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Cuando el futuro mira al pasado

ALTERNATIVA La producción ecológica supera las 50.500 hectáreas y el millar de operadores

E. ORTIZ
13/05/2019

 

Parece que el concepto de agricultura ecológica se ha colado en nuestro día a día antes de ayer, quizá porque el cambio del chip sobre el respeto del medio ambiente es demasiado reciente. Pero la oposición de la sociedad al uso de las técnicas productivas intensivas tiene sus raíces en la Revolución Industrial. Entonces ya hubo quien se negó a anteponer la productividad y el rendimiento inmediato al uso sostenible del suelo.

Una postura que se refuerza en la década de los 90, consiguiendo involucrar a los gobiernos con un método de producción que devuelve alimentos saludables y de máxima calidad. ¿Su secreto? El uso de los recursos naturales y la renuncia a sustancias químicas de síntesis. Un manejo que no solo favorece la fertilidad de la tierra sino que conserva las propiedades del producto.

Quienes defienden la viabilidad de esta «agricultura en mayúsculas» lamentan el paso lento que lleva Castilla y León en su recorrido. Pausado pero firme y, desde hace tres años, amparado en un plan estratégico que persigue dar estabilidad a la producción ecológica y mejorar su competitividad dado su gran potencial. Prueba de ello es la evolución experimentada desde 2015. La comparativa, facilitada por la Consejería de Agricultura y Ganadería, devuelve un incremento del 41,94% de la superficie labrada con este manejo, hasta las 50.586 hectáreas a 31 de diciembre de 2018. Año en el que, por primera vez, la Comunidad superaba el millar de operadores entre los que se encuentran Jesús, Fernando y Javier.

Entre jornadas y charlas, Jesús Ochoa cultivó la convicción que le llevó hace 20 años a tomar la decisión de saltar a lo ecológico. Empezó con cinco hectáreas y, a pesar de que las «malas experiencias» conformaron su carta de bienvenida, siguió adelante hasta las 40 que tiene hoy entre cereales y legumbres, con un protagonismo especial de la alubia seca. «Si ahora mismo tuviese que cambiar de modelo, colgaría los hábitos», sentencia.

ARAE

La misma convicción que aplicó hace dos décadas en su vida personal, le llevó hasta la presidencia de Arae. Esta cooperativa surgió en 2006 con la intención última de conformar «una herramienta útil que facilite inclinarse hacia otra forma de producir». En estos casi 13 años de andadura no solo ha pasado de una docena de socios a medio centenar, sino que ha superado todas las vicisitudes hasta «consolidar una estructura económica» capaz de «abastecer toda la demanda y defender los productos de sus agricultores». La prueba más fehaciente de este crecimiento se refleja en sus infraestructuras, pues la cooperativa dispone de un almacén de mil metros y otro de idénticas dimensiones está en construcción para «dar respuesta a la recepción y comercialización de sus productos» entre los que destacan los cereales y las leguminosas.

El presidente de Arae explica que el primer requisito para que una producción sea ecológica está en el suelo. La finca debe estar registrada en el organismo competente que, en el caso de la región, es el Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León (Caecyl). Tres años hacen falta para contar con este distintivo, según repasa Jesús: el primero es el cero, cuando la explotación se da de alta; durante segundo se produce la reconversión; y en el tercero ya se habla de «ecología al cien por cien». A partir de aquí, destaca tres cuestiones importantes para fijar la producción» en este modelo: «observación, dotación de los cultivos y realización de buenas prácticas en el campo». Asegura que el esfuerzo que exige llevar al terreno esta fórmula es «más mental» que físico. «Al agricultor le cuesta romper con lo que hace la mayoría y, por ende, con la aplicación de herbicidas», denuncia.

Para este defensor de lo ecológico, hablar de modernización de la agricultura no es hacerlo de «tractores o de maquinaria muy grande». Entiende este concepto como el proceso que parte de «la adaptación de los suelos para conseguir un desarrollo sostenible de los mismos y, consecuentemente, unos productos saludables». Este resultado requiere un precio más alto que el convencional por «el mero hecho de vender salud y medio ambiente». Y en este equilibrio está precisamente la aceptación que recogen unos «datos claramente tozudos» en los que se refleja, garantiza Jesús, el paso en una década de «seis euros a los 45 que por término medio se gasta hoy una familia en España».

