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Un cultivo para el olfato

AROMÁTICAS La región cuenta con 856 hectáreas de estas plantas, con el lavandín como preferencia

ELSA ORTIZ
01/07/2019

 

Castilla y León utiliza un perfume que huele a lavanda. Más bien a lavandín, un híbrido entre esta y espliego, que presume de un aroma aún más penetrante. Es un cultivo para el olfato, pero también para la vista pues pinta de morado unas tierras acostumbradas a tonalidades marrones.

El cereal, la patata o la remolacha son las opciones preferidas de los agricultores castellanos y leones desde tiempos remotos. Reinados incuestionables, reforzados por tradiciones milenarias, que con el transcurrir de los años se topan con nuevas opciones para vestir al campo. Como lo son las plantas aromáticas y medicinales, que ya se han hecho con 856 hectáreas distribuidas entre Valladolid, Palencia y Burgos. A la cabeza se sitúa el lavandín con 559, seguido por la lavanda con 148 y la salvia con 97. Estas apuestas colocan a la Comunidad como la tercera productora nacional, según los datos facilitados por la Consejería de Agricultura y Ganadería.

La viabilidad de estos cultivos, a los que abandera el adjetivo de minoritarios, es tangible. El todavía desconocido, a la par que atractivo, sector del aroma tiene potencial, aseguran quienes apostaron todas sus cartas por el mismo frente a lo convencional. No está exento, en cambio, de peros: una importante inversión inicial para la plantación, una maquinaria específica para la recolección y, como remate ideal, una destilería para la obtención de los aceites esenciales.

TIEDRA 

Precisamente en la búsqueda de «una alternativa al cultivo de secano» está el origen de Aromáticas del Duero. Sus motores se pusieron en marcha en 2008. Pero el pistoletazo de salida se dio uno par de años antes, cuando Antonio Fonseca y Luz Ruiz decidieron indagar cómo podían darle una nueva vida a un terreno familiar. Lo que empezó enfocado en «una explotación de un tamaño concreto» terminó sentando los cimientos de una empresa de plantas aromáticas, con servicios para los agricultores de las proximidades de Tiedra.

Los principios, como en cualquier aventura, no fueron coser y cantar. «No teníamos ni idea de si la apuesta iba a salir bien o mal. Nos arriesgamos mucho porque no conocíamos directamente ningún caso de éxito», explica Luz quien todavía recuerda que, para más inri, «al entusiasmo que había despertado este cultivo en Castilla-La Mancha le seguía, en ese momento, un declive».

A la incertidumbre propia de lo novedoso, se sumaba la relativa al «arraigo de la tierra» pues solo tenían constancia de un proyecto similar en Peñafiel. «El inicio fue realmente duro porque no sabíamos si estábamos metiendo la pata», reconoce, con total sinceridad, la responsable de Aromáticas del Duero. Un inicio que requirió de «una inversión y un esfuerzo muy grandes» que, además, no devolvieron resultados inmediatos. «Hasta que ves una explotación en condiciones pasa mucho tiempo», lamenta antes de precisar que una vez que se empieza no hay manera de dar marcha atrás pues, al contrario que con los cereales, «no se puede cambiar de opinión cada año».

Un mínimo de tres necesitan la lavanda y el lavandín para encender la mecha de la cosecha. «El primer año es solo inversión. Es el más delicado porque tiene que arraigar la planta que, durante el mismo, es muy pequeñita e incluso continúa siéndolo en el segundo», contextualiza para apuntar que las labores durante este tiempo se centran en combatir las malas hierbas. Luego la planta dura, matiza, de diez a catorce años. En este, la sequía no influirá en la cosecha pero «quizá lo haga devolviendo una menor esencia».

SERVICIOS

El foco principal de Aromáticas del Duero es Tiedra, donde estaba la explotación familiar. Pero además de atender la misma, también trabajan con «agricultores de la zona», a quienes o bien dejan la maquinaria para sus plantaciones o bien se encargan directamente de las mismas.

A la parte puramente agraria suman, en su cartera de servicios, la destilería y la comercialización. La lavanda y el lavandín tienen un hándicap, y es que «no debe pasar mucho tiempo desde que se recogen hasta que se destilan». De ahí que pusieran su propia industria en marcha, en la que en esta campaña esperan recibir más de 300 hectáreas en conjunto, entre las suyas propias y las de los clientes.

