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El coche que aceleró la ciudad

El Renault 4 CV motorizó España y fue la primera piedra del despegue económico de Castilla y León / Un vehículo pensado para las estrecheces de la época que nació en la clandestinidad en Francia y llegó gracias a Manuel Jiménez-Alfaro

E.L.V. / VALLADOLID
15/05/2018

 
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«Modesto pero que podía con todo. Afrontaba las cuestas sin arredrarse y la primera marcha sobraba». Así describió Miguel Delibes el Renault 4 CV, un automóvil que se convirtió en «la primera piedra del despegue económico» de Valladolid y, en cierto modo, de Castilla y León. El escritor tuvo el placer de probarlo junto a su familia en un viaje a Suances y quedó encantado. No fue el único.
Llegó en una época de penuria económica y se convirtió en la palanca de la Comunidad para dejar atrás el arado y apostar por la automoción. Nació sin referente alguno en España y dejó una biografía peculiar en Francia. Se ideó en plena Segunda Guerra Mundial, con gran parte del territorio bajo la ocupación alemana. Las factorías del rombo se transformaron en talleres que se dedican a la reparación del material móvil del ejército alemán, y de forma casual, a la fabricación de camiones.

Sin embargo, en la clandestinidad, el saber hacer en torno a las cuatro ruedas siguió floreciendo. Los ingenieros Fernand Picard y Charles-Edmont Serre desafiaron las órdenes y a escondidas empezaron a diseñar un vehículo popular, pensado para las estrecheces en las que vivía la población. El proyecto lo denominaron 106. Y así, entre rato y rato, se llegó a la firma del armisticio, en mayo de 1945, con un coche desarrollado después de tres prototipos y más de 20.000 kilómetros de ensayos.

El propietario de la empresa, Louis Renault, fue encarcelado por colaborar con el invasor. Entre rejas se sumió en una pena tremenda de la que nunca salió. Murió en octubre de 1944. Su sucesor en el cargo fue Pierre Lefaucheux logró sacar adelante el proyecto de los ingenieros clandestinos, comprometiéndose a la fabricación de 170.000 unidades en tres años del conocido más tarde por todos como 4/4 por sus cuatro puertas, cuatro cilindros y cuatro caballos. A pesar de las dificultades, vio la luz en 1946 en su puesta de largo en los salones Pierre-Charron y el Salón del Automóvil de París.

Un auténtico espectáculo que motorizó el país vecino y saltó las fronteras de la mano de Manuel Jiménez-Alfaro. Su empeño por fabricar este modelo fue tal que tuvo que llegar hasta el mismísimo Francisco Franco para lograr abrir las instalaciones en las que su sueño se podía hacer realidad. Su carisma empresarial le llevaron a lograr el permiso para constituir FASA en Valladolid. Allí, tras contactar con el patrón de la factoría del rombo en Francia, logró firmar un contrato para fabricar este modelo en España.

El documento se rubricó en París el 12 de febrero de 1951, sin embargo, el Boletín Oficial del Estado no publicó el pistoletazo de salida para la fábrica a orillas del Pisuerga hasta el 19 de octubre. La ciudad recibió a la industria automovilística con fuertes contrastes. Había bastantes diferencias entre la burguesía y la clase obrera. Eran tiempos del Servicio Militar y del Servicio Social, de cartillas de racionamiento y serenos. Los ciudadanos se ganaban el jornal como podían. Las calles se llenaban de lecheros, piñeros, afiladores, vendedores ambulantes... Con ese vaivén de multitudes y sonidos apareció una nueva empresa que cambió la vida a Valladolid.

Los que vivieron ese hito lo recuerdan como «el triunfo de la constancia». Uno de ellos fue el ingeniero técnico industrial Carlos Devesa. Entró en FASA Renault con 24 años y el número 61. Recién terminada la carrera se plantó en la factoría, empezó controlando piezas nacionales y se convirtió en el primer director de Montaje. Rememora que cuando comenzaron a fabricar el 4/4 las instalaciones no estaban terminadas por lo que no había calefacción. Para soportar el frío invierno de la ciudad los trabajadores echaban combustible en el suelo y lo quemaban. Esas hogueras se convirtieron en las estufas más calientes del mundo. «Tampoco había una cadena de montaje, los coches iban sobre carros y nosotros teníamos que empujarlos», explica antes de comentar que «poco a poco» las mejoras fueron llegando, eso sí, siempre guiados por los franceses, puntualiza. Fueron «momentos muy felices» a pesar de las dificultades. «La primera generación de Montaje fue una piña. Nos reuníamos todos los años con nuestras familias y lo pasábamos muy bien. Era una convivencia extraordinaria», cuenta Devesa.

