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LA FLOR BURGALESA

Pasión por innovar sin olvidar las raíces

El pequeño despacho de pan y galletas de Afrodisio Pérez se ha convertido 70 años después en una empresa pionera en el sector cuyos productos llegan a todo el mundo. Sus instalaciones recién ampliadas tienen capacidad para fabricar más de 10 millones de kilos.

BURGOS
15/01/2018

 

Paso a paso, priorizando la calidad y siempre con amor por el trabajo bien hecho. Con esta filosofía, la empresa fabricante de galletas y barquillos La Flor Burgalesa recibe el año 2018 con una celebración muy especial en la agenda, la de su 70 aniversario. Fue en 1948 cuando Afrodisio Pérez inscribía en el Registro Mercantil lo que entonces era una pequeña panadería en la que se elaboraban algunas galletas, tostadas o maría. Fue en aquel año cuando el emprendedor burgalés lograba hacerse con un cupo que le permitía adquirir más harina y decidió trasladarse a una tienda, donde también se ubicaba un pequeño horno, aunque algo más grande. Paso a paso.

«Eran tiempos duros», relata siete décadas después la actual presidenta e hija del fundador, Milagros Pérez. Por entonces, las galletas se trasladaban en un carro tirado por un burro, a lo que le siguió el motocarro y, más adelante, las cuatro ruedas. Las galletas de Florbú, que es como se conoce hoy en día a la empresa, cruzan ahora océanos en barco y han conocido todo tipo de transporte.

En 1955, tras siete años de crecimiento paulatino de la pequeña fábrica, Afrodisio Pérez decide realizar otro traslado a un local más grande, en el que se incorporaron nuevas máquinas y donde se empezaron a producir los primeros barquillos. Un producto del que en la actualidad fabrican casi cinco millones y medio de kilogramos. A esta segunda ubicación se le unió la fabricación durante un tiempo de caramelos, bolas de anís y almendras garrapiñadas.

Y la vida siguió. Y el trabajo duro. Y a La Flor Burgalesa también le toco sufrir la crisis del 73. Fue en 1982 cuando a Afrodisio Pérez y a su mujer, Consolación González, tras una vida dedicada al trabajo y tras haber depositado una inmensa pasión en la empresa y en su producto, les llega el momento de jubilarse. Progresivamente, los hijos de los dueños se involucraban en la galletera, consolidando así una empresa familiar. En 1998 decidían dar uno de los pasos más significativos de la misma, con la instalación de la planta en el polígono industrial de Villalonquéjar, en una parcela de 8.000 metros cuadrados, con 3.000 construidos. Recientemente, la firma adquiría otra nave de almacenamiento contigua a la que ya tiene, denominada Florbú 2, que se ubica en un terreno de 5.000 metros cuadrados donde hay 2.500 construidos.

Es precisamente a raíz de su traslado a este polígono cuando la empresa empieza a producir una gama de galletas que aún no se encontraba explotada en el mercado: la línea saludable. De esta forma, la firma comienza a especializarse en productos integrales y amplía su catálogo en este ámbito. Poco a poco. Hace algo más de una década, Florbú da un paso más dentro de esta filosofía y crea una variedad de productos sin azúcar añadido en el que constantemente se van incorporando referencias innovadoras. De hecho, en 2016 la compañía apostó por la creación de la gama Florbú Te Cuida, que cuenta con su propio logo e identidad y bajo el que se agrupan los productos 0% azúcar añadido. «Hoy en día, desarrollamos productos tanto tradicionales con azúcar, como integrales y sin azúcar, siempre atentos a las demandas del consumidor, con la adaptación, la innovación y la flexibilidad como pilares básicos», aseguran desde la compañía.

Es en este contexto de creación de nuevos productos y ampliación de mercado en el que la empresa ha dado un importante paso durante este año con la adquisición de una nueva línea de horno para la producción de galleta rotativa, que le permitirá aumentar su producción hasta un 30 %. Esta nueva línea posibilita la producción de un tipo de producto que hasta entonces no podía fabricar la empresa: la galleta rellena. La compañía comienza así a explorar un nuevo negocio y afianza su apuesta por el futuro. La primera galleta rellena de chocolate, Little Chock, se lanzaba durante el año pasado al mercado.

A esta máquina se une también la compra de un final de línea que permitirá realizar una variedad de envasado para el que la empresa tampoco estaba capacitada hasta ahora, como el de cartón. «Florbú cuenta actualmente en su planta con dos líneas de barquillo y con otras dos de galleta rotativa que, a pleno rendimiento, serían capaces de producir más de 10 millones de kilogramos al año», explican.

Y en paralelo al crecimiento de su catálogo aumentan sus ventas en el exterior. El primer mercado que exploró la compañía fue Portugal, allá por 1998, debido a su cercanía y similitud de gustos, un hecho que la familia recuerda con gran cariño y que supuso entonces uno de los grandes hito para el equipo. A este destino se le han ido sumando otros a lo largo de los años, como Francia o Italia. Primero los de cerca y, después, algunos más lejanos, como Chile, Argelia, Marruecos e, incluso, China, llegando a dedicar casi el 12% de su producción a la exportación. De cara al futuro, la empresa se fija como uno de sus retos seguir ampliando el portfolio de países a los que suministra productos. Para ello, la asistencia a ferias del sector es clave. Pérez recuerda en este sentido que la primera feria internacional a la que la galletera acudió fue la ISM, en Colonia (Alemania), la más grande del mercado del dulce, un evento al que siguen asistiendo y en el que se logran contactos importantes. El próximo año, Florbú asistirá por primera vez a la feria PLMA, en Amsterdam, dedicada a la marca blanca, un sector en el que, también progresivamente, la empresa ha ido creciendo. A día de hoy supone algo más de 25 % de su producción y también es una de las líneas importantes de trabajo para la galletera. Así, diversificación, adaptación e innovación marcan la filosofía de una empresa que, si algo sigue manteniéndose fiel a sus orígenes: la pasión por el trabajo bien hecho y la calidad en cada producto.

 

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