las 17.000 toneladas de pistachos que consumimos. Alcanzar esa producción nos costará, al menos, diez años más», asevera quien abrió la veda de esta joya verde en la Comunidad.

Pionero en la comarca de Toro con este cultivo no tiene ninguna duda de que goza de una «gran proyección de futuro» bajo el candado blindado de una demanda en auge, que ya supera con creces la oferta, avivada por «las fuertes sequías que sufre Irán» a las que se suma, este año en concreto, la rebaja que «una primavera extremadamente lluviosa» ha dejado a Estados Unidos con una cosecha sentenciada a cerca de la mitad.

Castilla y León, por su parte, ya está echando cuentas para saldar la campaña. Las recogidas están a punto de llegar a su fin y el balance es «bueno», con «precios similares» a los que dejó la anterior y con plantaciones en plena juventud, que en este caso también es divino tesoro al traducirse en un aumento progresivo de los kilos.

Félix explica que la producción va ligada a las velas que sopla la planta, en un margen que ahora mismo se puede mover entre los 800 y los 1.600 kilos por hectárea, y que se incrementa cuanto más longeva es. Este agricultor zamorano del municipio de Tagarabuena estima «hasta unos 1.500 en árboles con ocho años que estén en regadío», modalidad que recomienda fehacientemente para este cultivo. El precio, uno de los grandes atractivos del mismo, se mantiene en forma entre los seis y los ocho euros, diferencia que marca el calibre.

Este fruto seco sale ileso de la batalla contra las inclemencias del tiempo que han azotado al campo durante este año agrícola. Su mayor enemigo climatológico es el granizo; al que se suman las heladas primaverales tardías que sí han afectado, en cambio, a las almendras. «El pistacho ha aguantado por lo que se confirma que es más resistente, como también ocurre en las enfermedades aun con menos tratamiento», aplaude antes de celebrar una campaña «bastante sana» a excepción de alguna zona próxima a las riberas de los ríos donde «hay una mayor humedad».

Al alza

La demanda al alza tira, en la misma dirección, de este cultivo que en Castilla y León suma ya 1.700 hectáreas, según los datos que baraja la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural. Valladolid y Zamora son las provincias más pistacheras. Aglutinan cerca del 69% de la superficie regional, con 623 y 545 hectáreas, respectivamente.

Esta alternativa no ha cosechado muchos adeptos en León, que apenas tiene dos hectáreas. Por debajo del centenar también se encuentran Burgos, con 66; Palencia, con una menos; y Soria, con una veintena. Los pistacheros visten también 130 hectáreas en Segovia, 127 en Salamanca y 110 en Ávila.

En conjunto, la superficie triplica las 450 que la región sumaba hace tres temporadas. Y detrás de esta multiplicación está, asegura Félix, la «alta rentabilidad» del cultivo. «Aunque se hiele un año de cada tres, el que sale bueno recoges lo equivalente a casi diez campañas de cereal», calcula este productor para después lamentar que «mucha gente todavía no se lo crea».

Prueba de esta incredulidad es que hay «muy poquitos profesionales que se lancen». Aquellos que se animan a probar con los pistacheros son agricultores a tiempo parcial o aficionados que experimentan en una parcela de su propiedad. «Los profesionales, que son quienes realmente viven en los pueblos, no lo acaban de ver», reconoce para remarcar que la balanza en las grandes explotaciones continúa inclinándose a favor del cereal, reforzado con el contrapeso añadido de lo que reciben a través de la Política Agraria Común (PAC). «En Castilla y León siempre hemos sido anti-árboles», reprocha.

La incursión de Félix en el mundo de los pistacheros empezó con 4,5 hectáreas en su explotación de regadío en Tagarabuena donde se han ido haciendo hueco, desplazando a la remolacha y a la patata, hasta alzarse como «actividad principal» con 19. «Mantenemos algo de cereal pero nos dedicamos de lleno al pistacho», asevera.

Una dedicación que lleva sello ecológico. Ahora literalmente, pero desde un primer momento tuvo esta orientación. «Prácticamente no usábamos herbicidas y fungicidas nunca hemos utilizado, por lo que sólo tuvimos que cambiar un poco el abonado», concreta para asegurar que esta práctica encuentra su reconocimiento posterior en las ventas, con «dos o tres euros más» en su precio.