Con estas cifras como base y el esfuerzo cosechado durante estos 12 años, el máximo responsable de esta cooperativa que apuesta por la producción ecológica vaticina unas buenas expectativas de futuro. «Si echo la vista atrás, es tal el cambio desde el punto de vista comercial que hasta las grandes empresas han notado nuestra presencia acompañada de una gran demanda social», asevera antes de hacer un segundo balance, el del plan estratégico existente en la Comunidad. «Estos últimos años es cuando se empieza a ver algo, pero hasta entonces ha sido mucha gramática y poca matemática», denuncia para recordar que Castilla y León parte de «un retraso enorme» con respecto a otras regiones por lo que debe dar «pasos más grandes que requieren una mayor implicación a todos los niveles».

A la lista de estos requisitos, que incumben a la Administración, Jesús añade ayudas que reconozcan que los agricultores ecológicos, lejos de contaminar, lo que hacen es cuidar la tierra y la salud. «El dinero público debe servir para defender un modelo que sea sostenible ya que, al mismo tiempo, revierte de una manera social», sintetiza para sumar un trío a ese listado: información, formación y divulgación.

RENTABILIDAD

Hace 18 años, las cuentas de la explotación que estaba a punto de pasar a manos de Fernando García empezaron a no cuadrar. Con la mirada puesta en los resultados obtenidos por un vecino y salvando la oposición que a priori planteó su padre, cambió el sistema de producción con el que hasta entonces había convivido. Este agricultor de Castrillo de la Guareña reconoce que la decisión no fue solo una cuestión de rentabilidad. «Justo el año anterior los herbicidas me provocaron una reacción, una especie de alergia. Fue todo rodado, como para disipar cualquier tipo de duda», recuerda.

Este zamorano es socio de la Arae, donde aporta sus leguminosas, especialmente algarrobas, garbanzos acogidos a la IGP de Fuentesaúco, cebada, avena centeno y, de vez en cuando, girasol. ¿Qué diferencia a sus productos de los tradicionales? «Los miras y aparentemente son iguales, pero es una cuestión de calidad. Las analíticas demuestran que los nuestros tienen cero químicos», resume.

Fernando sintetiza la evolución que ha experimentado Castilla y León en este tiempo en su propia experiencia: «He pasado de ser un bicho raro a un poco referente», apunta. Dos aspectos influyen, a su juicio, en este giro de 180 grados. Por un lado, considera que la agricultura convencional es «una ruina con menos de 3.000 kilos porque no se gana para gastos»; por el otro, destaca el papel que juega la concienciación de la sociedad con el cambio climático.

Ambos motivos hacen que la apuesta por lo ecológico sea «cada vez mayor» y gane el pulso a lo tradicional «en unos casos por convencimiento y en otros por economía». Para blindar su futuro, este agricultor formula una sencilla petición al Gobierno regional: «más promoción y menos trabas». Asegura que cualquier «mínima incidencia en la solicitud de la PAC, como que no cuadre una coma, frena los expedientes y los pagos se retrasan años». Para Fernando, esto es «ilógico» y considera que el sector debería de estar «un poco más mimado» dado que cumple con la normativa y contribuye a la conservación del medio ambiente. «No digo que seamos la niña bonita de sus ojos, pero sí que estemos más comprendidos», concluye.

GANADERÍA

Aunque parece que la balanza de la producción ecológica se inclina hacia la agricultura, también tiene sus pinitos en la ganadería. Javier Álvarez lleva inmerso en ella toda la vida. «Es como el que sabe conducir pero no tiene carnet. Lo que veníamos haciendo ya era prácticamente ecológico. Nos faltaba cumplir la normativa pero no cambió la forma en que llevábamos la explotación», asevera.

