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UKO

La reina de los lazos de hojaldre

Z Raquel Cabeza puso en 1958 la base de un negocio familiar que ha ido amasando durante décadas, hasta dejar en manos de la tercera generación la elaboración de finas pastas y famosos hojaldres que endulzan desde Cervera de Pisuerga (Palencia) todos los rincones de España

ALMUDENA ÁLVAREZ / PALENCIA
18/06/2018

 

La historia de Pastas y Hojaldres UKO empezó a hornearse hace ya 61 años en la localidad palentina de Cervera de Pisuerga. Raquel Cabeza, que se confiesa una persona muy familiar y muy golosa, era entonces una joven con muchas inquietudes, alimentadas en gran parte por su madre, Socorro Gómez, una mujer «muy avanzada para la época» que la mandó a estudiar pastelería a León allá por el año 1957.

«Teníamos una cafetería en el centro de Cervera y mi madre pensó que si además de café servíamos pasteles el negocio iría mejor», relata. Así que cogió el tren de La Robla y se dispuso a aprender todos los secretos de la pastelería con la familia Polo. Pocos meses después abrieron la confitería y Raquel se estrenó en el obrador con dos tartas de boda para sus hermanos, que se casaron el 3 de mayo de 1958, el mismo día en que Raquel Cabeza inauguró oficialmente el dulce camino que iba a marcar toda su vida.

Durante años sus manos alegraron la vida y el incipiente vermú en la cafetería Florida y la confitería de la que ya salían los famosos Socorritos de fino hojaldre que han dado fama a Pastas UKO y que se quedaron con el nombre de Socorro, su madre.

Aquella cafetería fue entonces «una novedad absoluta en Cervera», recuerda Raquel, porque estaba decorada con mesas y sillas de colores que habían fabricado sus hermanos en la serrería, el otro negocio en el que se apoyaba la familia Cabeza Gómez.

Pocos años después, Raquel sintió la llamada de Dios y decidió meterse monja e ingresó en el convento de San Andrés de Arroyo. La casualidad y la vena emprendedora que siempre llevó dentro, quisieron que acabara enseñando a hacer sus dulces a las monjas, para engordar la exigua economía del convento.

«Me llevé cuchillos, moldes, bandejas… del obrador y empezamos a hacer pasteles, pastas y socorritos», recuerda Raquel, a la que la vida tenía preparado otro giro inesperado cuando su madre enfermó y ella decidió dejar el hábito para cuidar de la familia y recuperar el oficio pastelero, pero a lo grande.

Convenció a su hermano Ángel, el Angeluco que puso nombre a la marca UKO, y que llevaba entonces el negocio de las maderas, para que metiera las manos en la masa y trasladaron el pequeño obrador que había junto a la cafetería al local donde la familia había tenido toda la vida la serrería.

Corrían ya los años setenta. Del nuevo obrador salían pastas de te, lacitos y socorritos, –los de Raquel «a ojo» y los de Angel milimétricamente medidos con el metro–, y el negocio iba tan bien que la demanda de dulces superaba la oferta. Así que decidieron dar el siguiente salto y construir el actual obrador a las afueras de Cervera.
Se trata de unas modernas instalaciones de 2.500 cuadrados, entre fábrica, almacén y oficinas, que abrieron sus puertas en 1988 y que se comieron 100.000 pesetas de las de entonces. «Solo teníamos el dinero para comprar el solar, el resto se lo pedimos al banco, porque queríamos que fuera un obrador con visión de futuro», explica Raquel, quien pudo así dar respuesta a la demanda del que durante treinta años ininterrumpidos ha sido uno de sus clientes más fieles, el Corte Inglés.
Tanta visión tuvieron Ángel y Raquel, que hoy son los sobrinos y los nietos de los fundadores los que continúan con este negocio familiar que ha crecido en producción y referencias y cuenta con una media de 15 trabajadores, dependiendo de la temporada.

Las riendas están en manos de una hija de Angel, María Esther, –«que aprendió a batir un huevo en el obrador» y hoy lleva la confitería y el obrador– y de su nieto Alejandro, que con solo 25 años y mucho mundo recorrido a pesar de su juventud, se ha dispuesto a revolucionar la imagen de la marca.
Hoy siguen haciendo las mismas pastas y hojaldres, totalmente artesanales, (se cortan a mano y no hay dos iguales), y naturales «con cuatro ingredientes y todos totalmente reconocibles», afirma Raquel, que se jubiló hace dos años, pero sigue pasando por el obrador todas las semanas para ver cómo va la cosa. «Lo mejor siempre ha sido toda la gama de hojaldres», afirma, insistiendo en que sus productos son hoy los mismos de siempre, aunque ya no puedan llevar la crema elaborada con leche natural por cuestiones sanitarias.

Pero además la llegada de Maria Esther y de Alejandro ha traído nuevos aires y nuevos desarrollos. Ellos están liderando «un proceso de transición» para darle a la firma una imagen más moderna y adaptada a las nuevas formas de consumo, pero con los sabores de siempre. Los famosos socorritos, las pisuerguinas, los lazos al chocolate, las pastas finas de te, las toribiucas, los palentinos, los tortos de almendra y los sequillos, que siguen teniendo la fórmula de su madre con manteca de cerdo, pero ibérico y de Guijuelo.

Pastas y hojaldres que llegan a todos los puntos de España y unas ventas de entre 400.000 y 500.000 euros anuales mantienen encendida la ilusión de esta familia en un negocio que apuntaló Raquel Cabeza con la ayuda de sus hermanos Angel, Luis y Pepe y que hoy mantiene vivo la tercera generación.
Una empresa familiar «con alma» hasta en las cajas, que llevan el escudo de la familia, la fachada del Ayuntamiento de Cervera que construyeron los padres y los tíos de Raquel, y la marca UKO que se inventaron los dos hermanos para poner nombre al sabor que hoy identifica la parte más dulce de la Montaña Palentina.

LA FICHA DE LA EMPRESA

Historia. Pastas y Hojaldres UKO echó a andar en 1958 en una pequeña confitería en el centro de Cervera de Pisuerga (Palencia). En los años setenta el negocio se trasladó a un obrador más grande y en 1988 abrieron las actuales instalaciones a las afueras de la localidad, 2.500 metros cuadrados en los que trabajan 15 personas.

Producción. Elaboran pastas y hojaldres artesanos que cuentan con las garantías de Tierra de Sabor, Alimentos de Palencia y Artesanos de Castilla y León. Tienen tres líneas de fabricación: gourmet, desayuno y hostelería, y facturan entre 400.000 y 500.000 euros anuales.

 

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