Castilla-La Mancha es la reina del pistacho a nivel nacional. Pero Félix está convencido de que, «haciendo las cosas bien», Castilla y León podría incluso superarla. «Nuestro fruto puede llegar a tener mejor calidad que el suyo, porque tenemos más agua y suelos más profundos», contextualiza para poner dos condiciones a este anhelo: saber elegir las variedades idóneas y perfeccionar el manejo del cultivo. En lo que respecta a este segundo requisito, este agricultor explica que la región «aún lo está descubriendo porque, además de ser muy nuevo, se comporta diferente por el clima».

La experiencia dice a los productores castellanos y leoneses que necesitan variedades «de ciclos más cortos para compensar esa falta de horas de calor» que aventajan a la otra comunidad. En la elección correcta de las mismas y de los viveros está la clave del éxito, para evitar los problemas que ocasionan las plantas que llegan con un compañero de viaje: el Verticilium. A pesar de estas zancadillas, que espera salvar próximamente, el pionero regional de este cultivo concluye haciendo hincapié en el «calibre increíble» de los pistachos de esta tierra.

Prueba

A lado de Félix camina Aurelio González. El secretario autonómico de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) se decidió a «probar» hace ocho años y solo se arrepiente de una cosa: «no haberlo hecho con más». Cuenta con 2,5 hectáreas en una parcela de más de siete de regadío. Saldó la campaña pasada con más de 500 kilos por hectárea y en esta espera superar los 1.000. «Esto ya es una buena producción», considera para matizar que los árboles alcanzan un «rendimiento pleno a partir de los 12 años».

La sequía, protagonista indiscutible de este año agrícola, sí ha dejado una pequeña huella en este cultivo. «Aunque la mayoría está en regadío, el ambiente tan seco lo ha adelantado», valora antes de celebrar una «cosecha buena» sustentada en explotaciones que, salvo alguna de pocas hectáreas, son «jóvenes que están en desarrollo». Por otro lado, y dado que las enfermedades van aparejadas a la humedad, esta temporada «no ha habido problemas especiales». La excepción apunta, reprocha Aurelio, al Verticilium que regalan las compras en viveros «no autorizados y sin garantías».

Dentro de los precios, destaca la subida experimentada por el ecológico, que se aproxima a los 13 euros por kilo. «Otros años la diferencia estaba en torno a los dos o tres euros, que ya es dinero, pero este se ha disparado y es de cinco», compara para augurar la conversión de todas las explotaciones si se mantiene la tendencia.

Tendencia que, en términos de superficie, también apunta al alza. El cultivo aumenta, a juicio de este agricultor, por la «obligación de buscar alternativas que sean rentables» donde los frutos secos cada vez ganan más puntos en la Comunidad. «Estamos viendo que el cereal no deja nada y, si vienen años de sequía, devuelve pérdidas», lamenta Aurelio para mirar a los almendros, cuya plantación «se ha incrementado muchísimo» en los últimos años, y a los pistacheros que también ha crecido al resultar «atractivos». Una diferencia marca entre ambos: «en el caso de las almendras, estás recogiendo al tercer año, mientras que para la cosecha de pistachos hay que esperar seis o siete».

El secretario autonómico de UPA coincide con Félix al reconocer que este cultivo cala más fácilmente en «personas vinculadas de alguna manera a los pueblos pero que desempeñan otra actividad». Considera que estos agricultores a tiempo parcial y aficionados «tienen esa mentalidad de intentarlo porque no viven de ello», mientras que los profesionales «buscan sacar rendimiento lo antes posible y esos seis o siete años echan para atrás en muchos casos». Su mirada retrocede en el tiempo para recoger esperanza: «así empezaron nuestros abuelos con las viñas».

Para Aurelio, la ventaja de Castilla-La Mancha no solo está en el tiempo que llevan con este fruto seco, sino en «el centro de trabajo de desarrollo agrario que su Gobierno regional puso en marcha para buscar soluciones ante un problema muy grave del secano por la falta de agua». Reconoce la «buena labor» que allí realizaron los técnicos.

Castilla y León no puede seguir el mismo patrón, dado que tiene «mejor terreno y más agua». Nadie tiene una bola mágica para saber qué pasará en unos años, pero tanto Félix como Aurelio están convencidos de que esta tierra tiene «un potencial terrible en materia de frutos secos».

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