A la hora de dar este paso de manera oficial, decidió no hacerlo solo y sus lechazos van de la mano de una quesería. Hace doce años, Javier fundó con Alonso Santos la sociedad La Faya Biológicos del Noroeste. «Necesitábamos un canal de comercialización y bajo un mismo nombre sacamos dos productos. Era una manera tener una mayor capacidad para salir al mercado», explica antes de matizar que la idea inicial era «agrupar a alguien más pero no ha suscitado mucho interés entre los ganaderos».

¿Por qué? Su dedo índice señala al papeleo. «El no saber cómo afrontar un trámite o las inspecciones resta de alguna manera atractivo a esta opción», asegura para añadir la «inseguridad que plantean unas ayudas que no son fijas».

Los quesos y los lechazos de La Faya están en la cúspide de la calidad. «Tenemos la máxima, no existe más. Primero porque son denominaciones de origen y segundo porque son ecológicos», sentencia antes de explicar que los precios intentan «subirlos apenas un 10% para que la diferencia sea mínima».
Para Javier, el concepto de producción ecológica «ha cambiado muchísimo» desde que él se inició en este ámbito. Considera que la sociedad está «más concienciada y muestra interés», pero critica la falta de información. «Todavía es difícil llegar a la gente. Pero cuando consigues acercarte a alguien y contarle todo lo que hay detrás de los productos, no le importa pagar ese plus», afirma.

Las demandas que este zamorano eleva al Ejecutivo autonómico van en la misma línea que las planteadas por sus compañeros: acabar con las trabas administrativas «innecesarias», facilitar las incorporaciones, clarificar la «confusión» existente en torno al sector y promocionarlo para hacer frente a la desinformación. «Hay comunidades que van mucho más avanzadas que Castilla y León. La Junta tiene que mojase más con tema ecológico y no solo porque se presione desde Europa», finaliza.

CAECYL

«En un sector tan baqueteado como el agrícola y ganadero, la ecológica es de las pocas luces que brillan con intensidad porque es una alternativa real y sostenible, positiva para toda la sociedad, que corrige los desmanes que la química genera tanto en la salud como en el medio ambiente». Este podría ser el párrafo introductorio de la carta de presentación de Caecyl, cuyo papel es «garantizar a la sociedad que los productos que consume bajo el amparo de agricultura ecológica, biológica u orgánica son tal y como se publicitan, comprobando con controles y certificación que cumplen con lo que la normativa europea marca». Así lo explica el presidente de esta autoridad pública, creada en 1995 por la Consejería a instancias de la Comunidad Económica Europea (CEE) para gestionar «una cuestión muy seria y tajante».

Juan Senovilla asegura que el grado de concienciación existente entre los operadores es tan alto que «entre un 45 y un 50%» de los mismos en la Comunidad entienden lo ecológico como un «forma de vida» en Castilla y León. «Nos han puesto la etiqueta pero somos la agricultura con mayúsculas. Partimos de los saberes de antes, recuperamos la tradición y, de alguna manera, la vinculamos con nuevos conocimientos», apunta.

Subraya el papel que juegan las ayudas en esta apuesta, pero entendidas como «compensación» a la pérdida de renta. «Nosotros no tenemos la rentabilidad que puede tener otra actividad, estamos casi abocados a salvar los trastos cuando no perderlos», explica para poner «la retracción del sector cuando las subvenciones oscilan» como ejemplo del valor que otorgan a este «acicate». Aprovecha para señalar a otras comunidades, como Castilla-La Mancha o Andalucía, donde el «impulso decidido» por la agricultura ha ido acompañado de «cuantías y condiciones mucho más generosas».

Caecyl encontró respuesta a una «vieja reivindicación» en el Plan Estratégico de Producción Ecológica. «Lo valoramos positivamente sin que sea para tirar cohetes», resume su presidente con la esperanza de que el siguiente cuente con «más sensibilidad y una mayor proximidad al sector y a sus necesidades».

En la antesala de las elecciones autonómicas, Juan rescata otra de sus «peticiones históricas» sobre la que han visto «muy poquitos gestos». El consejo plantea que la alimentación en comedores públicos –colegios, hospitales, residencias– esté basada en la agricultura ecológica, una «producción limpia que da prioridad a la salud».

