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El big data del pistacho

Castilla y León desarrolla un proyecto de innovación abierta y transferencia de datos con el reto de obtener un pistacho de calidad y «diferenciado»/ Los productores reclaman apoyo a una alternativa «muy rentable», en la que «hay mucho por hacer»

MARISOL CALLEJA
30/07/2018

 

El pistacho es un cultivo en expansión en Castilla y León y una alternativa rentable, a pesar del «gran desconocimiento» que existe aún en torno a esta apuesta agraria. Con alrededor de 1.300 hectáreas en la Comunidad y una progresión «creciente», el reto es obtener datos «fiables» sobre el pistacho que permitan al agricultor tomar decisiones sobre la viabilidad del cultivo, y las zonas adecuadas para su adaptación.

El Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León, Itacyl, desarrolla actualmente un proyecto de innovación abierta en el que se incluye precisamente el pistacho, junto a otras alternativas como el almendro y el nogal, y que plantea como objetivo prioritario la obtención de un pistacho «de calidad y diferenciado». Así lo explica Pablo Gómez, subdirector de Investigación y Tecnología, que pone en valor este proyecto de carácter integral, en colaboración con siete agricultores de Castilla y León, con explotaciones diversas, en cuanto a suelos y condiciones edafoclimáticas se refiere.

Las explotaciones controladas se ubican en cinco provincias (Ávila, Salamanca, Valladolid, Zamora y Palencia), y cuentan con plantaciones desde los cinco hasta los dieciocho años, para establecer las comparaciones finales. Se trata de aglutinar un conjunto de datos, a modo de ‘big data’, para poderlos «transferir después al sector». El proyecto, que se desarrollará hasta 2020, reunirá este año los primeros datos de campaña. De hecho, la idea es realizar una jornada en el mes de octubre o noviembre para transmitir al sector los resultados obtenidos.

En el pistacho hay «mucho por hacer», como señalan los productores, aunque hay datos que apuntan a una serie de condicionantes que pueden influir en la plantación, como señala Hugo Martín, investigador del Itacyl. De esta forma, es importante tener en cuenta la ubicación del terreno y un elemento clave, como es el periodo de floración en zonas que tienen un alto riesgo de heladas. Algo parecido a lo que ocurre con la humedad relativa o las horas de calor necesarias, en torno a las 2.500 o 3.000. Se ha comprobado, por ejemplo, que el árbol suele dar mucha flor, «pero cuaja menos en la región», afectado precisamente por esa humedad relativa que provoca una disminución importante de la producción.

Como dato positivo, sin embargo, el pistacho de Castilla y León es compatible con la demanda de la industria, según el subdirector de Investigación del Itacyl. El mercado busca calibre, color y sabor, por eso, el proyecto de innovación contempla además «la valorización del producto obtenido en forma de snacks saludables» e integra el desarrollo de varias catas.

El proyecto analiza parcelas de secano y regadío, y también en ecológico. Con la base de las nuevas tecnologías, y la ayuda de imágenes de satélite, el Itacyl obtiene fotografías mensuales para comprobar la evolución de cada explotación. Los técnicos estudian los índices de vigor de los árboles para generar un sistema de datos, y aprovechar estas inspecciones basadas en la agricultura de precisión. En breve, se podrán aportar también datos relativos al nitrógeno y clorofila que tienen los árboles para apuntalar esos resultados.

En cuanto a los rendimientos, se trabaja para «incrementar las producciones un 30%», según Pablo Gómez, teniendo en cuenta que no hay rendimientos medios en Castilla y León. Los 2.000 kilos que se pueden obtener en Toro (Zamora) no son extrapolables a otras fincas, al tratarse de una explotación antigua, gestionada por el pionero del pistacho en la Comunidad, Félix Talegón, con cinco hectáreas ya en plena producción, y mucha prueba-error a su espalda. De cualquier forma, se insiste en que llegar a los 1.000 kilos por hectárea «sigue siendo muy rentable», según la administración.

