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GRANALU

Los semirremolques de aluminio que tomaron la delantera

Empezaron en los ochenta carrozando vehículos bajo el nombre Carrocerías y Basculantes La Segoviana. Diez años después abandonaron el acero y pasaron a realizar vehículos integrales en aluminio. Hoy, Granalu, con sede en Sanchonuño, construye cada día 4 semirremolques que vende en todo el mundo

TERESA SANZ TEJERO / SEGOVIA
20/08/2018

 

Granalu significa «graneles en aluminio». El acrónimo no procede como algunos piensan de ‘gran aluminio’ sino de los graneles de material que hacen falta para construir unos semirremolques con fama de bien hechos y marca comercial localizada en el corazón de la Comarca del Carracillo.

Así lo explica Alberto Guijarro Román, el diplomado en Ciencias Empresariales que dirige esta factoría que da empleo a 130 trabajadores, número creciente en los últimos cuatro años en los que no ha cesado la contratación. Representa la segunda generación de una empresa líder en el sector español de este tipo de vehículos llamados semirremolques.

Para los ajenos al sector del transporte, el nombre de Granalu quizás no suene, pero cuando se conoce, es fácil visibilizar su logotipo comercial en los extremos de gran parte de los camiones que los turismos llevan delante y adelantan.

Con apariencia de camión, se llaman semiremolques por el tipo de construcción que precisan: las tres ruedas traseras soportan parte de la carga, mientras la parte delantera apoya sobre la cabeza tractora del camión.

La empresa que nació en 1985 especializada en carrozar chasis que compraban a otros, fue evolucionando en los noventa hasta convertirse en el siglo XXI en el primer exportador de España en semirremolques de aluminio hechos a la medida.

Fabrican dos variantes: basculantes que descargan la mercancía levantando la caja y con piso móvil, cuyo suelo se mueve y, sin necesidad de bascular, liberan la carga solo con el movimiento del suelo.

Sus ‘cajas’ en aluminio hacen brillar los colores a demanda del cliente, construidos en todos los tamaños; desde 24 metros cúbicos del más pequeño -el típico vehículo de obra pública- hasta el máximo permitido por la legislación de Transportes, que llega a almacenar en su transporte 93 metros cúbicos.

Setecientas unidades al año salen de sus instalaciones: diez naves que suman 33.000 metros cuadrados, a pie de la autovía de Pinares, frente a otra de las grandes empresas de Sanchonuño: Tama.

Cuenta Alberto Gujarro, gerente e hijo del fundador, Luis Guijarro, las vicisitudes de una empresa que logró levantar su progenitor de la nada, en 1985, para posteriormente, adaptarse y sobrevivir -«con la soga al cuello», puntualiza- los años de la crisis, del 2009 al 2011 y cómo salieron adelante con la exportación en los duros momentos en que la crisis abatió el mercado nacional. «No había demanda en España así que apostamos por la exportación sobre todo a mercados cercanos: Portugal y Francia», recuerda.

Tan importante como lo fue para Granalu dejar el acero y las carrocerías de chasis adquiridos a empresas externas, fue capear la crisis invirtiendo las cuotas de mercado. «Habíamos ido creciendo desde que Granalu se fue haciendo con un nombre propio de firma con capacidad de construir vehículos integrales en aluminio. Hasta el 97 era todo acero. Mi padre era carrocero. En 1998 se produjo el cambio del acero al aluminio».

Poco antes de que la crisis arrasara, en 2005 pasaron de construir 450 cajas a 250 vehículos integrales. En 2007 hacían 500. Ahora están en 700 y con el objetivo puesto en llegar al millar de unidades dentro de un año. «En plena crisis se hablaba de cómo habían caído las ventas de automóviles, pero en este sector tan específico, las ventas descendieron hasta un 93%», explica Guijarro Román. «Se pasó de matricular 2.200 unidades de semirremolques de aluminio a matricular apenas 180».

Para sobrevivir optaron por la exportación. Si hasta el año 2007, la empresa de Sanchonuño apenas superaba una cuota de exportación del 5%, a partir del 2009 llegaron a tener una cuota del 70%. Superada la crisis, desde 2013, a medida que se recuperaba y crecía la demanda nacional, ellos bajaban intencionadamente la cuota de exportación. Con ese empuje han logrado devolver los datos crecientes de empleo y facturación y sus esfuerzos van encaminados a una producción aún más competitiva.

La última ampliación está en curso. Un millón y medio de euros de ampliación en espacio y maquinaria permitirán llegar a la cifra del millar de semirremolques en 2019.

De los 45 empleos que dejó la crisis en Granalu, actualmente el número de trabajadores ha crecido hasta los 130 y en los dos próximos años «no se dejará de contratar porque Granalu sigue creciendo», explica su gerente.

Él llegó bregado a la empresa familiar. Había llevado la dirección de otras tres empresas y siempre había echado una mano en los negocios familiares. Además durante una legislatura se había ocupado de la concejalía de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Cuéllar, donde vive. Por eso dicen de él que se mueve como pez en el agua con los números. «Teníamos que ampliar al capacidad productiva, para bajar los costes estructurales y ser más competitivos; de ahí que el punto de inflexión se haya producido el pasado año al iniciar la ampliación», explica.

Duplicaron espacio para recibir y procesar diariamente los 10.000 kilos de aluminio necesarios para construir cada día una media superior a los tres y medio semirremolques.

Granalu distribuye su producto a través de colaboradores y redes propias desde España, Portugal, Francia, Italia y Bélgica.

En estos países exportan con talleres y red propia de distribución y de forma continuada están presentes en Israel y Corea. Además su producto llega «de forma más esporádica», a Polonia, Rumania, Ecuador, Reino Unido, Rusia y Marruecos.

Alberto Guijarro, que nació en Valladolid hace 37 años y ha vivido desde muy niño en la Comarca del Carracillo, se muestra especialmente satisfecho de que su firma comercial haya puesto el nombre de Sanchonuño en el mapa de la industria internacional. «No luchamos solo en España sino en Europa. Siempre digo que España tiene un sector agroalimentario muy competitivo, pero en el sector industrial batirse el cobre con Alemania y Francia es cuando menos estimulante».

En el mercado nacional Granalu mantiene una cuota del 35%: «Es muy alta, por eso resulta más fácil mejorar la cuota internacional que se sitúa en un 10%».

El éxito de su empresa asegura que fue la especialización: «Ser capaces de hacer un producto integral que vienen a comprar y repiten desde muchos países».

LA FICHA DE LA EMPRESA

Historia. Surgió en 1985, carrozando chasis que compraban a otras empresas. En el 92 les pedían hacer naves y cobertizos para el cereal y crearon Metálicas y Construcciones Grucase, que sigue vigente con 26 trabajadores. En 1997 se especializaron en aluminio y construcción integral de vehículos: Granalu pasó a ser su denominación comercial.

Facturación y mercancía. Están presentes en 13 países; desde Portugal y España a Corea, Israel y Rusia. Facturan 26 millones de euros al año y su última ampliación, en curso, culminará a mediados de 2019 con 1,5 millones de euros de nueva inversión que permitirá construir 1.000 semirremolques al año.

Productos. Realizan dos variantes de semirremolques: basculantes y de piso móvil.

 

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