A juicio de este agricultor, sería «esencial» que se llevara a cabo una «investigación participativa». Pone «mucho énfasis» en remarcar la condición de participativa para que no termine siendo un «simple objeto de mercancía».

Juan añade la difusión en este listado pero «no entendida como un spot de publicidad o marketing» sino como aquella «veraz que haga comprender a la población en la encrucijada» en la que está el sector y «rompa tópicos tan absurdos como que la agricultura ecológica no puede alimentar a la población». Puede, contraataca, y con productos con «mucho más valor nutritivo y alimenticio que otros hinchados a insecticidas y tóxicos».

FUTURO

El responsable del departamento de Agricultura e Innovación de Urcayl considera que la amplia superficie de la Comunidad no hace justicia a una producción ecológica «todavía muy escasa». A pesar de ello, José María Santos considera puede hablarse de futuro también en mayúsculas. Para empezar, justifica, porque «la vía de usar fitosanitarios y fertilizantes se está agotando en el sentido de que los rendimientos son cada vez menores». A esta caída añade unos «costes insoportables» derivados de unos «insumos tan caros como escasos».

Por otro lado, inclinar la balanza hacia lo ecológico responde a «un nicho de mercado en auge» al que atiende un agricultor que «empieza a ver que no sirve de nada producir el doble si el margen es menor que produciendo la mitad». A esta toma de conciencia, tanto del consumidor como del propio profesional, añade otro punto a favor: la estabilidad. «Las variedades convencionales son altamente tecnológicas. Eso quiere decir que en condiciones fantásticas dan una producción bestial que cae muchísimo en cuanto tienen un poco más de frío, de calor, de agua o de sequía», concreta para asegurar que la ecológica es «menos puntera pero da mayor estabilidad al ser más resistente».

La falta de formación, promoción, investigación e incluso de desarrollo de maquinaria adecuada conforman la «barrera de entrada» en la que el mayor bloqueo lo ejercen las ayudas. «El problema real está en que la agricultura ecológica está compitiendo con otra que está subvencionada por todos los lados», contextualiza para asegurar la existencia de una «competencia desleal».

Para José María, el sector necesita «algo más de agilidad» pero irá «recogiendo sus frutos» puesto que «también se están dando pasos en el consumo» que, además, es «mucho más cercano y de temporada».
Aboga, de cara al futuro, por un equilibrio. «Esto no es que todo sea ecológico o todo sea convencional.

Hay cabida para todos. Incluso el hecho de que se desarrolle esta alterativa y se estudie sobre ella puede ayudar a que la intensiva encuentre vías para resolver problemas que hoy solo puede abordarlos a base de plaguicidas», concluye.

APOYO

El presidente autonómico de Asaja pone sobre la mesa «todo el apoyo» de su organización a este modelo sostenible. Como moneda de cambio, Donaciano Dujo pide a sus operadores «el máximo rigor para que no haya fraude».

En el cumplimiento de esta contraprestación considera indispensable una «identificación clara de los productos para que el consumidor no tenga ninguna duda y se le pueda exigir un poco más», en relación al precio. «La sociedad tiene que comprender que la producción es menor, y para que exista y sea rentable tiene que pagar más por la misma», explica. Dujo visualiza cómo la agricultura ecológica «avanza en la conquista de los territorios y de los mercados» de la Comunidad.

El coordinador de la alianza UPA-COAG confía en las «enormes posibilidades» de esta alternativa puesto que, a su juicio, «las grandes ciudades empiezan a pensar en el mercado de proximidad» puesto que la gente «busca calidad». Aurelio González apunta que pasar toda la producción a ecológica «no sería la panacea o la solución a los problemas, pues llegarían después con la comercialización». A pesar de ello, reconoce que los productores necesitan «una buena formación y, especialmente, información que les demuestre que los números salen y merece la pena».

Con un dosis de realidad, el responsable de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL) coloca a la región «a la cola de España y de Europa». Jesús Manuel González Palacín denuncia que «no se ha apostado» por este sistema, pero reconoce el efecto del plan estratégico. «Se esta notando, aunque el desarrollo es muy lento, muy poco a poco», apunta para terminar exigiendo «garantías de ayudas» que compensen una opción «muy arriesgada».

 

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