Precisamente, Talegón es muy crítico con las administraciones. Este agricultor, natural de Tagarabuena, tiene su finca en una de las mejores zonas para el cultivo, es decir, en el triángulo entre Zamora, Salamanca y Tordesillas, según el Itacyl. «Las zonas de orientación sur, y en altitud, pueden dar buenos rendimientos», según los investigadores.

Talegón sigue reclamando «apoyo» para el sector. «No queremos dinero, afirma, sino investigación en temas básicos para avanzar». Y se refiere, por ejemplo, a ciertas ayudas respecto a los análisis de tierra, abonado o de hoja, así como de investigación relacionada con el abonado, las podas o los sistemas de plantación, donde aún se está «muy verde», según este productor. Todo ello, para afrontar con garantías este cultivo emergente. La sensación del sector es que «queda mucho por hacer» y que los estudios van lentos, de acuerdo a la demanda real.

La idea, según Talegón, es «no repetir los errores que se han cometido, por ejemplo, en California hace treinta y cinco años». Y se refiere, en concreto, a la preparación del terreno. «No hacemos caballones y el suelo no está preparado, lo que provoca axfisia radicular», uno de los problemas que están surgiendo. El otro inconveniente tiene que ver con la «mala» planta que se vende. Este profesional asegura que es de «mala calidad» y «cara», hasta 15 euros por planta injertada, sin olvidar las listas de espera en los viveros. Un coste elevado teniendo en cuenta que se recomiendan unas 280 plantas por hectárea.

La inversión es elevada, y se necesita prudencia, ya que el pistacho no entra en plena producción hasta el séptimo año, aunque es «muy rentable». Todo hace indicar que el consumo de frutos secos va a aumentar en los próximos años. Su alto valor en el mercado, en torno a los 6-8 euros el kilo ( dos euros más en ecológico), lo convierten en una opción «viable» y «rentable», sobre todo en algunas zonas. El proyecto del Itacyl trata de comparar resultados en diferentes puntos de la región, y que esos datos sean transferidos entre el sector para llegar a conclusiones fiables en torno al cultivo

La campaña ha venido marcado por las circunstancias climatológicas, especialmente por las lluvias primaverales, y es posible que los rendimientos sean algo más bajos «de la media». Félix espera obtener unos 1.500 kilos por hectárea, con una cosecha total de 9 o 10 toneladas. Unos números que no son comparables a otras plantaciones más jóvenes, y en otras circunstancias, donde las tormentas y las heladas han causado más daños.

El pistacho no es un árbol que sea objeto de muchas plagas o enfermedades. En cualquier caso, seleccionar una buena ubicación y hacer un correcto manejo aminora estas incidencias, que son especialmente graves en el momento de la floración.

La evaluación del Itacyl llega hasta el producto final. Por eso, los investigadores del centro trabajan también en la demanda de la industria y las nuevas tendencias respecto al pistacho. Ana Belén Martín, investigadora del centro, valora sus propiedades, y subraya que están trabajando en alargar su vida útil y su presentación en forma de snacks saludables basados en pistachos. Hay una tendencia a conservar en crudo, sin tostar, y el Itacyl analiza este interés, así como el de implementar procesos que puedan revalorizar las piezas de pistacho no enteras. Algo que se destacado desde el centro.

Actualmente, ni España ni Europa cubre la demanda de consumo de pistachos. Hay un déficit que constatan los investigadores, y también existe un amplio margen de mejora. El sector busca nuevos cultivos respecto a las propuestas tradicionales, y el mercado y el precio parecen presentar al pistacho como una alternativa real, aunque con una investigación muy incipiente todavía en Castilla y León. La posibilidad de que, además, el cultivo se haga en ecológico, aumenta esa rentabilidad que persiguen los profesionales, que son los primeros interesados en aprender y avanzar, junto a la investigación a pie de campo.

 

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