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LAS CARAS DEL ÉXITO / Saso Sport Mantenimiento

El ‘pichichi’ del césped artificial

Z Pisó el ‘césped’ empresarial en 1999. Luis Saso ‘debutó’ en el mantenimiento del césped artificial de campos de fútbol cuando eso era «novedoso». Desde entonces, ha cuidado el firme de 3.000 terrenos de juego de media España; de casi todos los clubes de Primera División

MAR PELÁEZ / VALLADOLID
07/05/2018

 

Saltó al terreno de juego, avanzó por la banda, regateó a sus competidores, tiró a puerta y marcó. Luis Saso no emuló la trayectoria futbolística de su padre, el legendario José Luis Saso –portero, entrenador, secretario técnico y presidente–, pero su carrera profesional permanece ligada a la base del deporte rey. Este empresario vallisoletano lleva casi dos décadas mimando instalaciones deportivas y manteniendo el césped artificial de campos de fútbol de media España.

Sus manos, y sus máquinas, han cuidado el césped artificial, en alguna temporada, de «casi todos los clubes de primera división», desde las ciudades deportivas del Real Madrid, del Barça, del Atlético de Madrid, del Athletic de Bilbao, del Betis, del Sevilla, del Rayo... y así hasta contabilizar más de 3.000 campos, la inmensa mayoría pertenecientes a clubes o a ayuntamientos. «Con toda seguridad, desde 2006 a 2012, he sido la empresa española, y europea, que más mantenimientos de campos de fútbol he realizado», explica este ‘pichichi’ del manto verde.

Luis Saso pisó el ‘césped’ empresarial en 1999. Lo hizo vestido con una camiseta impresa con el logotipo Mantenimiento LSV, dispuesto a reparar las instalaciones deportivas de Valladolid, desde una valla, un banderín de córner a un banquillo. Y así continuó hasta que en 2004 alguien le habló de la posibilidad de montar un campo de fútbol de hierba artificial. «Era novedoso» y en aquel momento, según rememora, él «no tenía ni idea de cómo se hacía».

Entró en internet, buscó y se topó con la empresa Poligras. Se puso en contacto con ella y, lejos de encontrar resistencia, le nombró delegado comercial de césped artificial para Castilla y León. Continuaba con sus reparaciones y, de forma paralela, vendía campos. Primero ‘debutó’ con esta firma haciendo los campos del Betis de Valladolid, luego los del barrio de la Victoria, Ribera de Castilla... Y estando en Barcelona se dio cuenta de que esos campos, una vez instalados, «no los cuidaba nadie». Había dado así con la jugada del negocio: el mantenimiento de esos céspedes artificiales,

Se formó en Francia y, siguiendo el consejo de su padre de que «para hacer un submarino, no vale con que te cuenten cómo», se enfundó la equipación de trabajo, cargó en su furgón su propia maquinaria y se subió al tractor. «Todo lo que he aprendido sobre césped ha sido porque lo he sufrido, lo he trabajado», apunta.

Instaló la moqueta verde por todo el campo, con un dumper ideado por él mismo, tiró sobre ella 20 kilos de arena de sílice por metro cuadrado para darle peso y que «no se vuele», y, «lo más importante», unos 14 kilos de lastre, ya sea de caucho, de corcho, de corteza de coco... que le proporciona todas las propiedades al campo. Es lo que marca cómo botará, cómo rodará, cómo se detendrá el balón, cuál será la elasticidad del terreno de juego, y lo que permitirá que la fibra esté horizontal. Y todo ello lo extendió de forma uniforme a la espera de que el Instituto de Biomecánica de Valencia sometiera al campo a varias pruebas para certificar todos los parámetros de juego FIFA.

Dos años después, con su empresa Saso Sport Mantenimiento, ya estaba haciendo 342 mantenimientos de campos de fútbol artificial en España. Su estrategia de juego consiste en limpiar la superficie del campo, verificar las juntas, descompactar el césped para volver a ganar el volumen perdido por el uso. Para ello, extrae el lastre, receba con caucho las áreas sensibles, especialmente el área y el penalti, y aporta y extiende el lastre para recuperar las proporciones adecuadas y condiciones de juego óptimas.

