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BURGOS

Cereal sin arar y sin fitosanitarios para la supervivencia de la tierra

El nodo burgalés de Agricultura Regenerativa Ibérica desgrana el experimento de Luiz Carlos Pinheiro en Guadalajara y aboga por su aplicación en la provincia previo estudio de cada zona

DIEGO SANTAMARÍA
16/01/2017

 

Es posible cultivar cereal sin labranza ni venenos? A priori, la gran mayoría de los agricultores que se rigen por la metodología convencional dirían que no sin dudarlo. Para hallar una respuesta esclarecedora al respecto es necesario observar lo que está sucediendo en una finca de Guadalajara que se ha dejado asesorar por el ingeniero agrónomo y profesor universitario Luiz Carlos Pinheiro.

En apenas dos años, los resultados saltan a la vista y se pueden observar en Youtube. Para corroborar la fiabilidad de su teoría, la parcela de 100 metros cuadrados que sirvió de base para este experimento se dividió en dos partes para constatar las diferencias entre la agricultura tradicional y la propuesta regenerativa del docente brasileño, que ayuda a evitar la destrucción de la «capilaridad, estructura y textura» de la tierra.

La comparativa entre ambas porciones de terreno deja entrever que Pinheiro está en lo cierto, basta con clavar una azada o cuchillo en el suelo para comprobarlo de primera mano. Su planteamiento no es un mero capricho, obedece a su pleno convencimiento de que «si sigue arándose, en 20 años esa tierra será un desierto», máxime cuando se trata de una finca destinada a cereal de secano que soporta unas temperaturas extremas que oscilan entre -13 y 41 grados, por no hablar de la escasez de lluvias por norma general. Al mismo tiempo, el proyecto también abarca dos aspectos fundamentales que preocupan sobremanera al agricultor: rentabilidad y producción.

Las enseñanzas del máximo exponente mundial del pastoreo racional no ha pasado desapercibido para el nodo burgalés de la red de Agricultura Regenerativa Ibérica (ARI). «Nos hemos dado cuenta de que este modelo es perfectamente válido», señala Juan José Góngora, uno de los impulsores del único grupo de ARI activo a día de hoy en Castilla y León.

Obviamente, la receta de Guadalajara no es la misma para toda España. Conviene partir de un «estudio previo» que analice al detalle las características orográficas, climatológicas y agrarias de cada zona. En el caso de Burgos, resultaría necesario determinar previamente las características de cada enclave o comarca, aunque en principio se parte de una «ley de mínimos muy positiva». Lo que está claro es que «el suelo tiene que seguir vivo», apunta parafraseando a Pinheiro. Para ello, lo prioritario es «aumentar la materia orgánica en el suelo sí o sí, no es discutible».

Dada la extensión territorial de la provincia, Góngora reitera la necesidad de adecuar las enseñanzas del profesor brasileño en función de la comarca en la que se pretenda actuar. No es lo mismo trabajar en La Bureba -«más productiva» que Guadalajara aunque «se puede hacer igual»- que en Las Merindades -«donde llueve más»- o en zonas de secano que presentarían más problemas. Sea como fuere, tiene muy claro de aquí a unos años el planteamiento de Pinheiro «se va a convertir en una exigencia» si se pretende garantizar la supervivencia de los suelos.

Resultados a medio y largo plazo

Que nadie espere obtener rendimientos inmediatos. La consolidación de este proceso solo es posible «a medio y largo plazo». Además, hay que partir de la base de que «para recuperar el suelo necesitas uno o dos años» y dejar pasar por lo menos otra bianualidad para constatar que «hay niveles de vida de vida suficientes». La paciencia, por lo tanto, es un componente indispensable que al final arroja «resultados increíbles».

En términos de productividad, la ausencia de labranza y de herbicidas -en la medida de lo posible- arroja los mismos resultados que con las prácticas tradicionales. Eso sí, con una «calidad increíble» que supera con creces los estándares anteriores. Así pues, la rentabilidad es prácticamente idéntica al igualar los rendimientos de las cosechas. Eso sí, el ahorro en maquinaria, combustible, productos fitosanitarios y otros inputs es considerable.

A sabiendas de la dificultad que entraña cambiar el chip de la noche a la mañana, Góngora sostiene que resulta preferible recurrir, «si no queda más remedio», a los fitosanitarios, incluido el glifosfato aunque sea lo mínimo posible.

Sobre los tractores, Góngora coincide con Pinheiro en la necesidad de prescindir de su uso. A lo sumo, en caso de utilizarse, deberían ser «lo más ligeros posibles» para evitar un impacto negativo sobre los suelos que acelere su desertificación por la pérdida de materia orgánica. «Cualquier tractor es malo, pero hay tractores menos malos», apuntaba el docente carioca durante su asesoría en Guadalajara. Sobre otros tipos de maquinaria, Góngora recomienda emplear únicamente la sembradora en la época de sementera. Asimismo, Pinheiro aconseja desbrozar las malas hierbas de forma mecánica «antes de la floración».

Leguminosa, cereal y ganado

La ecuación ideal para desarrollar este revolucionario método de siembra directa se basa en la alternancia de «leguminosa y cereal». Por otra parte, Pinheiro ha llegado a la conclusión de que la falta de agua impide «de momento» tener ganado, «el mejor instrumento para recuperar la vida y la fertilidad de una tierra». En este sentido, Góngora ha sido testigo de la adecuación de ganadería y agricultura «para que los suelos recuperen su actividad biológica». Por ejemplo, mediante la introducción de ovejas en olivos.

 

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