La maquinaria ya está engrasada y puesta a punto, pues restan dos semanas para comenzar la recogida que se alarga durante todo el verano, hasta septiembre. Luz desvela que su secreto está en «tapar la planta y destilarla en los propios remolques, sin manipularla nada más». Este proceso deriva en dos productos principales: el aceite esencial y el hidrolato o agua floral. El primero, que ronda las 15 toneladas, se comercializa al por mayor en España y fuera del país, en otros como Francia. «El hidrolato normalmente también se vende pero en nuestro caso se recicla, siendo lo que se utiliza para pulverizar y refrigerar con el fin de consumir menos agua», concreta.

Casi en plena campaña, con mil quehaceres entre manos, esta mujer emprendedora vuelve la vista hacia atrás, al miedo y la incertidumbre de aquel inicio para hacer balance de esta década. «Ahora estamos muy satisfechos porque hemos alcanzado unos niveles de producción realmente interesantes que nos permiten estar de lleno en un sector específico y reducido», valora antes de recordar la creación en 2010 de la Asociación Nacional Interprofesional de Plantas Aromáticas y Medicinales (Anipam), de la que fueron partícipes.

Luz esta convencida de que sin una férrea vinculación al mundo rural como la suya y la de su marido, que entonces se dedicaba al ámbito forestal, Aromáticas del Duero probablemente no hubiese nacido. «Todo el mundo resalta lo bonita que es la lavanda. Eso también nos pasó a nosotros pero, además, vimos en ella más salidas que la agrícola», asevera para añadir que lo visualizaron como una opción «multidisciplinar que podía enriquecer la zona».

Y en esta misma línea siguen caminando con un proyecto que ahora apunta al turismo y a la artesanía. «Hasta aquí se acerca gente de muchos sitios a preguntarnos, a conocer los campos y la destilería. Decidimos prepararnos bien porque es un sector muy querido, que le encanta a todo el mundo, pero muy desconocido», explica como presentación a Tiedra de Lavanda, un centro de interpretación que abrirá sus puertas en la segunda quincena de julio para dar respuesta a todos los curiosos. «A mí me hace una especial ilusión. Vamos a empezar con lo que tenemos –flor seca, ramitos, aceite esencial–, pero la idea es desarrollar algo de artesanía que guarde relación con este mundo que pueda, a mayores, involucrar a la gente del entorno», adelanta.

Para Luz, las plantas aromáticas son un «tema incipiente» en Castilla y León. «Parece que existe una ola de búsqueda de alternativas a lo tradicional», subraya mirando a cultivos como el pistacho o la almendra. Ninguno de ellos, como tampoco la lavanda y el lavandín, conseguirán «sustituir al cereal pero sí ser un buen complemento». En su caso concreto, celebra que «se está comercializando muy bien» por lo que «ha cumplido las expectativas iniciales e, incluso, las ha superado con creces».

PEÑAFIEL 

Peñafiel es otro de los puntos de la provincia vallisoletana donde el campo viste de morado. Y lo hace desde hace más de dos décadas. «El cereal registró los precios más bajos de la historia en torno al año 1998. Entonces se buscó un cultivo diferente para intentar salvar las parcelas menos rentables». Así llegó el lavandín a Cocope, según cuenta el técnico agrícola de esta cooperativa.

Javier Ruiz concreta que la elección de esta alternativa se hizo con la mirada puesta en Guadalajara y en otras provincias de la Comunidad, como Burgos, que ya registraban sus pinitos. «Se vio que era una opción viable y que alcanzaba una rentabilidad que entonces el cereal no tenía», justifica.

¿Qué otros rasgos caracterizan al lavandín? «Al ser plurianual tiene poco gastos, salvo durante el primero cuando se acomete la plantación. Tampoco exige muchos productos para cultivarlo», anota para remarcar la posibilidad de abarcar una amplia superficie que, asimismo, puede «mecanizarse prácticamente por completo y se adaptaba bien al reparto de la mano de obra durante el año porque no coincide con la cosecha del cereal».

A pesar de estos aspectos positivos, las plantas aromáticas no calan en Peñafiel. «Hemos tenido unos 70 socios pero ahora tenemos muy pocos, casi ninguno», lamenta Javier para estimar la permanencia de unas diez hectáreas frente a las 300 que han llegado a tener. «Ahora mismo las plantaciones más viejas están acabando y la gente opta por los viñedos, que en esta zona son mucho más rentables», concreta antes de asegurar que las viñas están asistiendo a «un boom».

