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Al acecho del lobo

2018 Ávila acoge varios proyectos experimentales para la ganadería extensiva con tecnología GPS que estudia el comportamiento del ganado cuando se producen los ataques del cánido / Un sistema de localización y monitorización que detecta actividades anómalas

MARISOL CALLEJA
08/01/2018

 

Castilla y León, con un censo estimado en 179 manadas y unos 1.600 lobos, es actualmente uno de los territorios más afectados por los ataques de los cánidos. Las organizaciones profesionales agrarias siguen reivindicando, en este sentido, un mayor control poblacional, así como el pago de los daños ocasionados al norte y el sur del Duero, con las pertinentes actualizaciones. El problema del lobo, así como el de la fauna salvaje, sigue siendo de hecho un reto pendiente para el sector este 2018.

La realidad es que los ataques se suceden en la Comunidad mientras prevalece el mensaje lanzado desde Europa: el estatus del lobo al sur del Duero no va a cambiar, sino que se debe hacer un mejor uso de la flexibilidad que ofrece la aplicación de la Directiva Hábitat. Este debe ser el camino para un sector que sigue acumulando pérdidas, y que trata de adaptarse obligatoriamente con la ayuda de distintas medidas de protección para paliar los ataques del lobo.

La apuesta por la introducción de mastines en las explotaciones es una de ellas, así como otras técnicas de manejo del ganado, que no siempre dan sus frutos. A esta apuesta se une ahora la tecnología GPS para tratar de detectar los ataques y actuar a tiempo.
Se trata aún de un proyecto experimental que se está desarrollando actualmente en varias explotaciones abulenses, de la mano de Digitanimal, y que esperan comience a dar los primeros resultados en un corto-medio plazo.

El sistema monitoriza la localización y el estado del animal a través del collar GPS que se coloca en la res, y que transmite la información a través de una red segura al ordenador, tablet o smartphone. El ganadero puede ver así, dentro de la aplicación web y móvil, los indicadores de estado de los animales, la temperatura, la distancia recorrida, su actividad y ubicación, y lo que es más importante en este caso, si algo está pasando al detectarse un comportamiento anómalo, como puede ser el ataque del lobo.

Así lo explica Rubén Blanco, abulense de familia de ganaderos y director comercial de Digitanimal, que ha llevado a sus explotaciones en Cabañas y Mediana de Voltoya, en Ávila, este proyecto piloto, que también se está desarrollando en el País Vasco, junto a otras actuaciones en zonas de ataques de lobo. La idea, asegura, es «controlar» en qué zona ataca más el cánido, «notificarlo lo antes posible» y estudiar el comportamiento de los animales para «anticiparse».

El sistema no solo detecta en este caso la localización de los animales y su ubicación en el mapa, sino que «va más lejos» para que el ganadero conozca «en todo momento» dónde y cómo está el ganado. De esta forma, en una explotación en la que los animales caminen unos diez kilómetros de media al día y, de repente, sin una razón clara, se muevan solo un kilómetro, la aplicación reconocería este evento y notificaría al profesional que «algo está pasando».

Igualmente, con el control las 24 horas del día, el dispositivo podría detectar si el animal se sale de la finca, huyendo quizás de un ataque, si tiene más actividad de la cuenta o menos. Unos datos que se llevan recogiendo con la ayuda de ochenta sensores durante casi dos años en las dos explotaciones familiares de Rubén, y que sirven para estudiar el comportamiento del rebaño.

El sistema no previene el ataque «del lobo como tal, aunque sus promotores están convencidos de que «se va a detectar». De todos modos, insisten en que es «determinante» llegar a tiempo cuando el ganado está siendo atacado, por ejemplo, para encontrar el animal herido o muerto, notificarlo a la administración y ser indemnizado. Algo que no siempre ocurre ahora, y que es uno de los principales problemas a la hora de afrontar los pagos.

La problemática actual ha llevado, por ejemplo, a la Diputación de Ávila a incorporar en los presupuestos de este año una línea de ayudas para llevar a cabo un proyecto piloto de estas características, basado en la tecnología GPS, para proteger al ganado del lobo, y destinado a la ganadería extensiva. Responsables de esta institución conocerán ‘in situ’ a principios de este año cómo se está llevando a cabo este tipo de iniciativas para trasladarlas a la provincia abulense.

Junto al proyecto de Cabañas y Mediana de Voltoya, Digitanimal tiene otro en marcha en la localidad abulense de Riofrío, a unos doce kilómetros de la capital. Ángeles Barroso es la administradora de la explotación. Esta familia es muy consciente de la problemática del lobo, no en vano los ataques en la zona se han incrementado desde el año 2012. La finca cuenta con unas 550 cabezas de ganado bovino de raza avileña, y doce mastines como elemento de prevención.

