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PERFIL

«El medio rural necesita apoyo, no solo ayudas»

Zamora Mari Carmen San Román es ganadera de Doney de la Requejada / Allí lleva 30 años desarrollando una actividad «dura» que pasa un momento delicado

M.C.
03/07/2017

 

Mari Carmen San Román, natural de Doney de la Requejada, es una de esas ganaderas de toda la vida. Incorporada oficialmente al sector desde los 22 años de edad (acaba de cumplir 52), su primer contacto con los animales se remonta casi a la cuna. Era muy pequeña aún cuando empezó a salir con las ovejas al campo, apenas tenía ocho años. Recuerdos que guarda con cariño, como aquel día en el que su padre la tuvo que ir a buscar pensando que le había ocurrido algo cuando olvidó, «por irse a jugar con sus amigas», llevarles la comida al campo. «Era muy pequeña, tenía unos once años, pero había que ayudar», relata orgullosa de su vinculación con el medio rural y la ganadería.

Sus padres tenían vacas y ovejas, aunque, como solía ocurrir en esa época, en un número mucho menor al que es habitual en las explotaciones actuales. Ahora están más dimensionadas. Es curioso, afirma, como antes una familia podía subsistir con quince ovejas y siete vacas, y ahora ese número se tiene que multiplicar por veinte para «sacar algún beneficio».

Doney es un pueblo situado en la comarca natural de Sanabria, fundamentalmente ganadero. Antes había más gente, y más agricultura, aunque ahora, según Mari Carmen, «es imposible sembrar nada», ya que el jabalí y el ciervo «acaban con todo».

Al igual que ha ocurrido en otras muchas zonas del medio rural en Castilla y León, este municipio ha ido perdiendo habitantes en los últimos años, y ganaderos también. Mari Carmen cuenta como la mayoría de chicas de su edad se fueron marchando, seguramente, dice, «buscando una vida mejor». Su caso es distinto. Esta ganadera reconoce que siempre estuvo «muy pegada» a su madre, después se enamoró, y, finalmente, se quedó en su pueblo. Asegura que «siempre» se ha sentido ganadera. «Es lo que me gusta», a pesar de la «dureza» y «esclavo» del oficio.

Su padre se jubiló hace treinta años, y le pasó las vacas y las ovejas. Un relevo natural, pues siempre había ayudado en casa con los animales y eso era lo que le gustaba realmente. Su hermano Jesús se incorporó después a la explotación familiar, tras regresar a su pueblo. Ambos gestionan ahora dos explotaciones con un total de 3000 vacas y unas 270 ovejas de carne, estás últimas en régimen de semi extensivo. Las vacas están sueltas en el campo todo el día.

Al contar con la explotación familiar, ninguno de los dos pidió ayudas para incorporarse, sí lo han hecho en el caso de los planes de mejora. Desde esta perspectiva, Mari Carmen pone de manifiesto los «problemas» que hay ahora para incorporarse. «En lugar de facilidades y apoyo, solo hay» burocracia», afirma convencida de que empezar de cero es casi imposible.

Especialmente, si se tiene en cuenta que el sector atraviesa un momento «delicado». Hay «mucha incertidumbre», en un mercado de «bajos» precios, según destaca. «Los corderos valen igual que hace diez años», subraya con pesar. Cuando se le pregunta si este es uno de los peores momentos que ha vivido, reflexiona solo un instante, antes de constatar que así es. En su caso, además, vende a matadero. Antes, dice, la gente te venía a buscar. Ahora, la situación es bien distinta, «tienes que llamar» y no siempre se colocan todos los animales. Con el inconveniente de que «tampoco sabes lo que vas a cobrar». Y es que «vas al mercado y te llevas un talón», esperando que, al menos, tenga fondos.

La ganadería es un oficio difícil por las horas que conlleva. Al menos, el profesional espera que su esfuerzo se vea recompensado en un precio que no siempre sirve para afrontar los gastos como debiera.

Aún así, a Mari Carmen le gusta lo que hace. Nunca pensó en salir de su pueblo, a pesar de los pocos servicios. Una situación de la que se dio cuenta, sobre todo, cuando tuvo a su hija Belén, que ahora tienen 22 años. Todo estaba lejos, la farmacia, el supermercado, los colegios, y «había que moverse».

En este sentido, cree que el medio rural no está apoyado como debiera. Y no habla solo de ayudas. Cree esta ganadera que necesita apoyo, como la ganadería, por parte de la administración. Y los jóvenes que se van a incorporar, «menos papeleo». «Falta conocimiento general del medio rural y es necesario adaptarse a sus circunstancias». Si esto no ocurre, no duda de que los pueblos «se terminarán quedando vacíos» finalmente.

El día a día es duro, especialmente en épocas de paridera o en el momento de recoger la hierba. Lo que se traduce en que no hay vacaciones, apenas una semana al año en la que se turna con su hermano, y algún fin de semana de manera excepcional. Mari Carmen lamenta solo no haber podido disfrutar de su hija como le hubiera gustado.

Cuando se le pregunta por los problemas que acechan al sector, junto al mercado y los precios, esta ganadera se refiere inmediatamente a los saneamientos y el lobo. En el primero de los casos, alude a la fauna salvaje directamente, a la que atribuye muchos de los casos positivos registrados en las explotaciones. En cuanto al lobo, reconoce que el censo se ha incrementado. Desde el año 2011 ha perdido más de 16 terneros debido a los ataques. Este año, de momento, se ha librado. «Hemos visto manadas de siete lobos juntos», señala consciente de que «el lobo siempre va a existir». Por eso pide, por ejemplo, apoyos para mantener a los mastines y otras medidas de prevención. Lo único que le queda al ganadero en este caso.

A pesar de ello, a esta zamorana no se le pone nada por delante, ni siquiera el lobo. Suelen decirle que «vale para todo». Lo mismo coge el tractor, sube al campo, se ocupa de los animales o se mete en otros menesteres. Menesteres que le vinculan siempre a su pueblo y su pasado. Una vida que disfruta, a pesar de todos los contratiempos. Puro orgullo ganadero.

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