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BURGOS

Una granja como las de antes adaptada a los nuevos tiempos

Los pollos y capones de corral de Páramo del Cid (Caleruega) se crían durante medio año en libertad para mejorar la «calidad» de su carne / La automatización de los procesos permite ajustar los pesos

DIEGO SANTAMARÍA
08/01/2018

 

Cuando Aitor y Fernando Núñez visitaban en sus tiempos mozos la finca familiar y criaban por «afición» a los animales que allí vivían no imaginaban que, años más tarde, acabarían montando su propia explotación. De hecho, su trayectoria profesional fue por otros derroteros que nada tienen que ver con al sector agroganadero. Sin embargo, el futuro es imprevisible y, en un momento dado, decidieron aprovechar el «pequeño vacío» existente en torno a los pollos y capones de corral. Por ello, ni cortos ni perezosos, dejaron atrás la gestión de instalaciones deportivas para centrarse de lleno en la construcción de una granja capaz de combinar la metodología tradicional «de nuestros abuelos» con tecnología punta en cada uno de los procesos.

El proyecto no se gestó de la noche a la mañana. Los hermanos Núñez no querían dar un paso en falso y dedicaron tres años a «conocer el modelo de negocio» y recibir el mejor asesoramiento posible para rentabilizar la inversión. Finalmente, la granja Páramo del Cid abrió sus puertas Caleruega (Ribera del Duero) en enero de 2017 con el objetivo de plantear una alternativa a las «dos tendencias» que a día de hoy predominan en el mercado. Por un lado, la «crianza ilegal y casera» que por norma general se reduce al ámbito familiar. Por otro, los «pollos de corral de grandes corporaciones que realmente no lo son».

Aunque se lanzaron a la piscina «sin ninguna experiencia», Aitor y Fernando buscaron el asesoramiento de los «principales expertos a nivel nacional». Querían una estirpe «de crecimiento lento» y se decantaron por el cruce entre machos T44 y reproductoras SA51. De esta manera, se aseguran que el peso máximo de cada ejemplar, limpio en canal, oscile entre los 3 y los 3,5 kilos porque «es lo que nos está demandando el mercado». Por otra parte, Aitor señala que este cruce en concreto «aguanta muy bien los cambios de temperatura», que en tierras burgalesas se caracterizan por «veranos cálidos» e «inviernos con valores bajo cero».

Pero no basta con elegir un buen cruce para garantizar el peso ideal de los animales. También es necesario controlar al detalle cada uno de los procesos, y en ese sentido los hermanos Núñez han apostado por la automatización de comederos y bebederos. Gracias a ello, los pollos y los capones disponen de «alimento continuo» con las máximas condiciones de seguridad. Y es que la innovación se extiende también a las puertas de salida, lo que impide la entrada de alimañas u otros depredadores a la explotación.

El aprovechamiento de las nuevas tecnologías no está reñido con la metodología tradicional. De hecho, la filosofía de la empresa se basa en el bienestar animal a través de la crianza en libertad durante medio año. Nada más amanecer, los portones se abren automáticamente para que pollos y capones campen a sus anchas en el exterior.

De acuerdo a la normativa europea para el sistema ‘campero tradicional’, Páramo del Cid establece un espacio mínimo de dos metros cuadrados de parque abierto y uno de nave cubierta para cada ejemplar. El «gran problema», tal y como reconoce Aitor, son los «’picajes’» entre las aves. Por ello, los trabajos de selección y vigilancia para evitar bajas son continuos.

Al margen de su estricto cumplimiento del reglamento comunitario, Aitor remarca que el régimen en extensivo permite «mejorar» la calidad de la carne. El resultado final también depende, y mucho, de la alimentación. En su caso, los animales se nutren de trigo, cebada, maíz, soja, frutas y vegetales. Los cereales proceden de la cooperativa La Burgalesa de Caleruega, cuya nave se sitúa a escasos 500 metros de distancia. Así pues, se «reduce el impacto ambiental» mientras ambos proyectos se retroalimentan.

En su primer año de andadura, esta joven empresa ha sacado adelante dos lotes de 2.500 pollos cada uno. No está nada mal para empezar, aunque Aitor espera aumentar paulatinamente la producción porque su capacidad por lote es de «4.200 pollos a la vez». Al mismo tiempo, el principal objetivo de los hermanos Núñez a corto plazo es «darnos a conocer en el mercado». De momento, han detectado un «interés» creciente en Burgos, Palencia o Valladolid. En cualquier caso, la siguiente plaza que aspiran a conquistar es Madrid. Para ello, cuentan con el respaldo de Burgos Alimenta, que les llevará a Alimentaria y al Salón de Gourmets.

 

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