Aun así este año han sufrido quince ataques, la mitad que en 2016 con el balance de 15 terneros muertos. Reconocen que la administración «paga ahora mejor» los daños, aunque creen que «no vale solo lamentarse», sino que hay que instrumentar medidas para hacer frente a una problemática que no cesa.

Las medidas preventivas «no han dado sus frutos» por el momento, aunque tienen la «esperanza» de que la recogida de datos con los collares GPSen el último año les «ayude» a detectar próximamente que se está produciendo un ataque. «Creemos que el sistema puede servir, por el momento hay que interpretar los datos acumulados». Valora, en este caso, especialmente el hecho de que la tecnología pueda «evitar» que haya animales desaparecidos, al poder actuar ante cualquier actividad anómala en el ganado. En su explotación hay diez sensores instalados.

La realidad es que el número de ataques se ha incrementado ligeramente en Castilla y León, según los últimos datos de la Consejería de Medio Ambiente, hasta los 1.563 a 31 de octubre de 2017, por encima de los 1.554 de ese mismo periodo del año anterior. Destaca especialmente la situación en la provincia de Ávila, con 737 ataques hasta esa fecha con el resultado de 764 cabezas muertas, casi un 20% más que en 2016, cuando se registraron 616. Le sigue Segovia, con 306 ataques hasta el 31 de octubre, siendo las dos únicas provincias donde los índices han subido considerablemente.

El lobo y otras especies siguen generando muchos problemas y daños en la región, como constatan desde la Alianza UPA-COAG para quien la expansión «descontrolada» de diferentes especies salvajes está «poniendo en riesgo» el mantenimiento de las actividades agrícolas y ganaderas en distintas zonas de la Comunidad. Por otra parte, según ASAJA, a día de hoy hay todavía expedientes de ataques de lobo de 2015 sin abonar a los ganaderos a pesar del compromiso de la Consejería. Las Opas reconocen la sensibilidad de Medio Ambiente, pero piden actuaciones a favor del sector.

El ganadero de extensivo, al igual que el resto de sectores, necesita «tranquilidad» y por eso aboga por un manejo «integral» de la explotación. En este sentido, el sistema de localización y monitorización animal GPS no solo trabaja en la presencia del lobo, sino que facilita una gestión «eficaz» reduciendo bajas.

Así lo explica Rubén Blanco, quien detectó la «necesidad» de controlar al ganado por una experiencia propia. Hace cuatro años en su explotación de Cabañas murieron diez terneros en un solo verano, por enfermedad. En ese momento, se dio cuenta de que una aplicación como la que han desarrollado supone un «importante» ahorro en costes operativos, reducción de animales perdidos y, también, mejora en la tasa de celos y partos.

Y es que este sistema tecnológico ofrece información al ganadero sobre el estado de los animales, su localización, para evitar tener que buscar un animal durante días, detecta los partos como un servicio complementario, y, en breve, el celo, una aplicación en la que se está trabajando, además de vigilar la temperatura de los animales y avisar de posibles robos. «Se trata en definitiva de incrementar la productividad, reduciendo el número de bajas por enfermedad, accidente, partos, o por ataques desde la aplicación».

Por supuesto, apostar por esta tecnología supone una inversión por la que el ganadero puede o no optar. De hecho, no siempre podrá hacerlo, en especial en zonas más castigadas donde las pérdidas son más ostensibles. El dispositivo cuesta 149 euros, a los que hay que añadir una cuota anual de 36 euros, dependiendo del número de sensores. La batería tiene una vida estimada de un año, y se reemplaza de una forma sencilla. «Es difícil que el ganadero confíe y apueste por esta tecnología, aunque cuando lo hace suele estar encantado. ¿Cuánto vale la tranquilidad?», se pregunta Rubén.

La versión actual de este equipo está en el mercado desde marzo de 2017. Un modelo de cajeado específico capaz de aguantar los golpes y a prueba de los vaivenes de estos animales. Además de en Ávila, con la experiencia en torno a la presencia del lobo, hay sensores también instalados en prácticamente todas las provincias de la comunidad, salvo en Zamora, en diferentes ganaderías.

Ganaderos en todos los casos que quieren tener localizados a sus animales, y sobretodo detectar si algo va mal. Si ocurre algo raro, la aplicación permite acudir a la ubicación exacta donde se encuentra el ganado sin perder tiempo, y actuar si fuera necesario. Esta tecnología se ha llevado también a países como Portugal, Italia, Costa Rica, Colombia, Australia, Sudáfrica o Nueva Zelanda.

 

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