El técnico de Cocope añade otro motivo de desánimo en esta apuesta: la sequía. La falta de agua hace mella en estas plantaciones, «mermando muchísimo» la producción. «Un año que sea abundante en lluvias puede dejar unos 6.000 kilos por hectárea y este podremos andar por los 3.000», compara. 
Las primeras actuaciones de recogida en Cocope, que tienen lugar desde finales de julio hasta septiembre, se llevaron a cabo con maquinaria propia. Pero una vez que apreciaron la «falta de interés», optaron por delegarlo en «empresas externas».

En el periodo de cadencia que necesita el cultivo para dar sus frutos, que Javier cifra en dos o tres años, fue cuando la cooperativa aprovechó para instalar su propia destilería que atiende a «otras zonas de Castilla y León fuera de la Ribera del Duero, sobre todo a la provincia de Palencia, donde sí están plantando lavanda». De hecho, en estos momentos están acometiendo una «reparación generalizada» que permita «mejorar y actualizar» las instalaciones de las que salen aceites esenciales de lavandín super, grosso y labrial, principalmente, que se comercializan a empresas españolas.

A juicio de Cocope, y a pesar de que no se encuentran en su mejor momento en lo que a plantas aromáticas respecta, ofrecen «una muy buena alternativa» para la región, especialmente si «el precio del cereal sigue a este ritmo». Aunque, insiste su técnico agrícola, en las proximidades de Peñafiel «el viñedo lo eclipsa todo y no hay color».

Para que esta alternativa pueda serlo, Javier aprovecha que el Ejecutivo autonómico está en construcción para insistir en la petición de ayudas a la plantación, como ocurre en Castilla-La Mancha. «Hasta el momento ni siquiera han contestado a la propuesta que se formuló ya hace tiempo. Al ser un cultivo minoritario, no se molestan en implantar unas subvenciones específicas», critica.

PALENCIA 

En el mapa castellano y leonés, también la tierra del Cristo del Otero aparece pintada de morado. Color que adquiere, como en el resto de la Comunidad, por la búsqueda de «alternativas al campo por parte de gente que, con la preocupación de salirse del cereal y de todo aquello que no acaba de rendir, quiere diversificar». Deseo que encuentra su refuerzo en un mercado «con demandas y expectativas».

Palentina de Aromáticas hizo su primer intento en 2008, precisa su gerente Amor Guzmán. Empezó «experimentando con todo tipo de plantas», tanto las que justifican su nombre como las medicinales, que es una opción «más difícil». Aquellas pruebas no fraguaron, o al menos no en ese momento, porque «detrás siempre hay grandes multinacionales que mueven los hilos». Sin embargo, alimentaron al «gusanillo de que había algo diferente». Y ocurrió lo que dicta el refrán: el que la sigue, la consigue. En este caso, la entrada al mercado de la lavanda y, sobre todo, del lavandín, que devuelve «un mayor rendimiento».

La fórmula del ensayo-error llevo hasta este punto a unos agricultores que «empezaron a investigar por su cuenta». El primer paso oficial lo dieron como la Asociación Palentina de Plantas Aromáticas y Medicinales, Apapam. Hace cuatro años, con la finalidad de desarrollar el cultivo y asegurar la venta, dieron una zancada más, y más amplia, al constituirse como una sociedad cooperativa que se dedica a «distribuir la planta entre los socios, compartir la maquinaria y comercializar los aceites».

Hoy continúan al pie del cañón con las investigaciones para «poder diversificar también dentro» de sus producciones. Ya cuentan con salvia sclarea, «una aromática que sirve para perfumería y droguería e incluso para farmacia». De momento, está en campos de ensayo. Nuevas pruebas que responden a un interés in crescendo que, para la gerente, demuestra el paso de los 11 socios que empezaron a 32. «Y con bastantes solicitudes para el año que viene».

Amor insiste en que estos cultivos son «de larga duración, con una vida estimada de una docena de años». No es hasta el segundo cuando en Palencia comienzan a hablar de producción aunque, asegura, alcanza su nivel «óptimo al cuarto». Esta cooperativa cosechó en la pasada campaña unas 100 hectáreas que confía en incrementar hasta las 130 en esta que está a punto de arrancar.

