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Los ataques del lobo se disparan un 80% en el primer trimestre

La provincia de Ávila acapara el 55% de los ataques en la Comunidad y la de Segovia el 22,7% /La única provincia que se ha librado este año de la acción de los cánidos ha sido Soria

ANTONIO GARCÍA
30/04/2018

 

Los ataques de los lobos se están convirtiendo en un gran quebradero de cabeza para la Junta de Castilla y León y en un gravísimo problema para los ganaderos de extensivo, que ven reducirse sus explotaciones con la acción de unos cánidos que cada vez se adueñan más de las provincias del sur del Duero.

Los datos a los que ha tenido acceso este periódico, demuestran la progresiva expansión del lobo en Castilla y León durante el primer trimestre de 2018, con una provincia que acapara el 55% de los ataques totales: Ávila.

Si en el primer trimestre de 2017 los ataques contabilizados y denunciados ascendieron a 444, en el mismo periodo del presente ejercicio esos ataques se han disparado hasta 803, lo que supone un incremento del 80%.

La misma acción de los cánidos, que durante los tres primeros meses del año supuso la muerte de 761 reses, en este ejercicio se ha traducido en 1.031 animales muertos como consecuencia de la acción del lobo, lo que supone un 35% más.

Estos números hacen temer a las organizaciones agrarias que este año puede resultar histórico en el peor sentido de la palabra, con cifras desconocidas de reses muertas, especialmente al sur del Duero, donde se produce el mayor número de ataques y de animales atacados.

Sirva como ejemplo el hecho de que en el primer trimestre de 2017 los ataques de los cánidos en esta parte de la comunidad fueron 359, lo que se tradujo en 593 animales muertos, frente a los 593 ataques y 846 cabezas desaparecidas en esta misma parte de Castilla y León en los primeros tres meses de 2018.

Pero ante un año que se presenta catastrófico para el sector, hay una provincia que destaca por encima del resto: Ávila. Sólo en el primer trimestre del presente ejercicio, Ávila registró 444 ataques de lobos, frente a los 216 del año pasado, lo que supone un incremento del 105%.

Sólo en la provincia abulense las explotaciones de los ganaderos sufrieron el 55% por ciento del total de los ataques que se contabilizaron en el conjunto de la Comunidad, una situación que resulta insostenible para muchos profesionales cuyas cabañas vienen registrando elevadas pérdidas debido a la expansión de esta especie.

Sólo las comarcas de La Moraña, al norte, y del Valle del Tiétar, al sur de la provincia, se libran de la acción de los cánidos, ya que el resto de Ávila, incluidos los alrededores de la capital, han registrado la acción de los cánidos.

Junto a Ávila, la otra provincia que destaca es Segovia, con un incremento de los ataques del 137% en el primer trimestre de 2018, al pasar de los 77 ataques de 2017 a los 183 de este ejercicio. Esta situación se tradujo el año pasado en la pérdida de 123 reses, mientras que un año después esa cifra se ha disparado hasta las 233.

En el resto de provincias, la presión del lobo es inferior y desigual, destacando Zamora, que ha pasado de 26 a 60 ataques de un año para otro, con 104 y 126 animales muertos.

En esta negativa estadística, la única provincia que se libra es Soria, que en el primer trimestre del presente año no contabilizó ningún ataque de los cánidos a explotaciones ganaderas, después de que el año pasado contabilizara uno con cuatro animales muertos.

Ante este panorama, no es extraña la preocupación del consejero de Fomento y Medio Ambiente de la Junta, Juan Carlos Suárez-Quiñones, quien en la reunión de la última Mesa del Lobo, celebrada el pasado 17 de abril, reconoció su extrema preocupación, especialmente en el caso de la provincia de Ávila.

Días después, el pasado 24 de abril, mostró en las Cortes autonómicas su apoyo a los ganaderos que sufren los ataques de los lobos, frente a los ecologistas «extremistas que se han echado al asfalto». No obstante, asumió que la norma de la UE resulta «tozuda» en la protección de esta especie al sur del Duero.

Consciente de que su departamento está capacitado para la gestión de este problema, el consejero precisó que su departamento debe hacerlo «dentro del margen» normativo que «estrictamente» permite la directiva europea «Hábitat» que, además, se complementa con un seguimiento «con lupa por las autoridades judiciales» para garantizar su cumplimiento.

Frente a los esfuerzos de la Administración autonómica, que se enfrenta con una normativa superior procedente de la UE, las organizaciones agrarias alertan del problema y exigen soluciones ya.
En este sentido, la Alianza UPA-COAG denuncia el «peligro que corre la ganadería de extensivo» en Castilla y León ante el «continuo incremento de ataques de lobos». Por eso, además de calificar la situación de «dramática» y «extremadamente grave», llama la atención sobre el caso de Ávila y Segovia, donde «la presión a los ganaderos es extrema».

En este sentido, considera un «desastre» para la actividad ganadera extensiva que entre 2001 y 2013 el censo de cánidos aumentara un 20%, mientras en la actualidad esa cifra sigue creciendo «a un ritmo vertiginoso». En su opinión, el gran incremento de la población de lobos en los últimos años, especialmente al sur del Duero, «debe hacer recapacitar a los responsables políticos de Castilla y León, de España e incluso de Europa».

Por su parte, la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (ASAJA) de Ávila ha solicitado tanto al Gobierno central como al autonómico que «actúen ya» para controlar el lobo, tras los datos del primer trimestre de 2018. Y es que, el presidente de ASAJA-Ávila, Joaquín Antonio Pino, teme que estas cifras puedan ser «peores», teniendo en cuenta que esos números se basan en las denuncias presentadas por los ganaderos, ya que hay animales que no aparecen y ataques que no son denunciados y, por lo tanto, no se contabilizan.

Por su parte, el máximo responsable de UCCL en Ávila, Jesús Muñoz, ha reconocido que la citación «no puede ir peor» en lo que va de año, por lo que a su juicio «cada vez es más crítica».
Desde su punto de vista, es necesario «cambiar el chip», teniendo en cuenta la evolución de los ataques y la expansión de una especie que «está bien mantenida» a costa de los ganaderos, que nuevamente van a vivir un 2018 que será «el peor año de la historia», como los últimos.

 

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