Con un adecuado mantenimiento dos veces al año, el césped artificial de un campo artificial puede vivir entre diez y doce años. «Todo depende, además de ese mantenimiento, del uso que se le dé, del número de usuarios y del clima», comenta Saso, quien se ha encontrado campos malogrados porque algún ayuntamiento después de haber invertido 200.000 euros en instalar el césped artificial no ha costeado los 2.400 euros anuales que supone su mantenimiento.

No ve cercano aún el día en que las grandes catedrales del fútbol cambien el césped natural por el manto artificial, pero el día quizás llegue. Para los futbolistas de élite es un tabú, tal y como reconoce Saso, si bien comenta que ahora «todos los chavales se están criando futbolísticamente hablando sobre césped artificial», de ahí que en un futuro no les resulte tan extraño esa posibilidad. La moqueta, además, no sólo es un fijo en las escuelas de fútbol y en las categorías inferiores de los grandes equipos, también lo es en los campos de Segunda B. «Sólo los grandes clubes se podrán permitir mantener sus grandes campos de césped artificial, que son realmente una maravilla, cierto, pero muy caros de sostener», sostiene Saso, quien enumera las ventajas del artificial.

La principal es que el balón no para de rodar sobre él los 365 días del año, llueva, nieve o hiele. No es necesario cortalo, resembrarlo, echar fertilizantes, controlar la cantidad de riego... Siempre está verde y regular, lo que, a juicio de Saso, «contribuye a mejorar el aprendizaje». «Es más costoso sólo en el momento de la instalación, pero el bajo coste de manteniendo hace que la inversión se amortice rápidamente», expone.

Saso está ahora en plena temporada. Su trabajo es «muy estacional». En primavera y verano son las épocas de trabajo fuerte, porque las competiciones paran, llega el buen tiempo» y se deshace de su máximo contrincante: la lluvia. Trabaja de siete de la mañana a siete de la tarde, doce o quince días continuados, para dar lustre a los 200 campos que actualmente mantiene por toda la geografía española. Andalucía es su zona más fuerte, con más de 60 campos, pero también Madrid y Baleares, y está tratando de «recuperar Cataluña».

¿Y Castilla y León? «Muy pocos», responde. En Valladolid cuida doce campos, ninguno ligado al Real Valladolid. «En esta Comunidad, y en esta ciudad, no se casan con nadie, lo que me parece correcto, pero en otras autonomías no es infrecuente encontrarse con que en los concursos se favorece a empresas de la tierra», lamenta Saso justo en el único instante, desde principios de marzo, que ha vuelto a su casa en Valladolid, por aquello de aprovechar el tiempo y «optimizar rutas».

Logró, gracias a la «capacidad de esfuerzo y pelea» heredada de su padre y a la ayuda de su mujer, Lourdes, y sus hijos Borja e Irene, parar el penalti en contra que ‘pitó’ la crisis económica. «Mis principales clientes son los ayuntamientos y, como es lógico, en esos momentos tenían otras prioridades». Tampoco le ayudó la ley que impedía a los consistorios gastarse el superávit, pero, al final, logró despejar esa situación desfavorable y recomponer la estrategia de juego.

Para salir al contraataque, montó a comienzos de año, con su hijo, la empresa Césped Solución, dedicado al césped decorativo, y se plantea incluso ser él mismo quien acuda a la licitación de un campo de fútbol, según explica poco antes de que comience su «tiempo de ocio» y acuda a entrenar a los chavales que se forman en la escuela gratuita que ha creado en el vallisoletano barrio de San Pedro Regalado. «Es mi forma de devolver al fútbol, todo lo que ése nos ha dado a mi familia».

LA FICHA DE EMPRESA

Historia. Luis Saso creó su primera empresa en 1999 dedicada a la reparación de instalaciones deportivas. En 2004 montó una segunda, enfocada al mantenimiento del césped artificial en campos de fútbol. El ciclo lo ha completado este año con la creación de una tercera empresa, enmarcada en el céped decorativo.

Producto. El área de actuación de Saso Sport Mantenimiento comprende toda España, si bien sus mayores clientes están en Andalucía, Madrid y Baleares.

 

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