Cuando se inauguró Montaje 2 también se convirtió en el responsable del departamento, si bien el día a día no fue tan agradable. El problema, según su parecer, fue que la gente era muy joven y con una situación política y social «diferente». «No se exigía nada más que el Servicio Militar y la mayoría de edad. Se necesitaba personal de manera urgente y el gran fracaso fue contratar gente sin dosificar», sentencia.

Y el 4/4 empezó a rodar. Un utilitario que se convirtió en el promotor de la expansión del automóvil en España. Carmen Rodríguez Jiménez-Alfaro, sobrina-nieta del fundador de la factoría, relata que se impuso a una época a pesar de las reticencias que en principio suscitó el motor trasero. Sin embargo, llegó lejos. «Duro, austero y sorprendentemente bueno en las cuestas tenía un motor con sólo tres marchas que arrancaba sin problema pese a los rigores de la climatología española», matiza para, más tarde, añadir que su suspensión independiente facilitaba la difícil conducción por la entonces incipiente red de carreteras españolas. Su uso traspasó el ámbito del servicio particular y fue utilizado para sacarse el carné de conducir, taxis, talleres e, incluso, tuvo «notables» participaciones en pruebas deportivas y ralis.

Expone que las primeras unidades de este vehículo llegaban de Francia en cajas para ser montadas en Valladolid mientras se terminaban las obras de las naves ubicadas en el Paseo Arco de Ladrillo, en las que se instaló la nueva industria. El día grande del 4 CV fue el 18 de abril de 1953. Los medios de la época recogieron el momento. Las crónicas comentaban su itinerario, en el que se realizó una parada ante el Palacio Municipal para que el alcalde de la época pudiera examinarlo. Dos meses más tarde creó sensación en Valladolid. Nadie se lo podía creer pero era una realidad. El artífice de ese utilitario lo probó y dijo lo siguiente: «Corre bien, suena bien y no es incómodo».
Con su rugido arrancó el desarrollo «grande» de la ciudad del Pisuerga. En agosto la producción en cadena en FASA parió los primeros once coches montados en la factoría de Jiménez-Alfaro. Todavía sin matricular tomaron las calles del centro de la ciudad hacia el Ayuntamiento para su presentación oficial ante las autoridades locales. El modelo que pudieron contemplar los asistentes se distingue por sus seis rayas brillantes en su parte delantera y por detalles como una chapa ovalada con el nombre de FASA y el escudo de Valladolid en el centro del volante.

El 1 de octubre de 1953 ya era una realidad y las cadenas de montaje no paraban ni un minuto. Al final del año se habían entregado las primeras 500 unidades. Su producción continuó hasta enero de 1959, momento en el que Renault decidió sustituirlo por el Dauphine, bautizado en España con el apelativo de ‘El coche de las viudas’ debido a que era difícil de controlar en las curvas cerradas. Del 4/4 se fabricaron 26.289 ejemplares.

Un «tesoro sobre ruedas» que la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León declaró Bien de Interés Cultural. Hasta el momento, es el único utilitario que cuenta con esta distinción en España y el primero de todos se puede contemplar en el Museo de la Ciencia de Valladolid, donde está expuesto desde mayo de 2007. Su matricula es M-106.801 y es propiedad de la familia Jiménez-Alfaro.

El camino no fue fácil pero el esfuerzo mereció la pena. Sólo Manuel confió en comenzar el montaje en medio de ladrillos y cemento. Con inclemencias y sin más voto de confianza que su tesón. Un adelantado a su tiempo que vio en Valladolid el lugar idóneo para arrancar la industria automovilística en España. Un emprendedor con el que la ciudad tuvo un guiño dedicándole una calle en el barrio de Parquesol. Un gesto para el que puso el mono gris a la capital del Pisuerga. Un maestro que este año soplaría 65 velas por los 65 años que cumple el primer Renault fabricado en España. Una jubilación más que merecida.

 

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