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JÓVENES

Los graduados del campo: presente y futuro

Agrícolas Lucía Conde, Carmen Villanueva, Darío García y Alberto Herranz son jóvenes formados que hablan en este reportaje de las expectativas del sector

M. CALLEJA
17/07/2017

 

Son el futuro del campo y están convencidos de que el sector agrario tiene «un gran potencial». Lucía Conde, Carmen Villanueva, Darío García y Alberto Herranz representan a esos jóvenes del medio rural, con ganas de seguir en sus pueblos y desarrollar allí una actividad profesional vinculada a la agricultura. Algo para lo que llevan formándose hace ya varios años en la Escuela de Ingeniería INEA de Valladolid.

Darío y Alberto acaban de finalizar sus estudios, con «buenas» perspectivas. Hace justo una semana presentaban su proyecto final de carrera, lo que ha supuesto el pistoletazo de salida hacia el mundo laboral. Un camino que emprenden, en principio, sin temor ni incertidumbre, ya que, según afirman, están ante una profesión «con mucho futuro».

Darío trabaja desde febrero como técnico de campo para Huercasa, mientras que Alberto tiene pensado incorporarse al negocio familiar en Chañe (Segovia), dedicado a la producción de planta de fresa y hortalizas. Su intención es pasar un año en la empresa, «conocerla por dentro», para después especializarse, seguramente a través de un Máster. A ninguno de estos dos emprendedores les faltan proyectos, iniciativas, o ganas de seguir aportando conocimiento al sector agrario.

RECONOCIMIENTO

El ‘agro’ tiene potencial y eso se ha notado en los últimos años, por ejemplo, en el número de alumnos, que ha crecido en la Escuela. Para Alberto Herranz, «la agricultura va a ser un pilar fundamental para el futuro de la población», en referencia especialmente a la creciente demanda de alimentos prevista a partir de 2050, según las estimaciones de la FAO. «Cada vez seremos más y las tierras son las que son».

Aún así, todos comparten la idea de que la figura del agricultor sigue sin tener en España el «reconocimiento» que merece. Es decir, «parece que el que no vale para estudiar, se queda en la explotación», cuando, según destacan estos ingenieros, se trata de una labor «muy complicada».

Así lo constata Lucía, de 23 años y natural de la localidad vallisoletana de Cigales. Esta joven, con vinculación al campo y al viñedo, acaba de aterrizar en tierras vallisoletanas tras un año de Erasmus en Inglaterra. Allí, subraya, «se valora más la agricultura» y a su gente. De hecho, pone de manifiesto la dimensión de la Universidad en la que ha pasado este curso, ‘Harper Adams University’, con más de 5.000 alumnos, «la mayoría agricultores que se forman para quedarse en sus granjas». Unos datos que contrastan, por ejemplo, con Escuelas como INEA, con cerca de 200 alumnos matriculados y 30 preinscritos para el próximo curso. Una demanda no masificada que luego se traduce también en «hueco» en un mercado al alza, que reclama personal formado y profesional.

Y es que, los cuatro jóvenes tienen claro que las cosas «han cambiado mucho», en términos de formación. «Hay que formarse, ya no vale lo de siempre», señala Carmen. Una joven a la que le gusta vivir en su pueblo, Rueda, y cuya familia no tiene pasado agrario ni ganadero. A pesar de ello, asegura que su objetivo es desarrollar su vida laboral en alguna empresa del sector, en un entorno rural.

INNOVACIÓN

Darío, por su parte, es hijo de agricultor. Hasta ahora ha estudiado y «echado una mano en casa», siempre que le era posible. Su plan es seguir en Huercasa y, como segunda actividad, llevar la explotación de su padre, en definitiva, «ayudarle a mejorar».

La sensación en el sector es que los agricultores son «cada vez más innovadores», a pesar de todos los recelos iniciales. Por otra parte, no queda otra si el reto es «producir más, pero mejor», en términos económicos, de eficiencia y medio ambientales.

Se percibe «un cambio de mentalidad» en el sector, que ponen de manifiesto estos estudiantes. Un giro que atribuyen a la formación de los agricultores. Se trata, dicen, de ver las nuevas tecnologías como una inversión en rentabilidad, y no como una amenaza.

Darío explica en este caso como en su zona, ‘El Carracillo’, hace cinco años no existían GPS en las parcelas hortícolas. Ahora, dice, «está plagado». Y es que, la agricultura de precisión se ha convertido en una estrategia obligada para el campo si el profesional quiere «ahorrar» y ser más competitivo.

Aún así, Lucía lamenta que «muchos pequeños agricultores no se lo puedan permitir». Y es que innovar, «sigue siendo muy caro».