La responsable de Palentina de Aromáticas explica que durante este invierno han plantado 50 hectáreas, lo que significa que la recogida de dentro de dos veranos superará las 150. Ahora mismo, continúa perfilando, están inmersos en las previsiones para el próximo ciclo y ya han recibido cerca de medio centenar de solicitudes. «Esperamos superar las 200 hectáreas en dos años», confiesa antes de aseverar que «en estos últimos tiempos ha despuntado un gran interés».

Entre las distintas peculiaridades de este cultivo, Amor destaca el «bajo consumo hídrico» para después remarcar que se trata de «plantas duras y resistentes» que pueden presumir de «unos rendimientos interesantes en comparación con las más tradicionales».

Asimismo, celebra que hasta día de hoy «no han presentado grandes enfermedades ni plagas» como sí ha ocurrido en Francia. «Llevan más años inmersos en este mundo y se han topado con problemas. Aquí puede haberse dado alguno pero a nivel particular porque un agricultor haya tenido ciertas carencias en su tierra», apostilla.

Este yang también tiene su yin. «Requiere una maquinaria específica, no vale la misma que se emplea en el caso del cereal», apunta para matizar que las sembradoras son «especiales y, además, caras en proporción del rendimiento» dado que la planta aguanta 12 años. Este es el motivo principal por el que Palentina de Aromáticas se constituyó como cooperativa. «Resulta más rentable estar integrados y poder compartir la maquinaria», valora antes de añadir que esta práctica también se lleva a cabo durante el verano cuando, para la cosecha, se pone en marcha «un sistema rotativo, que cada año comienza en un punto, en el que se hace una ruta recogiendo el lavandín y llevándolo a la destilación».

Salvo «un poquito de retraso», la sequía no deja secuelas para las plantaciones más antiguas. No corren la misma suerte las más nuevas, que han «sufrido mucho» por la ausencia de precipitaciones. «Se plantan en invierno precisamente para que las temperaturas y las lluvias primaverales ayuden a enraizar», contextualiza para señalar que este año ha sido necesario «un apoyo a base de riegos con cubas».
Amor mira a la anterior campaña, cuando el agua dejó una buena producción. «Si la planta cuenta con más lluvia, tiene mayor materia verde y puede dar más aceite», puntualiza para barajar, a tientas, la posibilidad de que la calidad sea mejor en un año seco. «Hasta que no hagamos la cosecha, no se puede dar por sentado nada. Pero estamos esperanzados», remarca.

En lo relativo al cultivo, termina haciendo hincapié en la apuesta ecológica. «Es un mercado muy potente que está en alza con marcadas diferencias en los precios», asevera. Palentina de Aromáticas cuenta con un par de agricultores que han optado por esta opción y otros cuantos que están pensando hacer la transición.

GUADALAJARA 

«Guadalajara es la reina de las plantas aromáticas en España, la que más años de experiencia acumula». Este es el escenario que Amor dibuja para explicar que toda la andadura de esta cooperativa, así como de la asociación, ha ido «de su mano». De hecho, su foco comercialización está allí. Hacen una especie de trueque, no literalmente, con una empresa caracense. «Ellos nos aportan la planta y nosotros les vendemos el aceite. No sé si en un futuro seremos capaces de abarcar más, pero de momento tenemos tanto la compra como la venta aseguradas y estamos satisfechos», aplaude.

Palentina de Aromáticas perfila en estos momentos el último de sus pasos previstos: el de disponer de su propia destilería. Las obras para su construcción están ya a punto de caramelo en el municipio de Ampudia. «Nos hubiese gustado haber empezado antes pero hay veces en las que no pueden evitarse los plazos administrativos», lamenta su responsable con la esperanza de que esté en funcionamiento para la próxima campaña. «Es un nuevo sistema. Hemos apostado por lo mejor del mercado y prevemos un mayor rendimiento en cuestión de calidad», avanza.

La calidad también conforma uno de los retos principales de Anipam, la asociación nacional, donde trabajan «en una marca propia». Pequeños detalles que van dando impulsos en un camino en el que «aún queda mucho recorrido por hacer».

Para facilitar esta ardua caminata, Amor considera necesarios dos bastones de apoyo: más investigación y más dinero. Estudios que cubran «la falta de conocimiento» que vaga entre las plantas aromáticas. «Hay muchas cosas que aprender, como las relativas a los herbicidas. No es un cultivo muy exigente pero está poco trabajado en España», asegura. Como broche de oro hace un llamamiento a la Junta de Castilla y León en busca de un mayor respaldo institucional. «Nos dan palmaditas por la iniciativa pero no ponen subvenciones encima de la mesa», reprocha.

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