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El caballo losino se resiste a desaparecer

Tres décadas de recuperación Aunque se daba por extinguida en los 70, la raza autóctona del Valle de Losa ha logrado sobrevivir gracias al empeño de Ricardo de Juana, encargado de «diversificar la genética» para obtener ejemplares cada vez más puros

DIEGO SANTAMARÍA
23/10/2017

 

En la década de los 70 se le daba por extinguido y la creencia se mantuvo hasta que Ricardo De Juana, madrileño con raíces familiares en Pancorbo (Burgos), cogió su mochila en 1985 para seguir el rastro del caballo losino desde su ubicación original en el Valle de Losa. Finalmente, entre idas y venidas, dentro y fuera de tierras burgalesas, demostró que todavía quedaban ejemplares puros de la raza.

omenzaba así una lucha sin cuartel para garantizar su protección e impulsar mejoras genéticas que a día de hoy son palpables en las nuevas generaciones. Por el camino, eso sí, se ha enfrentado a «demasiadas situaciones injustas» y «muchos más problemas de los que esperaba», pero su pasión por esta raza pura está por encima de todo y se ha dejado la piel para incrementar un censo que hoy en día ronda los 260 ejemplares.

«Lo importante no es que haya muchos, sino que haya variación genética», reconoce el criador, responsable desde 2011 del centro de cría en pureza y selección del caballo losino de Pancorbo, una instalación única en España que ha permitido «diversificar la genética de los animales, o por lo menos equilibrarla, para que no haya preponderancia de unas líneas sobre otras». Para ello, y atendiendo al «problema» de «consanguinidad» que presenta la raza, De Juana es «muy cuidadoso» a la hora de «combinar genéticamente cada caballo con cada yegua». Aún con todo, celebra la recuperación del aspecto «propio» del losino original, todo un logro porque «se había devaluado bastante (...) hacia un caballo pesado, muy fuerte, de mucho hueso y con los cascos muy anchos; más propio de un caballo de carne, un bretón». Lo que está claro, después de tantas horas de trabajo, es que «los potros que van naciendo son mucho mejores que sus padres».

Cuando inició su aventura, De Juana se resistía a creer que esa raza autóctona de la zona, única en su especie y de características únicas, había desaparecido por completo. Durante la primera etapa de su viaje por la comarca de Las Merindades se entrevistó con numerosos testigos -vecinos, ganaderos, veterinarios...- que habían convivido con este singular equino. Las descripciones eran precisas y la gran mayoría distinguía al losino de otras razas similares asentadas en comunidades vecinas como Cantabria o el País Vasco. Por desgracia, los testimonios apenas arrojaban luz sobre la supervivencia de ejemplares puros, por lo que decidió salir de Burgos y probar fortuna en provincias cercanas como Palencia, Álava o Navarra.

A pesar de que su búsqueda parecía infructuosa -sobre todo por los agoreros que ‘certificaban’ su extinción-, De Juana no cejó en su empeño y al final obtuvo la recompensa que tanto esperaba. Por un lado, localizó a dos sementales «de indudable pureza» (Moro y Blacki) en las localidades burgalesas de Castrobarto y Relloso. Por otro, dio con una treintena de yeguas que también respondían a las «descripciones clásicas de la raza» y seis potros con los que inició la repoblación.

Después de tan increíble hallazgo, De Juana se percató de que no había tiempo que perder para perpetuar la especie, pues muchos de estos ejemplares ya eran de edad avanzada. Durante los años venideros, se involucró activamente en la recuperación de la raza a través de múltiples proyectos como la fundación de la Asociación Española de Criadores del Caballo Losino o la búsqueda de fondos públicos para garantiza la preservación de una de las tres razas ibéricas que continúan con vida en la actualidad.
El principal problema es que el losino no brindaba rentabilidad económica, hasta el punto de que hace unos años no quedó más remedio que malvender ejemplares, casi siempre directos al matadero, porque no tenían salida en el mercado. No en vano, el alcalde de Pancorbo, Carlos Ortiz, ha promovido la recuperación de la raza desde que accedió al cargo. De Juana agradece el esfuerzo y confianza depositada en él para gestionar el centro, aunque también considera que el Ayuntamiento debería ser «más ambicioso» con la Feria del Losino para que se convierta en «referente mundial».

De forma paralela, estima necesario «dinamizar el comercio» de estos animales y favorecer la captación de nuevos criadores capaces de potenciar la presencia del losino dentro y fuera de España, al igual que muchas razas europeas «consolidadas» que, aún «siendo peores», se mueven por todo el mundo. Su propuesta al respecto, aparte de una mayor promoción de la feria y del caballo en sí, pasa por la creación de una fundación, con participación municipal, para «velar por el caballo losino» y recabar el apoyo de «muchas personas a las que les gustaría colaborar».

Por el momento, De Juana asegura que la situación actual del losino es «buena». La raza se resiste a desaparecer gracias a su empeño, aunque «no hay ninguna garantía» de que siempre vaya a ser así, pues un posible cambio de Gobierno en Pancorbo podría propiciar un desentendimiento debido a que «no entra en las funciones del Ayuntamiento criar caballos».

Animal de carga y estrella hípica

Durante siglos, el caballo losino ha resultado de gran utilidad como animal de carga para agricultores y ganaderos, pero la mecanización del campo durante la década de los 50 redujo su valor y, por ende, el número de ejemplares de la cabaña. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, sus características físicas no han pasado desapercibidas en el mundo de la hípica, que ha visto un «filón tremendo» en una raza que no solo es válida para el salto, sino también para la «doma, los concursos completos y el enganche». Por este motivo, Ricardo de Juana considera que el Ayuntamiento de Pancorbo debería promover este potencial con un «centro de doma» y la convocatoria de «exhibiciones» que permitan testar sus aptitudes en diferentes categorías.

 

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