Opiniones que comparte también Rodrigo de la Fuente, vallisoletano y recién graduado en INEA. De hecho, el mismo día que se realizó este reportaje presentaba su proyecto de carrera, un parque botánico que obtuvo una calificación de matrícula.

Los alumnos de INEA que se matriculan en el Grado en Ingeniería Agrícola y del Medio Rural, obtienen también el Título de Especialista Universitario en Dirección de Empresas Agrarias, lo que abre el abanico de posibilidades y las oportunidades laborales. Eso fue precisamente lo que convenció a Rodrigo, nacido en la capital y sin vinculación por el campo, a apostar por esta profesión «con mucho trabajo». «No tengo tierras y decidí hacer este grado por las salidas que tiene, y que yo quiero enfocar al Medio Ambiente». Y es que el abanico de salidas y actividades profesionales es bastante amplio. Así, estos graduados pueden redactar y firmar proyectos, estudios o informes periciales asociados a la producción agrícola y ganadera, la industria agroalimentaria, la jardinería y el paisajismo, el desarrollo rural y el impacto ambiental.

Nadie tiene ninguna duda de que el futuro del sector agrario pasa también por una PAC más verde y una actividad sostenible. Por eso, surge también el debate en torno al agua, «un factor limitante de futuro, lo es ahora y cada vez lo será más», subraya Alberto, que se refiere al riego ‘a manta’, que aún se practica en el campo, como «un desperdicio brutal».

Los cuatro estudiantes apuestan por la modernización para ser eficientes y por una «mayor concienciación» de la sociedad también. «El agua hay que aprovecharlo bien», según apunta Carmen, que no duda de los efectos del cambio climático que entiende son ya «una realidad». El campo debe acostumbrarse a fenómenos extremos, en forma de sequía y lluvias abundantes, que se deberán canalizar lo mejor posible.

TENDENCIAS

Sector productor e industrial forman parte de la cadena de valor. Un binomio necesario del que estos cuatro ingenieros son muy conscientes. Para la administración autonómica el reto actual del sector agroalimentario para ganar cuota mercado está en «producir lo que la industria demanda», y hacerlo además con «valor añadido». Un elemento diferenciador que, en su opinión, serviría para distanciarse de otras regiones y países, y seguir avanzando en competitividad.

Para Lucía, Carmen, Darío y Alberto, la tendencia del mercado apunta a los «alimentos ecológicos». Estos ingenieros agrícolas recién graduados algunos, y otros apunto de hacerlo, creen que los consumidores «están concienciados» y así lo demandan. «Antes la gente no miraba las etiquetas, ahora se comprueba el origen del producto y se valora lo local», señalan. «Se buscan alimentos saludables».

Sobre los cultivos nuevos, tienen claro que, en muchos casos, su promoción e incremento de superficie va ligado a la apuesta de las casas comerciales y a la investigación. «Dependes de las empresas, la mejora genética es importante, se produce lo que demanda la industria», según aseguran. Están convencidos del «potencial» de Castilla y León en este caso, sin olvidar la existencia de un mundo globalizado, donde los precios de los cereales por ejemplo, los marca Chicago y las cosechas mundiales, y donde «es más barato traer trigo de Canadá que producirlo aquí».

JÓVENES

El futuro de estos jóvenes pasa principalmente por el mundo empresarial. Solo Darío está incorporado oficialmente, y piensa gestionar su explotación. El resto de graduados apuesta más por prestar servicios como técnico de campo y asesoramiento agrario, para el que se han formado durante cuatro años.

Aún así, conocen bien las trabas para incorporarse al sector agrario, los altos precios de las tierras, o los constantes «retrasos» en las subvenciones concedidas. Es el caso de Darío, tras más de cuatro años, aún no ha recibido las ayudas por parte de la administración. «Si me hubiera tenido que incorporar con mi dinero, me habrían arruinado», lamenta contrariado. Los cuatro tienen claro que incorporarse desde cero es «imposible» en estos momentos. Por eso, lamentan que la sociedad les tenga por un sector subvencionado, cuando la PAC, dicen, «es solo un instrumento para compensar la pérdida de rentas que tienen los agricultores».

Es más, como ponen de manifiesto, en este año de sequía «ni siquiera las ayudas de la Política Agraria compensarán los daños ocasionados en el campo por las inclemencias meteorológicas». Y es que muchos agricultores no han llegado a cosechar ante la falta de producción.

MEDIO RURAL

El medio rural sigue amenazado por la despoblación. Carmen reconoce que todos sus amigos estudian fuera y, seguramente, «ya no volverán a su pueblo para trabajar». «Faltan empleos», denuncian, que ‘tiren’ de este entorno y generen a su alrededor los servicios básicos para que la gente se quede.

Empleo y «suelo industrial» en todos los municipios, según Rodrigo, con distintos tipos de empresas, «no solo agrarias», que mantengan población y actividad.

 

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